Postales del ayer: El triciclo de "Nueva Pompeya" y el reparto de leche en Gualeguay

En las páginas de la historia cotidiana de Gualeguay existen esquinas y comercios que, sin buscarlo, se convirtieron en auténticos símbolos de una época. Uno de esos rincones entrañables estuvo en la intersección de Coronel Hereñú y la calle San Antonio —la principal arteria de la ciudad—, donde durante mediados del siglo XX funcionó un emblemático almacén que marcó el ritmo de las mañanas gualeyas: "Nueva Pompeya".

El recuerdo de este comercio cobró una nueva vida gracias a una valiosa publicación fotoperiodística de la revista cultural El Tren Zonal, titulada significativamente "Una estampa de Gualeguay". En la imagen rescatada del olvido se puede apreciar una escena que resume a la perfección la mística laboral de aquellos años: los hermanos Luccardi posando orgullosos sobre un vistoso triciclo de reparto.

Aquel viejo número: Pintada sobre el armazón del rodado, se lucía la inscripción que invitaba a los vecinos a comunicarse con el negocio a través de un número telefónico de apenas cuatro dígitos, propio de la época: el 1630.

Un punto de encuentro con aroma a campo

Propiedad del matrimonio conformado por los apellidos Luccardi y Benedetti, "Nueva Pompeya" no era un almacén común y corriente. Con una versatilidad que asombraría a los comercios modernos, el lugar funcionaba simultáneamente como fiambrería, lechería, bar y heladería, convirtiéndose en un punto de encuentro obligado para los vecinos del centro y para los trabajadores que transitaban la calle San Antonio.

El secreto de su éxito residía en la frescura absoluta de sus productos, la cual demandaba un esfuerzo que comenzaba mucho antes de que saliera el sol. En sus memorias, uno de los hijos del matrimonio Luccardi recordó con precisión milimétrica cómo se abastecía el local en aquellos tiempos:

"Se recibía del campo de la abuela el carro de seis varas, que traía la leche que allí mismo se ordeñaba. La hora de llegada a la esquina era, invariablemente, entre las seis y las seis y media de la mañana".

Ese cargamento puramente genuino, que llegaba al trote desde la zona rural, era procesado de inmediato para convertirse en la leche del día, en los quesos de la fiambrería o en los artesanales helados que endulzaban las tardes de la ciudad.

Hoy, cuando las heladeras industriales y el supermercadismo han cambiado por completo nuestras formas de consumo, rememorar la estampa de los hermanos Luccardi y su triciclo de "Nueva Pompeya" es mucho más que un ejercicio de nostalgia; es rendir homenaje a la cultura del trabajo genuino, al vínculo directo con la tierra y a esa calidez de barrio que ayudó a forjar la identidad de Gualeguay.

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