Juan L. Ortiz: El rumor del cosmos
Es una entrevista realizada por el periodista Mario Alarcón Muñiz al célebre escritor y poeta gualeyo, Juan Laurentino Ortiz, en el año 1975. La misma fue reproducida (y transcripta de un registro sonoro) en el suplemento cultural “Concordia en la cultura y las letras” –dirigido por el poeta Juan Meneguín- del Diario Concordia, 12.09.1988 y 02.10.1988.
—Don Juan, pienso que se siente muy cómodo en su Gualeguay.
—
Desde luego, sobre todo después de haberlo visto a Mastronardi a quien hacía
tiempo no veía, un poco mejorado, me refiero a lo que en Mastronardi es un
poco operante, es decir su espíritu, con gran ánimo.
—Además se ha encontrado con su paisaje de Gualeguay.
—
Eso es muy importante también...a pesar del tiempo, con ese cielo un poco
bajo...invernal y lluvioso. A pesar de eso, he podido, en fin, andar un poco
por la ciudad y sus alrededores... y siempre Gualeguay —como he dicho— sigue
tocándome, sigue emocionándome. Es la pura verdad: ya no se trata de un
interés por lo que podríamos llamar "adelantos", sino esencialmente
eso que es lo que envuelve a un pueblo, esa hermosura, dinamos espiritual, que
me parece...si no activa...sí operante, ¿no?, sobre todo en lo que se refiere
a mi sensibilidad —no sé si a otros le pasará lo mismo—. Gualeguay, como he
dicho siempre, me toca. Un paisaje recogido, Gualeguay representa dentro de
Entre Ríos esa especie de pausa de un paisaje casi danzante por las colinas, hondo
también. Recuerdo que González Tuñón lo ha llamado "el hondo
Gualeguay". Hondo es la palabra que corresponde".
Mastronardi
decía antes que era un paisaje —con respecto a Paraná —, clásico. Yo no diría
tanto, diría que es, simplemente, con respecto al de Paraná, más movido. Un
paisaje de éxtasis y para el éxtasis.
—Esta atmósfera de Gualeguay, por la que usted se siente influido, ¿puede haber influido en la cantidad de poetas, de autores, que ha dado esta ciudad?
—
Es muy posible. Recuerdo en este momento, aparte de Mastronardi (su "Luz de provincia" está bajo el
signo, podríamos decir de Gualeguay), a otros poetas, más o menos, de la
generación posterior, como Manauta, que tiene "La mujer de silencio",
toda penetrada de esta atmósfera. Las narraciones de Roberto Beracochea,
igualmente están muy circunstanciadas de ciertos aspectos, que pocos han
tocado, ¿no?, del paisaje...Roberto ha sido compañero mío, ha andado por
todo...ahora, desde luego, Mastronardi ha sido mi gran compañero en todas estas
aventuras por este paisaje, que para un extraño no tendría nada de atrayente,
pero que para nosotros era decisivo en el sentido de que podíamos conversar,
comulgar con él. Esa es la palabra, ¿no?, es un paisaje para la comunión, para
la amistad, si cabe la palabra.
—Yo recuerdo, Juanele. una mesa redonda que para mí fue sensacional, que se realizó aquí, con la participación suya y la de Mastronardi, de María Esther de Miguel, de Jorge Calvetti, de Carlos Alberto Alvarez hace casi tres años, con motivo del homenaje a Mastronardi, en la que se hablo precisamente de este tema, porque la mesa giraba en torno a la influencia del paisaje y de la infancia del poeta en la creación poética...Y recuerdo, también, que al hablar del paisaje y de la comunión con él, usted en aquel momento evocó un soneto que habían escrito con Amaro Villanueva, que comenzaba "No nos vamos del parque todavía...".
—
Justamente, justamente, sí.
Cómo no...Aparte de
eso, podría hacer un esfuerzo y recordar otro soneto, que sería así,
dedicado a Gualeguay después de ese largo poema de recuerdos que es
"Gualeguay”: "Erase una hondonada que el tiempo hiciera rosa, para
aspirar mejor los sentidos del cielo, y que desde el cielo, al fin, tal una mariposa,
diera en la misma flor hojeándose el anhelo. Erase esta gracia de su luz
pudorosa, ardiera como un alma sobre el oscuro suelo, aunque en llamas de
honores fuera ya numerosa y en la línea del vestro fosforeciese el vuelo. Erase
que las quintas sublimaran sus días, en las copas que alza el encuentro de
todo, cuando la noche el suyo puntea de concierto. Así haz de ti la futura
armonía, de ti la rosa lisa pero alada de modos. De ti la diademada por el
numen del huerto".
