En Gualeguay, un 22 de agosto de 1865, nació un niño que con el tiempo se convertiría en uno de los grandes pioneros de la ciencia argentina: Juan Bautista Ambrosetti. Su destino no estuvo marcado por los campos entrerrianos sino por las montañas del noroeste, donde descubrió vestigios de civilizaciones antiguas y abrió un camino que nadie antes había transitado con método y rigor: la arqueología científica en el país. También fue el primero en realizar estudios sistemáticos del folklore nacional por lo que fue llamado el "Padre de la Ciencia Folklórica".
Fue un reconocido naturista, arqueólogo, viajero y coleccionista, y un estudioso de la cultura calchaquí, antigua población del noroeste argentino. En 1971 su familia se trasladó a Buenos Aires, donde Ambrosetti cursó sus estudios primarios y secundarios, que abandonó antes de finalizarlos. Si bien careció de una educación universitaria sistemática se formó en el tratado personal con Florentino Ameghino y Eduardo Holmberg, y adquirió una amplia experiencia como naturista participando en campañas de exploración científica en diferentes zonas de Argentina.
Desde joven, Ambrosetti mostró una curiosidad insaciable por la naturaleza y las culturas que habitaron estas tierras mucho antes de la conquista. Estudió Ciencias Naturales en la Universidad de Buenos Aires, y fue allí donde comenzó a forjar su obra. Pero su espíritu de explorador lo llevó siempre a salir al terreno: a internarse en valles, quebradas y ruinas olvidadas para reconstruir, piedra por piedra, la historia de los pueblos originarios.
Su nombre quedó asociado para siempre a hallazgos memorables. La Ciudad Sagrada de los Quilmes, en Tucumán, fue uno de ellos: un asentamiento monumental que testimonia la grandeza de una comunidad que resistió durante siglos. También sus excavaciones en La Paya y otros sitios del Noroeste argentino pusieron en valor un patrimonio que hasta entonces yacía en silencio.
Ambrosetti no se limitó a excavar: comprendió que el pasado se enlaza con el presente a través de la memoria popular. Por eso recopiló mitos, leyendas y canciones, y dio a esos relatos el mismo respeto que a las piezas arqueológicas. Así, se convirtió también en un referente del folclore argentino.
En 1904 fundó el Museo Etnográfico de Buenos Aires, hoy orgullosamente bautizado con su nombre, y lo dirigió hasta su muerte en 1917. Allí formó discípulos, como Salvador Debenedetti, que continuaron su tarea de rescatar y estudiar las huellas del pasado precolombino.
Juan Bautista Ambrosett fue pionero en utilizar el término "folklore" en sentido estricto, es decir, definido como "el conjunto de tradiciones, leyendas, creencias y costumbres de carácter popular, que definen la cultura de una determinada región".
Más de un siglo después, su legado sigue vivo. Gualeguay lo recuerda como a uno de sus hijos ilustres, y el país entero lo reconoce como el padre de la arqueología argentina y de la ciencia folcklórica argentina. Ambrosetti no solo descubrió ruinas y objetos: ayudó a que la Argentina mirara con respeto y asombro su propia raíz cultural.

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