Deja las letras y deja la ciudad
Vamos
a buscar, amigo, a la virgen del aire…
Yo
sé que nos espera tras de aquellas colinas
en
la azucena del azul…
Yo
quiero ser, amigo,
uno,
el más mínimo, de sus sentimientos de cristal…
o
mejor, uno, el más ligero, de sus latidos de perfume…
No
estás tú también
un
poco sucio de letras y un poco sucio de ciudad?
Sigue,
sigue, por entre la bencina, sobre la lisa pesadilla
de
las calles extremas, hacia la gracia de las huellas…
Ay,
la ternura de Octubre, a las nueve,
ya
hace, por aquí, flotar a la pesadilla
en
celeste de agua…
Pero
derivemos rápido, del lado de los caminos del rocío,
invisible,
casi, lo adivino, en el seno mismo de la luz…
Sentémonos,
mi amigo, entre estas niñas rubias
que
suben y bajan, altas, por unas orillas de jardín,
apoyadas,
contra los cercos, sobre un rumor de enredaderas…
El
sol ha bebido sus propias perlas
y
hay apenas de ellas una memoria por secarse…
No
temas, no temas, y mira, mira hasta las islas…
Viste
alguna vez la melodía de los brillos?
La
viste ondular, todavía de gasa,
desde
tus pies al cielo, sobre el río?
Oh,
la misma ciudad, a lo lejos, es una música blanca
con
unos silencios amatistas…
Y
ahora, ahora, torna la vista alrededor…
Saluda
como un aura a estas humildes gracias de miel,
capaces,
sin embargo, de atraer hacia sí
a
las abejas todas del día
y
de volver de margaritas a la melancolía más flotante…
No
las sientes curvarse bajo un amor transparente
en
un hálito de alas?
O
es sólo la cortesía más misteriosa
entre
esa que inclina, alternadamente, a los otros finos tallos,
ante
algo que al parecer es la respiración de un dios?
Saluda,
también, a sus vecinas menos subidas y más pálidas:
qué
delicadísimo sueño de amapolillas más pálidas,
sobre
un rastreo de tases, serpentino?
Y
a las apenas malvas, medio escondidas entre las espiguitas:
pétalos
de alba, a su pesar, con sus secretos amarillos…
Y
a las apenas níveas, por bordadas, del país de Liliput,
pero
que visten, igual que a una novia, a toda la gramilla…
Y
ah, a las más sin nombre que se van
con
los alambres libres
en
una fuga preciosa de piedritas…
Y
al trébol de allí, loco de verde, y miniado de sol,
increíblemente
miniado de sol en primores casi íntimos
pero
que extenúan a la brisa…
Y
a las verbenillas, por cierto, de aquí:
oh,
la más dulce sangre labrada por los misterios
para
los misterios de las hierbas.. .
Y
a estos emblemas de llama, perdidos de los trigos
mas
que blasonan, del mismo modo, todo el aire…
Y
a esos recuerdos de la luna,
aparecidos
de seda, ay, en una vigilia de espejo
que
se busca, a su vez, en su infinito todavía…
Pero
no olvidemos, mi amigo,
a
las esbeltas criaturas que arden el azul, allá,
delante
no se sabe qué sacramento etéreo:
no
olvidemos, mi amigo, a las criaturas de los cardos…
Ni
olvidemos a aquéllas que ya parecen abisales
con
su «pasión» de cielo sobre el susurro trepador:
rêveries
de qué abismo hacia otro abismo las de mburucuyá?
Y
no habremos comprendido, es cierto, a todas. ..
Cómo
abrazar, mi amigo, a estas miríadas del beso
que
van estrellando, se diría, todos los minutos
con
todos los pétalos y todos los fuegos del suspiro?
Y
si nos corriéramos hasta el arroyito del otro lado de la loma?
Allí,
lo veo, las redes hondas sin bautizo
con
su penumbra colgada y su casi vía láctea de jazmines
sobre
una huida de vidrios, poco menos que nocturna,
con
las navecillas de cita. ..
