Onésimo Leguizamón: el gualeyo que impulsó la educación moderna argentina
Nacido en Gualeguay el 15 de febrero de 1839, Onésimo
Leguizamón fue una de las figuras políticas e intelectuales más relevantes de
la Argentina del siglo XIX. Jurista brillante, educador, periodista, legislador
y magistrado de la Corte Suprema, dejó una huella profunda en la construcción
del sistema educativo nacional y en la consolidación institucional del país.
Hijo del coronel
Martiniano Leguizamón, pertenecía además a una familia estrechamente vinculada
a la historia entrerriana y federal: por línea materna estaba emparentado con Francisco Ramírez y con Ricardo López Jordán. También fue hermano de Martiniano Leguizamón y de Honorio Leguizamón.
Un alumno rebelde que conquistó a Urquiza
Su formación comenzó
en el célebre Colegio del Uruguay, fundado
por Justo José de Urquiza, considerado uno
de los grandes proyectos educativos de la Confederación Argentina.
La tradición oral
conserva una anécdota reveladora de su carácter juvenil: se cuenta que, cuando
el joven Onésimo intentaba escapar del colegio porque no le agradaba asistir a
clases, el propio Urquiza ordenó bolear el caballo en el que huía para obligarlo
a regresar al establecimiento. Con el tiempo, aquel muchacho rebelde terminaría
convirtiéndose en uno de los alumnos más destacados de la institución.
Su desempeño
académico le valió una beca otorgada por Urquiza para estudiar en Europa. En
1858 viajó como adjunto de la misión diplomática encabezada por el doctor Del
Campillo ante la Santa Sede. Tras regresar al país, obtuvo el título de doctor
en jurisprudencia en la Universidad de Buenos
Aires, con una tesis innovadora sobre los derechos hereditarios de los
hijos extramatrimoniales.
Intelectual, docente y hombre de Estado
Leguizamón
desarrolló una intensa actividad periodística y académica. Fue redactor del
diario El Uruguay, de Concepción del
Uruguay, y posteriormente trabajó en el diario La Prensa en Buenos Aires. También ejerció la docencia en el
Colegio del Uruguay y dictó cátedras de filosofía y derecho internacional.
Entre 1864 y 1868
fue diputado provincial en Entre Ríos y más tarde ministro de Educación de la
provincia. Tras el asesinato de Urquiza y el ascenso de López Jordán al
gobierno entrerriano, se opuso a la nueva conducción política y se exilió en
Buenos Aires.
En 1870 intentó
mediar entre el gobierno nacional y el movimiento jordanista para evitar una
guerra civil. Junto a Clodomiro Cordero presentó una propuesta de conciliación
que incluía la renuncia de López Jordán y el retiro de las tropas nacionales de
Entre Ríos. La iniciativa fue rechazada por Domingo
Faustino Sarmiento y Dalmacio Vélez
Sarsfield, quienes consideraron inadmisible cualquier condicionamiento
provincial al poder nacional.
Arquitecto de la educación pública argentina
Su etapa más
trascendente comenzó durante la presidencia de Nicolás
Avellaneda. Entre 1874 y 1877 se desempeñó como ministro de Justicia e
Instrucción Pública de la Nación, desde donde impulsó profundas reformas
educativas.
Durante su gestión
fundó las primeras escuelas normales para señoritas, promovió la creación de
escuelas agropecuarias y reformó los planes de estudio de los colegios
nacionales. Su visión moderna y progresista de la educación lo convirtió en una
figura clave del sistema educativo argentino.
Posteriormente fue
senador nacional y uno de los principales impulsores de la histórica Ley 1420
de educación pública, gratuita, laica y obligatoria, considerada uno de los
pilares de la educación moderna en la Argentina.
Su compromiso con
las ideas liberales y el progreso intelectual le granjeó admiración y también
fuertes adversarios políticos. Sin embargo, estadistas de la talla de
Sarmiento, Avellaneda, Julio Argentino Roca
y Eduardo Wilde confiaron plenamente en su capacidad y talento.
La Corte Suprema y una vida de servicio
Entre 1877 y 1882
integró la Corte Suprema de Justicia de la Nación
Argentina, alcanzando uno de los mayores honores posibles para un
jurista argentino. Paradójicamente, renunció al cargo argumentando que el
tribunal debía estar integrado por personas de mayor seriedad, comentario que
reflejaba el fino sentido del humor que le atribuían sus contemporáneos.
En 1884 fue
designado interventor federal en la provincia de Catamarca.
Ese mismo año fundó en Buenos Aires el diario La Razón, del cual fue director y principal redactor hasta
su muerte.
Además de su
actividad política y periodística, desarrolló una importante producción
intelectual. Entre sus obras más destacadas figuran Las leyes de la guerra internacional, La cuestión de límites entre San Luis y Córdoba e Instituto del Código Civil Argentino.
También realizó un valioso trabajo de recopilación documental del Registro
Nacional desde 1810 y de los informes del Procurador General de la Nación.
Una muerte prematura y un legado perdurable
En 1886 fue
candidato a gobernador de Entre Ríos, pero no llegó a participar de las
elecciones. Falleció en Buenos Aires en agosto de ese mismo año, cuando apenas
tenía 47 años.
Frente a su tumba,
el intelectual y político Eduardo Wilde
pronunció una definición que sintetiza el legado de Onésimo Leguizamón:
“Ha llevado su
tarea en la tierra con honradez, con brillo y con talento. Apenas cabe en la
extensión de su corta vida la abundancia de su trabajo”.
A más de un siglo de su muerte, la figura de Onésimo
Leguizamón permanece asociada a la educación pública, al pensamiento liberal y
al desarrollo institucional argentino, como uno de los grandes entrerrianos que
contribuyeron decisivamente a construir el país moderno.

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