—Este poema, Juanele, es nuevo...inédito.
—
Sí, pero hace mucho que lo escribí...cuando escribí ese poema largo
(Gualeguay), pero luego lo modifiqué. Yo he dicho lo que recordaba; hay muchas
cosas que están un poquito más tocadas, en un orden, diremos, de la fidelidad
de la emoción, del sentimiento, ¿no?, como puede llamarse...porque el otro es
excesivamente extenso. Allí hay recuerdos de todos, de Mastronardi, de Manauta,
de las personas más populares de acá, de Huguito Ántola, Lili Locafarena. Y los
amigos que yo tuve, en los momentos de...diríamos...un poco de bohemia
orillera, si cabe la palabra, porque se daba en las orillas, allá en la casa
esa que está frente al parque, ahí donde yo viví mucho tiempo de soltero y
después de casado también, al que Mastronardi llamó el "Ateneo
ribereño".
—Don Juan, hábleme si esto no hiere su modestia, de lo que está realizando actualmente.
—
Bueno, estoy preparando, como le dije hoy...no...no estoy preparando, estoy
pasando en limpio ciertas cosas que tenía en borrador, traspapelados ahí, y que
irían en este cuarto tomo que anuncia ya la Vigil, ¿no? Donde estaría como la
continuación de ese poema "El Gualeguay", "Cuando el río me
ahogue"; bueno, ahí está la continuación: otra historia del río, otra
parte de la historia del río. Sí, otra parte. El río, ya se sabe, es el tiempo,
como el Gualeguay, que ha sido el protagonista casi más testigo de
tanta cosa de la historia nuestra, que la ha asistido
como desde abajo. Es una visión de la historia desde abajo, pero como la vería
por ejemplo el río, no el nivel de los hombres, sino el nivel de propiamente,
de la tierra, del tiempo.
"Bueno, eso, y otros poemas que después shan ido haciendo. Hay muchos, ¿no?, hay muchos...Unos justamente están dedicados a esta niña aquí presente, mi nieta...Uno, recuerdo, está referido a...yo recogí unas flores del parque... la noche anterior había llovido y estaba lleno de flores silvestres, estaba todo constelado de flores, lindísimo. Entonces yo junté muchas de ellas e hice un ramo y le dije: tenga este ramo y lléveselo a su abuelita. Muy bien, ella lo acepto, pero después, ¿saben lo que hizo esta niña? : Este...desarregló el ramo, separó todos los tallitos y los colocó donde estaban antes, ¿entiende?, es decir las restituyó a su lugar. Es decir, ella me dio una lección porque las reintegró a la tierra de donde yo las había arrancado....
Otra vez, yo tenía un gatito negro y ella era la primera vez que sentía roncar a los gatos. Como era muy manso, se lo acerqué a ella y él empezó a roncar. Y ella sintió una cosa extraña, lo vi en sus ojos, como...este...el rumor de algo que sería el gato, pero que iba más allá del animal.
Ya
se sabe que el gato está entre el cielo y la tierra. Más entre las
estrellas,...Entonces yo le acerqué y sintió ese ronquido y ella cambió la expresión,
con una emoción extraña, como si hubiera sentido el rumor, ¿sabe?, de las
esferas, del cosmos. Yo reproduje la expresión suya, de palidez, casi de pavor
cósmico, ¿sabe?, porque no decían otra cosa sus ojos.
Y
yo tengo un poema en que toca eso. es decir la sorpresa ante ese ronquido
porque eso tenía referencia a algo extraterrestre, el rumor cósmico, el rumor
que podrían hacer, dice por ahí Edgar Poe, a determinada altura, la rotación
de los astros, ¿me entiende?...Hacen una espacie de rumor sobre todo cuando se
va acercando a la atmósfera de cada planeta, de cada estrella....es muy posible
que sesienta el ruido del girar...Y entonces ese rumor de esos mundos, donde
cada puntito que vemos, más que ser el centro de una constelación es el centro
de un sistema, ¿no?, se siente...Y yo recordé ese cuento de Poe, "La
aventura sin par de Aspfall, y después otros autores, ya han hablado de ese
rumor...Es decir que no es el silencio del espacio absoluto de Pascal, sino el
rumor de la rotación de las esferas celestes, no sólo de las estrellas cercanas
sino aún más allá de ellas".