Y
los laberintos de los taludes, aún con su sin fin
de
pequeñísimas miradas en los iris más inéditos,
dando
no sé qué números de no sé qué otra noche
o
qué mareo de gemas entre unos miedos de crepúsculo…
Mas
no oyes al silencio, ahora, mi amigo?
Qué
ave de diamante, di, sobre la línea del sueño,
se
deshace dulcemente?
O
qué llamado para el sacrificio, di
de
campanillas de humo?
Oh,
todo dorado de misivas sobre las alas del azar
es
el mismo amor que no teme perderse
como
la propia gracia ya, libre, sobre su propio cielo de
corolas…
Y
no oyes en este momento, di, al silencio o al amor más allá
de
las lianas que tejiera para vencer su abismo,
asumiendo
justamente la muerte con los modos de un espíritu?
Sí,
en los amantes invisibles está asimismo la otra flor
o
el otro lado de esa flor,
llama,
serena llama, que viviría de su sombra…
Dónde,
entonces, aquí, nuestras debilidades hechas dioses?
Aquí,
lo que llamamos «horror», o lo que llamamos
«amenaza»,
sonriendo
desde la semilla, se diría,
o
equilibrando a las mariposas, si quieres,
con
un frío que nos duele, es cierto, en lo uno de la sangre…
Pero
aquí también enfrentando a lo innombrable,
algo
como los honores de un ángel…
Mas
es en nosotros, mi amigo, que la agonía es dividida,
terriblemente
dividida, y expedida a la ventura…
Y
aquella música blanca con unos silencios de jacarandaes?
Allí
y aquí, a la vez, la condena «de la rueda»,
desde
las madres del río y desde las madres de las zanjas…
Y
aquí, ay, asimismo, lo que vinimos a buscar..
Si
el lirio da a los precipicios, qué le vamos a hacer?
Hay
que perder a veces «la ciudad» y hay que perder a veces
«las
letras»
para
reencontrarlas sobre el vértigo, más puras
en
las relaciones de los orígenes…
O
más ligeras, si prefieres, como en ese domingo
y
en esa fantasía que serán…
Hay
que perder los vestidos y hay que perder la misma identidad
para
que el poema, deseablemente anónimo,
siga
a la florecilla que no firma, no, su perfección
en
la armonía que la excede…
O
para ser el arpa de Lungmen
eligiendo
ella sola los temas de su música,
lejos
de los tañedores que se cantan a sí mismos
o
que no oyen con los suyos a los recuerdos de las ramas
ni
lo que dice el viento…
ni
menos ven lo que el viento, por ahí, pone de pie. ..
Y
aquí, además, las rimas entre los escalofríos de las briznas,
con
los hilos temblando, siempre más allá de nuestra luz..
Y
el rostro de Ella no escrito,
oh,
recién nacido, con unos signos por hallar
y
que serán, oh amigo, los que han de llevarte hasta su esencia
como
las mismas, las mismas letras de tu alma…
Pero
la viste a Ella,
amaneciendo
aquí, Ella, de la espuma de las matas,
Venus
de las colinas. Ella, sobre un flujo de jardín,
virgen
profunda ésta toda aún de cabellos?
************
Fui al río
Fui
al río, y lo sentía
cerca
de mí, enfrente de mí.
Las
ramas tenían voces
que
no llegaban hasta mí.
La
corriente decía
cosas
que no entendía.
Me
angustiaba casi.
Quería
comprenderlo,
sentir
qué decía el cielo vago y pálido en él
con
sus primeras sílabas alargadas,
pero
no podía.
************
Regresaba
-¿Era
yo el que regresaba?-
en
la angustia vaga
de
sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
De
pronto sentí el río en mí,
corría
en mí
con
sus orillas trémulas de señas,
con
sus hondos reflejos apenas estrellados.
Corría
el río en mí con sus ramajes.
Era
yo un río en el anochecer,
y
suspiraban en mí los árboles,
y
el sendero y las hierbas se apagaban en mí.
Me
atravesaba un río, me atravesaba un río!
