San Antonio: la historia del hospital que nació de la solidaridad de un pueblo
A fines de la década de 1870, Gualeguay enfrentaba una de las necesidades más urgentes de su historia sanitaria: la creación de un hospital público capaz de atender a una población en crecimiento y vulnerable frente a las epidemias de la época.
La ciudad aún recordaba los dramáticos efectos de la epidemia de cólera, combatida en condiciones extremadamente precarias por médicos y vecinos que, sin recursos tecnológicos ni avances científicos modernos, entregaron su esfuerzo para salvar vidas. Entre aquellos protagonistas sobresalían los doctores José María Pagola, Juan Bautista Quadri y Fenelón Matorras, acompañados por el presbítero doctor Alfredo Altahusse, quienes impulsaron la creación de una institución destinada a cambiar para siempre la atención sanitaria local.
Fue así que, en 1878, el padre Altahusse convocó a un grupo de damas de la sociedad gualeya para conformar la Sociedad de Damas de Beneficencia, cuyo principal objetivo sería fundar un hospital público para la ciudad.
Poco tiempo después quedó constituida la primera Comisión de Beneficencia, presidida por doña Carmen Iñarra de Míguez, mientras que el doctor José María Pagola asumió la dirección médica del naciente establecimiento. Hasta entonces, los enfermos eran atendidos precariamente en una sala de la vieja Comandancia, debido a que la ciudad carecía por completo de un hospital.
Exigencia
de un hospital
En la edición del domingo 16 de septiembre de 1877 del semanario La Unión, desde la Redacción del mismo, se publicó el siguiente texto (la transcripción es literal):
“En el interés de servir al pueblo, lo mejor posible, sin que nos preocupe por completo la política militante, hemos de abordar todas aquellas cuestiones de vital importancia que sean mas urgentemente reclamadas por las necesidades de la poblacion; y hemos de ser incansables en repetir nuestras opiniones y aconsejar una, dos y mas veces las conveniencias públicas, para desempeñar y cumplir, con la lealtad de buenos servidores, el noble apostolado donde nos han sabido colocar nuestros deseos, que son los de nuestros cohabitantes”.
“Con
estos firmes propósitos, é inspirados en los nobles sentimientos de humanidad,
de mejoramiento moral y material nos hemos de lanzar, posponiendo nuestras
pasiones, en el vasto campo de la defensa de los intereses generales, para
ayudar, con la debilidad de nuestras fuerzas, á que la realizacion de otras
útiles sea una verdad, un hecho real y positivo, y no una fábula”.
“Para
ello nos anima el espíritu de patriotismo, porque aspiramos á todo lo grande,
lo bello, lo importante que se pueda conquistar para nuestro pais; nos anima el
espíritu de humanidad, como dijimos, porque nos causa un dolor ver recorrer por
nuestras calles, la miseria, la desnudez y el hambre, representadas por
multitud de seres desgraciados de todas las edades y aquejados de toda
necesidad, que pululan ¡infelices! sin mas patrimonio que el sufrimiento, sin
mas amparo que la caridad cristiana”.
“¿Quién
es aquel de corazon empedernido que no siente una conmocion es-citada en su
seno, y no deja asomar á su vista la palidez, una espresión tan remarcable y
una lágrima de conmocion, á la vista de un cuadro conmovedor como ese que de
dia en dia estamos mirando?”
“Nadie;
porque no es posible mirar con los ojos de la indiferencia, las desgracias de
sus semejantes”.
“Y ese
sentimiento de compasion que nace en nuestro pecho, no es otra cosa que la
encarnacion de los sentimientos que abrigamos para con nosotros mismos, porque
á su vista una espectacion suele instantaneamente la reflexion, á que nos
presenta á nuestro ser, capaz de sufrir las alteraciones de la vida, que han
sufrido los que forman aquel cuadro lastimoso”.
“Nuestro
deber, pues, el deber de todos, nos impone velar por los padecimientos de la
aflijida humanidad que jime, por naturales causas, en la desesperacion mas
pesada, bajo la planta de más infelicidad”.
“Entonces,
no es propio que dejemos pasar el tiempo sin buscar los medios mas eficaces,
para socorrer á los que imploran nuestro auxilio”.
“Un
Hospital, en Gualeguay, es una de esas obras tan justa é imperiosamente
reclamadas por la clase proletaria, que mientras no se lleve á efecto tendremos
siempre que lamentar una gran falta”.
