Cuando Gualeguay estaba en el mapa: la historia olvidada detrás de la Ruta 136
Un territorio articulado
por la producción
Entre las décadas de 1930 y
1950, el sur de Entre Ríos funcionaba como una red integrada, donde los caminos
no respondían aún a la lógica moderna de rutas jerarquizadas, sino a
necesidades concretas de la economía regional.
En ese esquema, Gualeguay
era mucho más que una ciudad intermedia: era un nodo clave. Su vinculación con
Puerto Ruiz, activo puerto sobre el río Gualeguay, la convertía en un punto de
salida de la producción ganadera, especialmente en los tiempos del auge
saladeril y sus derivados.
Los caminos de entonces —precarios, de tierra, cambiantes— conectaban estancias, puertos y centros urbanos. No existía aún la Ruta 136 como tal, pero sí una traza funcional que unía el mítico puerto gualeyo y el paraje Sarandi, Departamento Gualeguaychú, en cercanías a la ciudad cabecera.
El proyecto vial: de lo regional a lo estructural
Con la organización del
sistema vial argentino a partir de la década de 1950, esas huellas dispersas
comenzaron a ordenarse. El Estado nacional y las provincias impulsaron la
jerarquización de caminos estratégicos, pensando ya no solo en la producción
local, sino en la integración territorial.
En ese contexto, se delineó
un corredor este-oeste en el sur entrerriano que buscaba articular: la
producción ganadera del interior, los puertos fluviales, y las conexiones
internacionales.
En ese esquema, Gualeguay
todavía tenía peso. No necesariamente como punto de paso directo de una única
ruta, sino como parte del hinterland —el área de influencia económica— del
sistema que daría origen a la actual Ruta 136.
El punto de inflexión: la
década de 1960
Sin embargo, el modelo
territorial comenzó a cambiar. A partir de los años 60, varios procesos
convergieron: la decadencia del sistema portuario sobre el río Gualeguay; la
desaparición progresiva de los saladeros y economías asociadas; el avance del
transporte automotor por sobre el ferroviario y fluvial; y una nueva mirada
estratégica centrada en los corredores internacionales.
En ese giro, la lógica de red —con múltiples nodos productivos— fue reemplazada por una lógica lineal: rutas que conectaran puntos específicos con eficiencia creciente. Así, el eje que luego sería la Ruta 136 comenzó a redefinirse ya no en función de Gualeguay, sino de Gualeguaychú como puerta de salida hacia Uruguay.
1976: la consolidación de
un nuevo mapa
La inauguración del puente
internacional y la formalización de la Ruta Nacional 136 en 1976 marcaron el
cierre de ese proceso. Desde entonces, la traza quedó consolidada como un
corredor de carácter internacional, orientado al tránsito entre Argentina y
Uruguay.
En ese nuevo mapa, Gualeguay
quedó al margen del eje principal. Su conexión pasó a ser indirecta, articulada
a través de las rutas 12 y 16, y ya no como parte estructural del corredor
oriental.
Una historia que explica
el presente
La evolución de la Ruta 136
no es solo una cuestión de caminos: es la expresión concreta de un cambio
profundo en la organización del territorio.
Antes, el sur entrerriano se estructuraba como una red donde ciudades como Gualeguay tenían un rol central, sostenido por la producción y los puertos. Después, el territorio se reorganizó en función de flujos más amplios, donde primaron los corredores internacionales y los nodos de frontera. En ese tránsito, Gualeguay pasó de ser un punto estratégico a ocupar un lugar periférico en ese esquema específico.
Epílogo
Entender esta transformación
permite leer de otro modo el paisaje actual. Donde hoy vemos una ruta que
conecta Gualeguaychú con el exterior, alguna vez existió un sistema más
complejo, donde los caminos no solo llevaban mercancías, sino que tejían un
territorio en el que Gualeguay era protagonista.
Esa historia, en gran medida
olvidada, sigue latiendo en las viejas trazas, en los caminos secundarios y en
la memoria productiva de la región.

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