************
Para que los hombres
Para
que los hombres no tengan vergüenza
de
la belleza de las flores,
para
que las cosas sean ellas mismas: formas sensibles
o
profundas de la unidad o espejos de nuestro esfuerzo
por
penetrar el mundo,
con
el semblante emocionado y pasajero de nuestros sueños,
o
la armonía de nuestra paz en la soledad de nuestro pensamiento,
para
que podamos mirar y tocar sin pudor
las
flores, sí, todas las flores
y
seamos iguales a nosotros mismos en la hermandad delicada,
para
que las cosas no sean mercancías,
y
se abra como una flor toda la nobleza del hombre:
iremos
todos hasta nuestro extremo límite,
nos
perderemos en la hora del don con la sonrisa
anónima
y segura de una simiente en la noche de la tierra.
************
Todos aquí
Todos
aquí para mirar arder y consumirse ese fuego.
Fuego
sólo?
No
es un corazón apasionado que se ilumina en los cielos?
La
pasión de la luz antigua abriéndose en flores encendidas
para
mirarse en el espejo humano.
El
corazón dice: criaturas terrestres, la vida es gloriosa,
alzaos
hasta el fuego armonioso como hasta la sangre
del
éxtasis para que todos seáis como simientes ardiendo
para
las cosechas sucesivas de la luz común que encenderá hasta la sombra
y
la estrellará como un jardín.
************
Tarde
El
mundo es un pensamiento
realizado
de la luz.
Un
pensamiento dichoso.
De
la beatitud, el mundo
ha
brotado. Ha salido
del
éxtasis, de la dicha,
llenos
de sí, esta tarde,
infinita,
infinita,
con
árboles y con pájaros
de
infancia ¿de qué infancia?
¿de
qué sueño de infancia?
************
Es
tan clara tu luz como una inocencia
toda
temblorosa y azul.
Tu
cielo está limpio de humo de chimeneas
curvado
en una alta
paz
de agua suspensa.
Y
tus ciudades blancas, modestas, casi tímidas,
ríen
su aseo rutilante entre las arboledas.
No
hay en tu tierra gracias sorprendentes de líneas
—apenas
si una suave melodía de curvas—,
pero
tiene ella un
encanto
de mujer, de sencilla, de agreste
belleza,
vestida
de un silencio verde y feliz de campo,
toda
húmeda de una alegría de arroyos,
con
una cabellera densa de árboles libres.
************
Lluvia
Todo
el día mi alma hoy estará suspensa
de
la voz del agua,
como
en un sueño
mojado.
La
voz del agua
dulcemente
cierra el mundo!
¡La
voz del agua!
Todo
el día seré un niño
que
se está durmiendo.
La
vida será sólo
una
voz querida.
************
EL MUNDO ES
Un
pensamiento
realizado
de la luz.
Un
pensamiento dichoso.
De
la beatitud, el mundo
ha
brotado. Ha salido
del
éxtasis, de la dicha,
llenos
de sí, esta tarde,
infinita,
infinita,
con
árboles y con pájaros
de
infancia ¿de qué infancia?
¿de
qué sueño de infancia?
************
UN CANTO SOLO
Un
grillo, sólo, que late el silencio.
A
su voz se fijan
los
resplandores
errátiles
de
las estrellas
que
tienden hilos vagos
al
desvelo
de
las flores, las hierbas, los follajes?
O
es una tenue voz aislada
junto
al arpa que forman esos hilos
y
que hace cantar la noche
con
su último canto
secreto?
No
oigo
ya
el
grillo.
Vibra
un canto
sutilísimo,
profundo,
hasta
cuándo…?
Los
cantos de los gallos
quiebran
metales tristes, irisados,
que
no son de este mundo,
de
qué tímida alba
que
aún no ha tocado las estrellas
pero
que sienten ya
el
río
y
las alas?:
pálido
serafín que se asoma a los cielos
con
un agudo, casi desgarrado, heraldo.
************
ROSA Y DORADA
la
ribera.
La
ribera rosa y dorada.
Febrero,
y
ya estás,
belleza
última, en el cielo y el agua.
Etérea,
pero
ya estás,
vapor
flotante de un sueño
que
parece de flor y es de un lúcido pensamiento
que
se busca
y
se suspende
mientras
el cielo es un ardor sensible.
Por
los caminos pálidos, entre la hierba oscura,
El
alma es un olvido hacia una orilla eterna.
