Un 13 de mayo de 1974, un sueño comenzaba a tornarse posible gracias al empeño de hombres y mujeres, cuyos ideales trascenderían más allá del tiempo. Comenzaba a arder la llama que, paradójicamente, jamás habría de apagarse. Nace en nuestra ciudad la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Gualeguay.
La doctora María del Carmen Rodríguez Vivanco, en su condición de abogada, ofrecía sus servicios profesionales para todo lo que concierne al asesoramiento legal, redacción de estatutos, organización, etcétera. Los bomberos voluntarios de Lanas, provincia de Buenos Aires, respondió a la requisitoria de brindar su experiencia en el tema. La dirección de institutos penales de Entre Ríos se mostraba dispuesta a facilitar el sector este de la unidad penal sobre calle Misiones, entre Primer Entrerriano y Pellegrini, para su funcionamiento, aunque fuese precario del cuartel. Varias personas, en su mayoría jóvenes, manifestaron deseo de incorporarse al cuerpo.
La escuela técnica número uno, Vialidad Provincial, el taller mecánico El Negro y la empresa de ómnibus Ciudad de Gualeguay, se anotaban entre los primeros y decididos apoyos recibidos por el significativo proyecto. Sin embargo, el objetivo no se cristalizó en manera inmediata. Pasaron varios meses de entrevistas, gestiones y tareas previas, hasta la convocatoria a una asamblea pública con el propósito ya firme de constituir la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Gualeguay.
Fue el 13 de mayo de 1974, a las 20.30 horas, en la compañía de seguros Hermes, el acta designa la asistencia de notables vecinos, quienes de común acuerdo, aprueban los estatutos y se designa la primera comisión directiva. La sociedad estaba en marcha. Era necesario concretar su organización, inscribir y preparar los bomberos voluntarios, equipar al cuerpo con vehículos y elementos apropiados y obtener el debido asesoramiento de otras entidades similares. Así, paulatinamente, en todo caso con cierta lentitud, en algunos aspectos, pero con seguridad se avanzó.
Contrariando con los planes iniciales, la dirección de institutos penales dio marcha atrás y no autorizó la instalación del cuartel en su dependencia local. El tropiezo obligó a buscar otro lugar para el asentamiento del cuerpo y se logró así la sesión temporaria del inmueble ocupado por el Círculo de Pilotos General San Martín, ubicada por entonces sobre la ex Avenida Reconquista, hoy Presidente Perón. Adaptar su hangar y su asentamiento, y demás dependencias, a las exigencias de un cuerpo de bomberos con guardia permanente, lo que incluía garaje, depósito de agua, taller, cocina, dormitorio, oficina de guardia, fue una tarea frente al tesón de aquellos iniciadores. Simultáneamente se multiplicaban las gestiones para dotar al cuerpo de una autobomba adecuada a las exigencias de la ciudad en crecimiento.
Esto se logró en 1976, cuando el cuartel de la ex avenida de Reconquista, estaba ya listo para albergar unidad y posibilitar su funcionamiento pleno. Un subsidio de 30 millones moneda nacional, otorgado por el gobierno provincial, fue el punto de partida para la compra de la primera unidad. Para poder completar el pago de la misma, que ascendía a 130 millones de la moneda referida, se tuvo que apelar a préstamos bancarios otorgados personalmente a miembros de la comisión directiva. En agosto de 1976, logró así la sociedad su autobomba 1, Ford F600, de 5.000 litros de capacidad. Casi de inmediato, la Jefatura de Policía Departamental transfirió su vieja unidad, señalada en adelante como autobomba número 2, motivo por el cual se considera ese año como el del despegue definitivo de la institución. A esas incorporaciones, se sumó la decisión de la Municipalidad de Gualeguay, cediendo el terreno situado 25 de mayo y Tagnar, para edificar allí el cuartel definitivo de los bomberos voluntarios.
Si bien varias intervenciones en incendios, accidentes, rastreos del río tras la desaparición de personas en sus aguas, traslado de enfermos a auxilios diversos, habían corroborado la eficiencia del nuevo cuerpo, éste no había afrontado así, al comenzar en 1977, un verdadero bautismo de fuego. Es decir, dura lucha sostenida frente a un siniestro implacable. Pareciera que el destino hubiese estado aguardando que el cuerpo alcanzara un mediano equipamiento y sus hombres cierta experiencia, para probar a los hombres de Gualeguay ante una circunstancia verdaderamente difícil y peligrosa. Y esto ocurrió en la tarde del caluroso 6 de febrero de 1977. A las 14.45, se advirtió en un depósito comercial atestado de mercaderías propiedad de Emilio Aschkar, sobre calle Belgrano y Colón. Pronto el depósito se transformó en una inmensa hoguera, pese a la premura a la que acudieron los bomberos, el fuego devoraba todo, por momentos aumentaba y amenazaba con derrumbar el edificio y propagarse inmuebles linderos. Mientras se requería el apoyo de los bomberos voluntarios de Gualeguaychú, el cuerpo activo de Gualeguay luchaba denodadamente con el apoyo de una ambulancia, médicos y enfermeros presentes allí, para auxiliar a los jóvenes bomberos que experimentaban los efectos del humo y el intenso calor. Las explosiones de los envases se sucedían dando un matiz más dramático a la situación, hasta que el fuego, al caer la tarde, había sido circunscripto. La lucha cesó recién a la medianoche con pérdidas cuantiosas, por su parte impensada por aquellos hombres que materializaron un sueño que hoy permanece arraigado y vivo en los corazones del pueblo de Gualeguay. Los bomberos de Gualeguay habían alcanzado en esa tórrida jornada su mayoría de edad.
Hoy la Sociedad de Bomberos Voluntarios de Gualeguay es una institución emblemática, siendo el cuartel cabecera de la región, prestando servicio dentro y fuera de su jurisdicción, siendo uno de los cuarteles más importantes dentro de la provincia de Entre Ríos y referente a nivel nacional. Su constante crecimiento, equipamiento, capacitación profesional es un orgullo de su comunidad, la cual con su invalorable y constante colaboración se consolida como uno de los pilares sobre los cuales se erige en lo alto el ideal de quienes dejaron su impronta imborrable a través del tiempo. Modernas instalaciones, inversión en obras de infraestructura, renovación constante del parque automotor, realización de eventos sociales, capacitación y entrenamiento de sus efectivos y para la comunidad, una administración sólida y transparente, son sello indeleble y estandarte de nuestros hombres.
El día 2 de junio se conmemora en todo nuestro territorio el Día Nacional del Bombero Voluntario. En esta ocasión hacemos un homenaje a quienes formaron, forman e integrarán las filas del cuerpo activo, personas de espíritu noble y abnegado, quienes en forma anónima se constituyen en alerta centinela y tienden sus manos a todos, sin esperar recompensa alguna.
Que no se extinga jamás la llama gloriosa que vive en nuestros corazones. Recuerden que siempre que el deber nos llame, estaremos presentes.
Bomberos Voluntarios de Gualeguay, provincia de Entre Ríos, al servicio de la comunidad.









































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