El 16 de julio de 1962 quedó grabado para siempre en la memoria colectiva de Larroque. Aquella mañana, el pequeño poblado del sur entrerriano amaneció cubierto por un manto blanco inesperado, silencioso y deslumbrante. La nieve —un fenómeno extraordinario en la región— cayó con intensidad suficiente como para transformar calles, árboles, techos y plazas en una postal que los vecinos no olvidarían jamás.
La profesora de Historia local, Nora Duarte, rescata una de las imágenes más recordadas de ese día es la que tomó la fotógrafa Erna Weber desde la esquina del histórico Comercio Casa Weber, en la intersección de Bvar. Urquiza y Gervasio Méndez (foto superior). La fotografía, conocida como “Nieve en Larroque”, registró no solo la nevada, sino también fragmentos de la vida cotidiana de la época. Y Duarte, destaca que en la misma se observan:
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El domicilio de José Carám y Yamile Abraham (Chedij o Chedid).
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El edificio de la Escuela Grande Nº 54 Córdoba, hoy Escuela Nº 93 Faustino Suárez.
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La vivienda de Alberto F. Taffarel y Angélica Gómez.
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El pequeño puente de ingreso a la Parroquia, visible junto a una estanciera detenida sobre la cuneta.
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Al fondo, los árboles jóvenes aún sostenidos por tutores, inclinados por el viento helado.
Las imágenes de Weber —parte de la memoria visual larroquense y conservadas gracias a la familia Duarte Taffarel— transmiten la quietud de un momento irrepetible: calles blancas, copos cayendo sin apuro y vecinos asomados a las puertas de sus casas, sorprendidos por el espectáculo.
“El cielo se deshizo en copos blancos y la ciudad se vistió de silencio y pureza”, escribió más tarde un cronista, describiendo la sensación que envolvió a los habitantes. La nieve transformó lo cotidiano en algo mágico y efímero, y quizá muchos larroquenses hayan sentido entonces lo mismo que expresa aquella frase: la certeza de presenciar un instante destinado a ser guardado como un tesoro.
El registro de El Argentino y el ojo de Fritz Weber
El diario El Argentino también dejó testimonio de aquella jornada. Recordaba que los mayores solían repetir que “fríos eran los de antes” y usaban la nevada del 62 como prueba irrefutable. Según la crónica, Fritz Weber, corresponsal del periódico y reconocido fotógrafo local, salió de su negocio apenas vio los copos caer. Con su cámara al hombro recorrió las calles y la Plaza San Martín, retratando a los vecinos que, conscientes de estar viviendo un hecho histórico, posaban alegres bajo el manto blanco.
En una de esas fotografías aparecen integrantes de las familias Lonardi, Tronco y Menescardi, entre otras. En otra, un hombre solitario posa sobre uno de los senderos nevados de la plaza, rodeado por la tenue bruma del frío.


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