************
LA NOCHE EN EL ARROYO
Infinito,
Noviembre, tiembla, tiembla en el agua.
Escucháis
la voz de la noche?
De
qué es la voz de la noche?
Es
de agua o es de flor?
Es
de flor y de agua a la vez.
Hagamos
un silencio como el de las orillas oscuras
para
escuchar esta voz innumerable y tenue.
Seamos
vagas orillas de silencio inclinado
o
los oídos de la misma noche
abiertos
a qué hálito de flor y de agua juntos?
************
NO TE DETENGAS ALMA
Sobre
el borde
de
esta armonía
que
ya no es sólo de aguas, de islas y de orillas.
¿De
qué música?
¿Temes
alma que sólo la mirada
haga
temblar los hilos tan delgados
que
la sostienen sobre el tiempo
ahora,
en este minuto, en que la luz
de
la prima tarde
ha
olvidado sus alas
en
el amor del momento
o
en el amor de sus propias dormidas criaturas:
las
aguas, las orillas, las islas, las barrancas de humo lueñe?
¿O
es que temes, alma, su silencio,
o
acaso tu silencio?
Serénate,
alma mía, y entra como la luz
olvidada,
hasta cuándo?
en
este canto tenue, tenuísimo, perfecto.
************
EL AGUARIBAY FLORECIDO
Muchachas
de ojos de flores y de labios de flores.
En
la sombra exhalada – ¿de qué su dulce hálito?-
los
vestidos ligeros, muy ligeros, con pintas.
Arde
de abejas el aguaribay, arde.
Ríen
los ojos, los labios, hacia las islas azules
a
través de la cortina
de
los racimos
pálidos.
Ríen
los ojos, los labios. ¿Véis las muchachas o es
la
tenue sombra ebria
y
bordoneada
que
se alucina de muselinas claras
y
de otras flores vivas – extrañas flores vivas-
riendo,
riendo, riendo hacia las islas?
Muchachas
de ojos de flores y de labios de flores.
Arde
de abejas el aguaribay, arde.
************
PARA QUÉ EL VINO
¿Para
qué el vino, amigos míos,
si
allí la luna, en las aguas, ebria, se despliega?
Id
a la orilla y sed de ella, dulcemente enajenada
en
su propio vals antiguo
de
velos de silencio que se igualan al fin, tenues, a la arena…
Sed
de ella que ya el eucaliptus está en ella, más pálido.
Y
acaso, acaso, un momento perdidos, amigos míos,
os
encontraréis de la mano, luego, en el centro de la danza profunda,
figuras
intercambiables e increíblemente ligeras, al cabo, de la danza…
¿Para
qué el vino, entonces, si así seríais más ligeros?
************
DULCE ES ESTAR
Dulce
estar tendido
fundido
en el espíritu del cielo
a
través de la ventana
abierta
sobre
los soplos oscuros…
Dulce,
dulce…
El
pensamiento amarillo de allá
es
nuestro mismo silencio casi póstumo
libre
sobre
los abismos…
Dulce,
dulce haber en alguna manera muerto
hasta
el primer jazmín de arriba
que
titila de súbito
en
la misma brisa del poema que leemos…
Dulce,
dulce…
¿Pero
has olvidado, alma, has olvidado?
Dulce,
dulce, bajo el vértigo
de
las enredaderas celestes
estar
solo con Keats,
bajo
Keats, mejor bajo otra liana eterna…
Oh
melancolía, oh melancolía que se enciende como un jardín
sobre
la terraza que flota en una luz pequeña…
¿En
qué urnas etéreas, alma
olvidaste
tu tiempo y tu piedad?
Bajo
la breve dicha algo en el aire:
las
ramas de la angustia, alma, que llaman…
una
angustia que quiere dejar de ser en todas partes,
en
todos, en todos los grados de la soledad…
desde
la piedra, acaso, alma,
hasta
el ángel que se contrae herido…
La
vida quiere unirse, alma, de nuevo, por encima de los suplicios…
¿No
oyes los gritos profundos del edén que quieren ser
con
la lucecita desvelada, sí pero tierna, sin el fruto de la muerte
y
libre al fin de sí misma?