Bueno,
esos poemas están incluidos en ese libro, y son los que más he
trabajado...aunque no se si se puede hablar en el sentido de trabajo. Son cosas
que han salido, diremos así, y que han necesitado salir, ¿eh? La única
explicación, justificación de un poema, es que responde a una necesidad, ¿me
entiende?, una necesidad de lo más universal, la misma que tiene la tierra en
dar una florcita, un tallo de hierba, o de un insecto de pasearse entre las
briznas...lo mismo".
—Pero a pesar de eso, de cualquier manera Juanele, usted elabora sus poemas, estudia numerosos temas.
—
Desde luego, desde luego. Eso viene porque hay una parte, llamémosle
intelectiva, de conciencia más o menos artesanal que a pesar de uno interviene,
que va un poquito operando en toda esa radiación...en toda esa especie de donación,
sí, porque es casi una donación: la expresión de una necesidad donde interviene
el sentido artesanal porque, desde luego, nadie inventa la rueda, hay muchas
experiencias.
Hay
poemas hechos en épocas que da vértigo en cuanto a su lejanía, ¿no?, de
milenios, en que ha salido una poesía que hoy no nos deja de sorprender, ¿no?,
y sobre todo en las culturas precolombinas, no hablo ya de Oriente o las islas
del Pacífico, sino aquí mismo en América con las culturas anteriores a los
Incas, y aquí nomás cerquita, en el norte argentino, las guaraníticas, que no
dejan de sorprender aún a los europeos más alertas, más avezados, en que están
ahora impactados por la cosmovisión que revelan esas culturas en la época en
que existieron...
—A pesar de que usted dice que nadie inventa la rueda, Juanele, a pesar de eso, sin embargo dos de sus más aplicados exégetas, Hugo Gola y Alfredo Veiravé, coinciden en señalar que su poesía no tiene antecedentes ni reconoce encasillamientos en las líneas conocidas de la poesía argentina. ¿Usted qué me dice de eso?
—
No sé, mire...es posible...es posible, porque he sido muy curioso desde muy
chico he leído más o menos la poesía que se ha hecho en tocios los continentes;
diríamos, tuve la suerte de tener ciertas antologías que me dieron una visión…
así, diremos universal, de la poesía de todas las épocas, de todos los
continentes...de África, de Oriente, de América, aparte de la europea.
Indudablemente...si
hay originalidad se refiere a que es muy relativa también. Porque influyen
tantas cosas, en nosotros, que no son nuestras...se debe a que uno no hace más
que remitirse a la voz interior, a esa exigencia de ritmo y de expresión, que
está en todo y en todos los hombres. Y si todos se remitieran a eso fielmente
habría sorpresas, porque todos son originales. Todos tienen algo nuevo, porque
eso no se repite. Puede haber líneas más o menos de semejanza, pero la
originalidad yo creo que es muy relativa: nos debemos a todos, no solamente,
diremos, a la tradición llamémosle cultural, a la tradición poética con que
uno no puede dejar de contar, sino a la visión original, a la experiencia
original, que es Irrepetible, que es única en cada persona.
Lo
que pasa es que estamos Influidos por muchas cosas relativas a la retórica o a
cierta tradición más o menos retórica, que desgraciadamente todavía predomina
en cierta enseñanza original, no se
expresa como se espera que lo haga.
—Don Juan, la Editorial Biblioteca nos regaló hace un par de años su obra completa. "En el aura del sauce", muchos libros de los cuales ya estaban agotados y que ahora no solamente vuelven a publicarse sino además son traducidos a otros idiomas. ¿De cuántas traducciones tiene conocimiento usted?
—Tengo
del francés, hecha por esta señorita de Concepción del Uruguay...pero que no me
acuerdo en este momento (se refería a Susana Giqueaux); de otra de un muchacho
de Córdoba que esta, en Berlín, es decir que saldría en alemán. Al inglés está
también en preparación y, según me dijo un amigo, se está preparando una al
hebreo también. Aparte de otras, aunque no tengo la seguridad absoluta, al
griego, hechas por iniciativa de Yannis Ritszos....Del chino no tengo noticias,
pero es muy posible que circulen por ahí, porque yo dejé todo para traducirlo
cuando estuve allí...Ah, y el italiano, es cierto, porque Alberti me escribió
y dice que tentaría una traducción a esta lengua.