“Su
importancia, trae aparejados dos cosas innegables: el adelanto, á la vez de
provechosa utilidad; así está manifiestamente reconocida tanto por las
opulentas ciudades como por las nacientes poblaciones, donde el desvalido
necesita que se derrame sobre su gastada frente el calmante bálsamo de la
beneficencia que protectora su mano puede administrar sin mayores sacrificios,
sin muchos esfuerzos”.
“Los
cuerpos Municipales son los verdaderos víjiles de los pueblos que los tienen en
su seno, y de su resorte son todas aquellas obligaciones que tienden á observar
y dar aviso de las necesidades sentidas, y para poner, de comun acuerdo, á salvo
los intereses generales, é impedir que los malos periodos tomen mayores creces
por medio del abandono”.
“Mejorar
las condiciones de las clases menesterosas es progresar, es servir á los
intereses comunes, es llenar uno vida cristiana”.
“La
Municipalidad de Gualeguay, cumpliendo con el importante cometido que sus
conciudadanos le confiaron, ha dado el primer avance, en este sentido, dando un
Asilo de pobres. Es la voz de alerta que da á nuestro vecindario”.
“Y como
ese Asilo no puede prestar el servicio que reportaria un Hospital sólidamente
planteado y atendido con esmero; toca al pueblo segundar los esfuerzos de sus
municipales, á quienes la exiguidad de sus rentas no les permite, por hoy
formalizar el planteamiento de un Hospital”.
“Sin
embargo; necesario es propender, con calma, á que no se puede con celeridad, á
realizar esa idea que ya bulle en la imajinacion de la Municipalidad, y que
todos estamos en la imposicion de recibir con entusiasmo, favoreciéndola y
aplicando todo cuanto esté en nuestro poder para llevarla á feliz término”.
“En
este camino hemos de prosperar siempre, porque en él hallaremos robustos
brazos, elementos poderosos y favorables que nos presten la cooperacion que en
todo tiempo se dispensa á tan elevados propósitos y á empresas tan laudables”.
“Por
nuestra parte, hemos de hacer en su pro, lo que á nuestro alcance esté y
creemos que haciéndolo así no hacemos otra cosa que satisfacer un compromiso
natural”.
“Ahora solo resta que todos sepan tambien hacerse cargo de sus obligaciones”.
La solidaridad que hizo posible el primer hospital
La noticia de la iniciativa despertó rápidamente el compromiso de numerosos vecinos. Entre ellos, don Manuel Bentos Álvarez, de origen portugués al igual que su esposa doña Anselma Zeballos de Bentos, integrante de la comisión de beneficencia, decidieron donar una propiedad ubicada en la actual esquina sudeste de calles Federación y Alfredo Palacios, lindera al antiguo Mercado Modelo.
La institución médica inicialmente se llamó Hospital San Antonio de la Sociedad Damas de Beneficencia y funcionó en la intersección de Palacios y Federación (Manzana Sur Este). Allí funcionó hasta 1904 momento en que inaugura en el flamante edificio que ocupa actualmente sobre avenida Soberanía. Luego, en 1921, la propiedad original, que había sido donada para el nosocomio, se vende a Juan Fava.
Aquella antigua casona, sin ochava y con algunas habitaciones disponibles, fue acondicionada para convertirse en el primer hospital público de Gualeguay. Tras varias refacciones y la construcción de una pequeña capilla, el establecimiento fue inaugurado oficialmente el domingo 29 de junio de 1879.
La ceremonia contó con la presencia de médicos, enfermeros, autoridades municipales, representantes policiales, miembros de las comisiones organizadoras y una numerosa concurrencia de vecinos. El intendente José Eseiza y el cura párroco doctor Seguí participaron del acto inaugural.
El nombre “San Antonio” fue elegido en homenaje al santo patrono de la ciudad.
Durante más de veinte años, aquel modesto edificio cumplió una función esencial en la atención de la salud pública local, hasta que el crecimiento de la población y las nuevas exigencias sanitarias hicieron evidente la necesidad de construir un hospital moderno y de mayores dimensiones.
El sueño del nuevo edificio hospitalario
Frente a esa realidad, la Comisión de Beneficencia encargó al padre Juan Vilar y a los doctores Antonio Medina y Joaquín Aguirrezabala gestionar ante las autoridades municipales la cesión de un terreno adecuado para levantar un nuevo hospital.
