Isidro Maiztegui: el músico de Gualeguay que dejó su huella en el cine y la cultura argentina

Nacido en Gualeguay el 14 de julio de 1905, y fallecido en Mar del Plata el 29 de mayo de 1996, Isidro Buenaventura Maiztegui Pereiro fue uno de los compositores argentinos más prolíficos y destacados del siglo XX. Dueño de una sensibilidad musical profundamente ligada a las raíces populares argentinas y gallegas, desarrolló una extensa trayectoria que dejó una marca indeleble en el cine nacional, la música académica y la dirección coral.

Sus primeros pasos en la música comenzaron muy temprano, en el Conservatorio Beethoven de su ciudad natal, donde ingresó apenas a los seis años. Integrante de una familia numerosa de ocho hermanos, Maiztegui recordaría siempre el fuerte compromiso de sus padres con la educación. Aquella formación marcaría definitivamente su destino artístico.

Aunque inicialmente inició estudios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Buenos Aires, pronto abandonó esa carrera para seguir su verdadera vocación: la música. En 1930 ingresó al Conservatorio Nacional de Música y Declamación, donde tuvo como maestros a reconocidas figuras como Athos Palma, José Gil y José André. Paralelamente, entre 1931 y 1938, trabajó como maestro sustituto en el histórico Teatro Colón, experiencia que consolidó su formación profesional y le permitió vincularse con el más alto nivel artístico de la época.

El hombre detrás de la música del cine argentino

A partir de 1933, Maiztegui comenzó a dedicarse a la composición de música para películas, convirtiéndose en uno de los grandes pioneros de la banda sonora en el cine argentino. Su debut fue con la película Los Tres Berretines, dirigida por otro gualeyo, Enrique Susini, y protagonizada por Luis Sandrini, considerada uno de los grandes éxitos de la cinematografía nacional. Esta película se estrenó el 19 de mayo, una semana después de ¡Tango!; ambas fueron las primeras del cine sonoro argentino.

A lo largo de su carrera compuso música para más de 120 películas, trabajando durante la llamada “época de oro” del cine argentino, junto a figuras como Enrique Santos Discépolo, Lucas Demare, Amelia Bence, Delia Garcés y Zully Moreno.

En reconocimiento a su aporte a los pioneros del cine nacional entre 1930 y 1950, la Comisión de Comunicación Social de la Conferencia Episcopal Argentina le otorgó en 1995 el Premio San Gabriel a la trayectoria.

Un compositor de raíz popular y espíritu clásico

Más allá de su trabajo cinematográfico, Maiztegui desarrolló una importante obra académica. De estilo cálido y profundamente lírico, privilegió la música vocal por encima de las grandes estructuras orquestales. Sus composiciones incorporaron giros melódicos vinculados tanto al folclore argentino como a las tradiciones gallegas heredadas de sus ancestros.

Entre sus obras más reconocidas se encuentra la cantata escénica Macías o namorado (Macías el enamorado), distinguida en 1988 con el premio de la Comisión Nacional de Cultura por decisión unánime de un jurado integrado por Roberto García Morillo, Juan Pedro Franze, Emilio Martini, Benjamín Rattenbach y Roberto Saccente.

La relación del compositor con Galicia fue intensa y profunda. Durante una estadía en Europa, especialmente en Madrid y Vigo, fortaleció vínculos con intelectuales y artistas gallegos. En una carta enviada desde Madrid en 1956 al escritor y artista Luis Seoane, Maiztegui expresaba su entusiasmo por la posibilidad de estrenar Macías o namorado en el Centro Gallego, revelando además detalles de la monumental obra coral y orquestal que había concebido.

El recuerdo imborrable de Gualeguay

Pese a su extensa carrera internacional, Maiztegui jamás olvidó sus raíces entrerrianas. En una entrevista realizada en 1990 por la televisión de Mar del Plata, evocó con emoción su infancia en Gualeguay: “Nací en Gualeguay, una ciudad muy simpática, y considero que pasar la niñez y la adolescencia en un ambiente provinciano no deja de ser un privilegio”.

Con nostalgia recordaba también sus primeros años de estudio convencional y musical: "Nuestros padres siempre quisieron una gran educación para sus hijos dado que a partir de ahí surgen los valores morales para enfrentar los desafíos de la vida y cada uno realizamos una carrera profesional. Fuimos ocho hermanos, el primero fue médico, el otro abogado, el siguiente dentista y vengo yo, que fui el descarriado de la familia. Y cuando culminé los estudios secundarios me sentí un poco desorientado aunque siempre sentí la vocación por la música. Ingresé a la Facultad de Derecho, pero con los años se impuso la vocación que fomentó mi madre que fue la música".

Y, agrega: "Nuestros padres, como complemento educacional, nos hicieron estudiar música: el primero, violín; el segundo, piano al igual que el resto de los hermanos y el que resultó profesional en la disciplina fui yo. Desde los 6 años recuerdo ir al conservatorio en mi pueblo, Gualeguay. Era el único varón entre 40 o 50 chicas porque mis compañeros de escuela no iban a estudiar música". 

"Mis tres hermanos mayores hicieron el secundario en el histórico Colegio de Concepción del Uruguay. en cambio, yo por seguir y completar el profesorado de piano que había comenzado en mi pueblo, hasta los 15 años estuve rindiendo examen libre en el colegio de Gualeguaychú. Luego fui a Buenos Aires a completar el ciclo secundario". 

Aquella niñez provinciana, según confesaba, dejó una huella imborrable en su sensibilidad humana y artística.

En relación a niveles superiores de estudios, Maiztegui, recuerda: "A los 17 o 18 años la impresión que tuve del ambiente de Buenos Aires fue fantástica. Y tuve la suerte de estar relacionado con el señor Enrique Susini, de quien recibí un valioso apoyo. Él era médico de gran prestigio al igual que su padre Telémaco, y tenía una importante injerencia dentro del ambiente musical en Buenos Aires. En el año 31, se municipalizó el Teatro Colón, que hasta entonces tenía un régimen privado, a cargo de Mocchi - da Rosa, y en aquella época la temporada se desarrollaba de mayo a agosto, que era de gran prestigio mundial por la presentación de las celebridades de la música".

Docencia, dirección coral y reconocimiento

Además de compositor de música clásica, y en menor medida de folclore y tango, Maiztegui, desarrolló una intensa actividad docente y de dirección coral. Fue profesor en el Colegio Nacional Bernardino Rivadavia y vicedirector del Conservatorio de la Universidad de Cuyo entre 1940 y 1944. También dirigió numerosos coros, entre ellos los de la Asociación Juan B. Justo, el Consejo Nacional de Educación, el Instituto Nacional de Educación Física y diversas agrupaciones gallegas de Buenos Aires.

En 1969 se radicó en Madrid, aunque regresó al año siguiente a la Argentina, donde fue designado profesor del Instituto de Arte Lírico de la Municipalidad de Buenos Aires y posteriormente director del Archivo Musical del Teatro Colón.

Finalmente se estableció en Mar del Plata, ciudad en la que continuó desarrollando su actividad cultural hasta sus últimos días. Allí recibió el reconocimiento como Ciudadano Ilustre el 10 de agosto de 1995.

La vida de Isidro Maiztegui resume buena parte de la historia cultural argentina del siglo XX: la del artista sensible, profundamente arraigado a su tierra natal, capaz de unir la tradición popular con la música académica y de construir, desde la provincia y el esfuerzo personal, una obra que trascendió generaciones.

 

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