Juan, usted ha publicado desde hace cuarenta años; está considerado como de un primer nivel entre los líricosde habla hispana, ha sido traducido a varios idiomas como decíamos recién, y todo esto desde Entre Ríos. Fíjese que en la Argentina es común, no sé si en otros países así será, que para triunfar —llamémosle así— o para tener difusión de lo que uno realiza, lo que uno crea, hay que vivir en una gran capital, cerca de los grandes medios de comunicación, de los grandes salones, del ornato, y de todo ese mundo que se mueve en torno de la literatura. Usted lo ha hecho desde Paraná, o a partir de Gualeguay. ¿Por qué no se fue usted, en algún momento de su vida, a Buenos Aires?
—Viví
allí, en la adolescencia y conocí y frecuenté a Manuel Ugarte en esa casa de
la calle Rincón, pero no me atrajo, a pesar de...el estímulo que recibí de él.
Mi tiempo en Buenos Aires fue empleado o consumido en los libros que podía tener él de la Biblioteca Municipal y...y también, si cabe, como diríamos, conversando con amigos lectores que encontraba en la biblioteca y con quienes salía a caminar.
Pero
luego de esa experiencia porteña, que para mí significó un contacto con cierto
ambiente social—me refiero a los grupos de la izquierda que entonces ya
actuaban—, y que me permitió conocer a mucha gente que yo admiraba por su vida
y qué sé yo... fuera de eso, Buenos Aires no me atrajo, y como tenía una gran
nostalgia por Entre Ríos, en cuanto pude volví. Ahora, siempre recuerdo una
cosa de Antonio Machado, respecto de esto, que la vida en provincia, sobre todo
para un poeta, es un poco difícil en el sentido del intercambio, de la
comunicación (en cuanto a las experiencias), con otros amigos... pero que a la
vez esa vida es la piedra de toque de la verdadera vocación, en este sentido:
de que como uno no tiene con quien intercambiar o comunicar, se remite uno a
la respuesta, muy ilusoria, pero que puede ser significativa, del ambiente,
las cosas, los árboles, el río, con los que uno no tiene problemas en
comunicarse.
La
necesidad de comunicación es como la necesidad de alternar, es como la
necesidad de verse —con la carga de vanidad que tiene eso. ¿no? —muy inocente y
muy imprescindible— de verse en un espejo. Es decir que uno tiene que
contrastar lo que uno hace con la opinión o con la impresión de otro. Si se
puede prescindir de eso y remitirse nada más que a esa respuesta que pueden
darle —ya le digo, un poquito, vaga, pero que puede ser muy importante—, las
cosas o el ambiente, entonces esa vocación, esa orientación, está a salvo de
muchas cosas...
"Yo
no lo sabía, pero después comprobé que desde lasprimeras cosas mías estaba la
mención del infinito. Antonio Machado dice que justamente esta contrastación
con el infinito es la piedra de toque de una vocación fuerte… Nopodría decir lo
mismo respecto de mí, pero sí me una experiencia que yo tuve: no sentí la
necesidad de verme en ese espejo amical y cómplice, diremos, en cierto
modo...Sentí que lo que hacía debía de hacerlo, y que de acuerdo a la
experiencia que yo podía tener, en otro sentido, por las
lecturas...este...podía prescindir de esa comunicación o de ese intercambio
con otra gente.
Sentí
que lo que yo podía hacer era lo que íntimamente, siendo fiel a mí mismo, yo
hacía. Me di cuenta de que el juicio de los camaradas era muy relativo porque
dependía de muchas cosas... ¿sabe?... de la estética, la sensibilidad del
momento, llamémosle gusto, si se quiere, los prejuicios estéticos, o líricos,
en este caso. Sentí eso: que todo era muy relativo porque, yo veía que pasaba
un escritor que era famoso, pero que a las vueltas del tiempo, dentro de dos o
tres años, era olvidado...
Bueno,
eso no me importó mucho, porque lo que me importaba era ser fiel a mi mismo...Y
sobre todo conociendo ya algo de la poesía universal, no digo todo, sino algo.
Conocía más o menos algo de lo que ya se había hecho, la poesía popular, y
sobre todo la poesía, yo no diría ""culta" ni
"popular" porque yo no creo en esa distinción) que había sobrevivido
y que todavía aparecía en algunas antologías de todas partes del mundo, y de
todas las épocas, que yo conocía más o menos. Después he ido un poco ahondando
este conocimiento... pero me interesó mucho el Oriente, eso sí, ahí yo
encuentro cierta afinidad, ¿me entiende?
