Miguel Laurencena: el gualeyo que llevó el radicalismo entrerriano a la gobernación y a la Corte Suprema

 

La historia política de Entre Ríos en las primeras décadas del siglo XX no puede comprenderse sin la figura de Miguel María Laurencena. Abogado, dirigente radical, gobernador provincial y juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Laurencena fue uno de los grandes protagonistas de la consolidación institucional y democrática de la provincia y del país.

Hijo de los españoles Martín Gilberto Laurencena y Juana Garay, pasó su infancia en Gualeguay, ciudad con la que mantendría un vínculo permanente a lo largo de toda su vida.

Posteriormente se trasladó a Buenos Aires para estudiar Derecho en la Universidad de Buenos Aires. Allí obtuvo el título de abogado en 1877 con una tesis titulada Derecho de castigar (su fundamento), reflejando desde temprano su interés por las cuestiones jurídicas e institucionales.

El inicio de una extensa carrera política

De regreso en Gualeguay comenzó una intensa actividad pública. Fue intendente de la ciudad, diputado provincial y posteriormente ministro del gobernador Eduardo Racedo entre 1883 y 1886.

Participó además en la Convención que sancionó la Constitución provincial de 1883, un momento clave en la organización institucional entrerriana. Durante esos años recibió una importante misión oficial: viajar a Londres para gestionar un empréstito destinado a la construcción de ferrocarriles en Entre Ríos, símbolo del impulso modernizador de la época.

Entre 1886 y 1892 ocupó una banca en la Cámara de Diputados de la Nación y tuvo una participación activa en la Revolución del Parque de 1890. También ejerció el periodismo político como redactor del diario El Argentino, órgano vinculado a las ideas revolucionarias de aquel movimiento.

Laurencena integró inicialmente la Unión Cívica y luego formó parte del grupo fundador de la Unión Cívica Radical, convirtiéndose en uno de los referentes históricos del radicalismo entrerriano.

El primer gobernador radical de Entre Ríos

En 1914 fue elegido gobernador de Entre Ríos junto a Luis L. Etchevehere como vicegobernador. El 1 de octubre de ese año asumió el primer gobierno radical de la historia provincial, un hecho político de enorme trascendencia para la época.

Su llegada al poder representó la consolidación del radicalismo en Entre Ríos y abrió una etapa de profundas transformaciones políticas dentro de la provincia.

La influencia política de la familia Laurencena continuaría algunos años después: su hijo, Eduardo Laurencena, sería gobernador entre 1926 y 1930.

Del radicalismo al máximo tribunal del país

Finalizado su mandato provincial, Miguel Laurencena regresó a la Cámara de Diputados de la Nación. Sin embargo, hacia 1922 comenzó a distanciarse del liderazgo de Hipólito Yrigoyen y organizó su propia corriente política: el Partido Radical Principista.

Ese mismo año fue proclamado candidato a presidente de la República por dicha agrupación, reflejando el peso político y el prestigio que había alcanzado dentro del escenario nacional.

El 5 de diciembre de 1924, ya con 73 años, el presidente Marcelo Torcuato de Alvear lo designó juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina, en reemplazo de González del Solar.

Un juez de fallos históricos

Durante su paso por la Corte Suprema intervino en algunos de los fallos más importantes de la jurisprudencia argentina de comienzos del siglo XX.

Uno de ellos fue el célebre caso “Delfino” (Fallos 148:430), donde junto a Antonio Bermejo y Roberto Repetto reconoció amplias facultades reglamentarias al Poder Ejecutivo. Allí el tribunal estableció una doctrina fundamental para el derecho administrativo argentino:

“Existe una distinción fundamental entre la delegación del poder de hacer la ley y la de conferir cierta autoridad al Poder Ejecutivo a fin de reglar los pormenores y detalles necesarios para la ejecución de aquella”.

También participó en el caso “Guardian Assurance” (Fallos 150:89), en el que la Corte validó una ley que imponía mayores cargas tributarias a compañías de seguros extranjeras respecto de las nacionales, defendiendo la potestad del Congreso para establecer diferencias económicas razonables basadas en la radicación y residencia de las empresas.

Su último fallo firmado fue el 12 de diciembre de 1927, en la causa “Arguelles y Bormida c/ Ferrocarril Central Argentino”.

Un hombre respetado por todos

Quienes compartieron tareas con Laurencena lo describieron como un hombre de carácter afable, trato cordial y modales delicados. Esa personalidad amable y conciliadora le permitió ganarse el respeto y la estima de sus colegas tanto en la política como en el ámbito judicial.

Afectado por problemas de salud en sus últimos años, regresó finalmente a Gualeguay, la ciudad donde había comenzado su vida pública y política.

Falleció allí el 3 de febrero de 1928.

Su figura permanece ligada a algunos de los momentos más importantes de la historia institucional entrerriana: el surgimiento del radicalismo, la consolidación democrática provincial y la construcción de la jurisprudencia moderna argentina. Desde Gualeguay hasta la Corte Suprema, Miguel Laurencena construyó una trayectoria marcada por el compromiso político, la vocación pública y el respeto por las instituciones.

Comments

Popular posts from this blog

Tu cuerpo no envejece, se “seca”. Técnica de 5 segundos para rehidratar tus tendones

Cinco cosas sobre ti que nunca debes contar a nadie