Alma,
dulce es el sueño,
pero
no se roba ahora, ahora, a la memoria del amor?
Ay,
el amor, ahora, con los ojos abiertos sobre el infierno,
sin
poder alzarlos, serenos, hacia el cielo de todos,
o
bajarlos, serenos, hacia su cielo íntimo para más puramente devolver…
************
ELLA ANUDA HILOS
Ella
anuda hilos entre los hombres
y
lleva de aquí para allá la mariposa profunda
-ala
del paisaje y del alma de un país, con su polen…
Ella
hace sensible el clima de los días, con su color y su perfume…
a
su pesar, muchas veces, como bajo un destino.
Testimonio
involuntario, ella,
de
un cierto estado de espíritu, de un cierto estado de las cosas,
en
que la circunstancia da su hálito…
Pero
se dirige siempre a un testigo invisible,
jugando
naturalmente con la tierra y el ángel,
el
infinito a su lado y el presente en el confín…
Más
es el don absoluto, y la ternura,
ella
que es también el término supremo y la última esencia
con
las melodías de los sentidos y los símbolos y las visiones y los latidos
para
el encuentro en los abismos…
Mas
tiene cargo de almas, y es la comunicación,
el
traspaso del ser, “como se da una flor”, en el nivel de los niños,
más
allá de sí misma, en el olvido puro de ella misma…
Y
no busca nunca, no, ella…
espera,
espera toda desnuda, con la lámpara en la mano,
en
el centro mismo de la noche…
************
SÍ,
MI AMIGA
Sí,
mi amiga, estamos bien, pero tiemblo
a
pesar de esas llamas dulces contra Junio…
Estamos
bien…sí…
Miro
una danzarina en su martirio, es cierto,
con
los locos brazos, ay, negando la ceniza
y
el crepúsculo íntimo…
Estamos
bien…Cummings que se va, muy pálido,
al
país que nunca ha recorrido,
mientras
Debussy enciende el suyo, submarino…
Estamos
bien…Pero tiemblo, mi amiga, de la lluvia
que
trae más agudamente aún la noche
para
las preguntas que se han tendido como ramas
a
lo largo de la pesadilla de la luz,
con
la vara que sabes y la arpillera que sabes,
en
las puertas mismas, quizás, de la poesía y de la música…
Estamos
bien, sí mi amiga, pero tiemblo de un crimen…
Cuándo,
cuándo, mi amiga, junto a las mismas bailarinas del fuego,
cuándo,
cuándo, el amor no tendrá frío?
************
AH, MIS AMIGOS
Ah,
mis amigos, habláis de rimas
y
habláis finalmente de los crecimientos libres…
en
la seda fantástica os dan las hadas de los leños
con
sus suplicios de tísicas
sobresaltadas
de
alas…
Pero
habéis pensado
que
el otro cuerpo de la poesía está también allá, en el Junio de crecida,
desnudo
casi bajo las agujas del cielo?
Qué
haríais vosotros, decid, sin ese cuerpo
del
que el vuestro, si frágil y si herido, vive desde “la división”,
despedido
del “espíritu”, él, que sostiene oscuramente sus juegos
con
el pan que él amasa y que debe recibir a veces
en
un insulto de piedra?
Habéis
pensado, mis amigos,
que
es una red de sangre la que os salva del vacío,
en
el tejido de todos los días, bajo los metales del aire,
de
esas manos sin nada al fin como las ramas de Junio,
a
no ser una escritura como de vidrio?
Oh, yo sé que buscáis desde el principio el
secreto de la tierra,
y
que os arrojáis al fuego, muchas veces, para encontrar el secreto…
Y
sé que a veces halláis la melodía más difícil
que
duerme en aquellos que mueren de silencio,
corridos
por el padre río, ahora, hacia las tiendas del viento…
Pero
cuidado, mis amigos, con envolveros en la seda de la poesía
igual
que en un capullo…
No
olvidéis que la poesía,
si
la pura sensitiva o la ineludible sensitiva,
es
asimismo, o acaso sobre todo, la intemperie sin fin,
cruzada
o crucificada, si queréis, por los llamados sin fin
y
tendida humildemente, humildemente, para el invento del amor…
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