Yo
conocí, por ejemplo, antes de citar a Darío, a Li-Po; del siglo VIII, de la
Dinastía T'Ang. Yo conocía eso ya traducido no recuerdo por quién, y lo mismo
de otros poetas, de Tu-Fu, en fin... y de la India también a través, eso sí, de
Tagore, quien gracias al Premio Nobel, en 1916, hizo conocer bastante la poesía
de Bengala, ¿no?, del oriente de la India, que es una poesía de primer
orden. Después vino la poesía de África
y luego la poesía precolombina, que
para mí
fue la cosa más sorprendente, ¿no?...la poesía que
tenemos aquí a pocas leguas...en el norte de la Mesopotamia —la guaranítica—, y
luego desde el norte del país. Una poesía obviamente oral, toda, pero que
era... era actuante, operante, ¿no?, porque la vida de ellos se desarrollaba
con las ceremonias, y donde traducían en sus cantos a los mejores poetas que
tenían en la tribu...Por ahí, me parece que en "La rama dorada", hay
unas cosas sobre "los signos del fuego", que fue una de las primeras
cosas que yo conocí de la poesía guaraní, que me maravillaron... Es decir, me
interesó la poesía por lo que significaba poesía. Y me interesó porque lo que
yo podía hacer tenía que ser siempre relativo, porque ante esos ejemplos de una
poesía tan lograda, lo que yo podía hacer era insignificante; pero sentía que
siendo fiel a mí mismo podía dar alguna nota como la da...diremos así...la flor
más perdida o más humilde de cualquier lugar...así, ¿me entiende? Bueno...no me
interesó nunca la vida literaria de Buenos Aires, muy pesar mío. "Usted
sabe que en 1914, estando yo allí, Salvadora Medina, la mujer de Botana,
escribió una nota sobre mí muy simpática, en fin. Pero aún eso, y teniendo a
Manuel Ugarte, no sentí la necesidad de hacer lo que llamaríamos "vida
literaria" y eso que existía todavía y existe aún hoy el "Café de
los Inmortales", en la calle Corrientes,..Y de Gualeguay estaba allá
Juan Cruz Miguens, que tiene
"Cuentos de
colores", hermosísimo libro, y que
trabajaba en "La Prensa" cuando Enrique Banchs era ascensorista de ese diario, con un sueldo
de 30 pesos, y aún cuando ya habiendo publicado "Las barcas", es
decir con una vida de lo más digna que puede darse —como
Mastronardi— en Buenos Aires, donde prima, como quien dice,
la "moral del codazo"... Bueno...había un gran movimiento anárquico,
que estaba en auge... pero no me atrajo, como dije, y terminé los contactos con
mucha gente que era colaboradora de "La Protesta", el diario
anarquista, que eran escritores de primer orden... pero todo ese mundo
literario, no me atraía... como dije-
—Pero a pesar de todo eso, su trayectoria ha obligado actualmente a que gente de Buenos Aires viajara a Paraná para conversar con Juanele Ortiz.
--Sí,
es cierto, continuamente vienen de Buenos Aires y de otros lugares... que me
sorprende -y... no puedo menos que recibirlos con mucha simpatía y
agradecimiento... pero, sabe... no deja a veces, a veces de... ponerme un
poquito nervioso...
— ¿Por qué?
—Porque
resulta que el tiempo, para mí, es cada vez más precioso, ¿me entiende?,
porque está uno cerquita del hoyo y tiene que... por lo menos... dar su
vocecita, igual que todas las cosas que nacen para dar lo que tienen que dar,
como esas florcitas, usted habrá visto, que tienen unos pétalos de miniatura,
y que sólo sobresale, no su perfume sino su colorcito... Bueno, ellas viven un
día o dos y luego marchitan, pero en esos días dejan su alma, más que su voz o
su perfume...En fin... Casi que lo que yo he hecho ha sido en cierto modo
autobiográfico no confidencial. No me ha atraído eso que marcó ciertos rumbos,
a pesar de que los he admirado mucho, de la época de Oliverio Girondo, todo eso
que era muy importante como renovación en la expresión poética, la ruptura de cánones y de otra manera de
nacer poesía... pero no me atrajo y yo seguí como el grillito ese que dale que
dale con su "solo", sobre el filo de cada estación... ¿no?; que
apenas se siente...
Yo, con el tiempo comprendí —aunque en ese momento no tuve conciencia— de que eso me había salvado, ¿no?, en ese sentido, porque no impugno de ninguna manera la comunicación, el intercambio, lo que se llama todo eso de "estrategia literaria , ¿no?. Valery mismo tiene un ensayo de la función de las escuelas, de los grupos literarios, que tienen su función...Ahora, para un poeta de provincia, como dice Antonio Machado, que no tiene más que el infinito, para mirarse, si cabe, con el infinito, ese intercambio, ese reflejo en otros aspectos es prescindible, me ¿entiende?, puede perfectamente pasarse sin él.