Finalmente, el 1º de septiembre de 1896 fue aprobada la ordenanza correspondiente y promulgada dos días después por el intendente Miguel Barroetaveña. El municipio donó entonces un amplio predio ubicado en el sector conocido como “Plaza de Frutos” o “Tablada”, al norte del radio urbano.
Inicialmente, el terreno poseía 10.000 metros cuadrados, aunque posteriormente se incorporaron otros 13.282 metros, alcanzando una superficie total de 23.282 metros cuadrados.
El 17 de septiembre de 1896 se conformó oficialmente la comisión pro construcción del nuevo edificio hospitalario, organismo que recibió amplias facultades para llevar adelante la obra.
Dos años más tarde, el 12 de octubre de 1898, se realizó el acto de colocación de la piedra fundamental. Fueron designados padrinos de la ceremonia doña Micaela Moreno y don Joaquín Bentos Álvarez, uno de los grandes benefactores del hospital.
La obra de Juan Buschiazzo
A pedido del doctor Telémaco Susini —por entonces director nacional de Seguridad e Higiene Pública y figura destacada de la medicina argentina— el prestigioso arquitecto Juan Buschiazzo aceptó realizar gratuitamente el proyecto del nuevo hospital.
Buschiazzo, reconocido por sus obras en distintos puntos del país y del exterior, diseñó un edificio moderno y funcional para la época, concebido no sólo como centro sanitario sino también como símbolo del progreso urbano de Gualeguay.
El entusiasmo de las comisiones y de toda la comunidad permitió reunir importantes colaboraciones económicas provenientes tanto de vecinos como de propietarios rurales de la zona. Gracias a ese esfuerzo colectivo, la obra pudo concluirse apenas seis años después de colocada la piedra fundamental.
El nuevo Hospital San Antonio fue inaugurado el 9 de septiembre de 1904, en una ceremonia multitudinaria que reunió a gran parte de la población de la ciudad.
Ese día se distribuyó entre los asistentes una medalla recordatoria con la inscripción: “Inauguración Hospital San Antonio – Gualeguay – Septiembre de 1904”.
El proyecto original contemplaba también una capilla ubicada junto al acceso principal. Desde 1939, ese espacio religioso fue atendido por las Hermanas Misioneras Siervas del Espíritu Santo, convocadas por el padre Pedro Tibiletti.
Al momento de la inauguración, el hospital era dirigido por otro reconocido médico local de intensa participación pública y política: el doctor Joaquín Aguirrezabala.
Además, el propio doctor Telémaco Susini realizó una importante donación personal de mobiliario y elementos médicos indispensables para el funcionamiento inicial del establecimiento.
Un hospital al servicio de toda la región
Desde aquella histórica inauguración de 1904, el Hospital San Antonio se convirtió en uno de los principales centros de atención sanitaria no sólo de Gualeguay, sino también de toda la región.
Con el correr de las décadas, el nosocomio fue ampliando permanentemente sus servicios y adaptándose a las nuevas demandas médicas y tecnológicas.
Actualmente cuenta con áreas de admisión, guardia externa, consultorios, enfermería, farmacia, kinesiología, salud mental, hemoterapia, oncología, geriatría, ecografía, rayos X y neurodesarrollo, entre muchas otras dependencias.
Desde 1991 funciona además una unidad de terapia intensiva equipada con tecnología moderna y capacidad para una decena de camas, sumándose también servicios de tomografía, quirófanos, pediatría, neonatología, ginecología, maternidad, mantenimiento, cocina y lavadero.
Gran parte de las reformas edilicias, ampliaciones y adquisiciones tecnológicas fueron posibles gracias al trabajo de la Cooperadora del Hospital, sostenida en buena medida por el legado Vasallo y las rentas del campo “La Atalaya”, además del permanente acompañamiento solidario de instituciones, comerciantes y vecinos de la ciudad.
La administración de esos recursos ha estado a cargo de distintas comisiones cooperadoras, entre ellas la presidida por María Cristina Vieyra de Berisso, acompañada por un grupo de colaboradoras profundamente comprometidas con la vida del hospital.
Hoy, a más de 120 años de la inauguración de su emblemático edificio y a casi siglo y medio del nacimiento de la primera Comisión de Beneficencia, el Hospital San Antonio continúa siendo una de las instituciones más valiosas y representativas de Gualeguay: un símbolo de solidaridad, vocación de servicio y compromiso comunitario.
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| Sala de maternidad. Sala de parto. |







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