—Juanele, dentro de las cosas importantes que usted ha dicho en esta entrevista, mencionó que no cree en la diferencia de poesía culta y poesía popular. Quisiera que sobre el final de la nota me hable usted de eso.
—A
veces la poesía popular es poesía culta tomada por el pueblo y rehecha ¿no?,
ésa es una de las paradojas del folklore. A veces, así, en las culturas muy
evolucionadas pasan al pueblo ciertas cosas que son de las clases más
avanzadas, diríamos así, más alertas o más concienzudas...bueno, pasan al
pueblo, pero éste a su vez las recrea.
Uno de los aspectos del folklore es eso. Otra cosa es que la poesía popular funciona, diremos así, en esencia, si cabe hablar, con el mismo resorte; o responde a las mismas determinaciones que la poesía culta. En este sentido: que el poeta culto, por más conocedor que sea, tiene que remitirse, tiene que olvidar, en el momento en que siente la necesidad de escribir, de todo lo que sabe y remitirse a eso... y eso a lo que se remite él, es, en cierto nivel apenas mas conciente que lo que hace el pueblo allá, si cabe, en otro nivel, instintivamente. '
Yo
diría que esta diferencia es la propia diferencia entre la poesía de los niños,
que es maravillosa y genial a veces, con la poesía del adulto. Los chicos
tienen un modo de asociación y de invención idiomática, a veces, tan
sorprendente como la de los poetas más revolucionarios, en el sentido ese del
idioma, ¿no?... Ahora, el poeta tiene que olvidarse. Es decir que el poeta se
coloca, por más culto que sea, en la misma tesitura del poeta inocente, que no
sabe nada, que solamente canta porque, como dice por ahí el Martín Fierro,
porque se encuentra solo, o...para responder a la soledad o a cierto pavor o
sorpresa, que lo rodea...El pueblo siente eso, y entonces canta en la soledad.
Yo
he escuchado esos cantos de la Quebrada de Humahuaca, que han sido recogidos
por Leda Valladares y hablando con ella nos hemos preguntado cómo han nacido
esos cantos... pero hay una evidencia ahí hispánica, que no se puede negar, en
cierto modo. Pero hay otra más profunda todavía de una tradición oral que
viene del aymará o del quechua...que está, que opera y que en el momento ese
del canto, sale, sin que ellos se den cuenta, a veces sorprendiéndolos a ellos
mismos. Y bueno, ahí está algo del inconsciente colectivo o los estratos
fundamentales del hombre que en determinado momento por el amor, la sorpresa o
el azoramiento, salen a la luz con los mismos impulsos del poeta que se llama
"culto". En ese sentido, el nivel creativo tiene muchos puntos de
contacto; igual que la del místico con el poeta, que tiene que olvidarse de
toda teología, de toda doctrina, porque en ese momento está comunicándose con
el Dios. Como en el caso de los místicos cristianos, que han sido geniales y
que justamente tenían eso del hombre primitivo, que nosotros decimos,
peyorativamente, "ignorante", pero justamente, a favor de esa
ignorancia, que no tenían inhibiciones, como eso que está en todos salía. Ahí
está la paradoja de la cultura, tal como lo dice Levi-Strauss.
Y
si no ¿cómo se comprendería la poesía popular, cómo aparecería? En África, los
pigmeos tienen una poesía de primer orden, sencillamente sorprendente.... y
ni que hablar, por ejemplo, de la poesía quechua, que es anterior a la
incaica, o la maya y la azteca, aún contrastándola con la más antigua poesía
oral de China, que ha recopilado Confucio... aún por más que uno al escribir
asuma su conciencia individual, porque no hay que considerar la conciencia
como un absoluto, porque hay cosas que están por encima de ella, por encima de
la inteligencia, digo.
Pueblos
que no tuvieron una cultura basada en la escritura, que sus tradiciones y sus
conocimientos se transmitían oralmente han dejado una poesía y un arte
elevadísimo, lo cual nos indica que hay cosas, en el sentido de la creación,
que son paralelas, pero que no se oponen, que da por un lado lo académico (que
tiene cierta sanción, se apoya en una tradición) y por el otro, lo llamado
"popular", profundo y remitido, diremos así, al ángel o al demonio.

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