Gualeguay: 243 años de historia y un legado cultural que perdura

Desde su fundación, el 19 de marzo de 1983, hasta su consolidación económica y cultural en el siglo XIX, Gualeguay —la primera ciudad entrerriana en fundarse— forjó una identidad marcada por la organización institucional, el impulso productivo y un valioso patrimonio arquitectónico que aún hoy define su esencia. Sin embargo, aquel proceso de crecimiento —intensificado hacia fines del siglo XIX y extendido hasta mediados del siglo XX— no logró sostenerse plenamente en el tiempo.

El presente artículo reúne aportes de diversos autores, historiadores locales y documentos oficiales, con una mirada que recupera, además, el acervo cultural y la idiosincrasia gualeya.

Los primeros asentamientos

Hacia 1750 se registra un primer asentamiento estable a unos 15 kilómetros al sudoeste de la actual ciudad, en el paraje conocido como “Capilla Vieja”, sobre la ribera del arroyo Clé. Allí se establecieron pobladores de origen europeo —principalmente vascos, portugueses y unos pocos ingleses, como los hermanos Agustín y Carlos Wright— provenientes de La Bajada (actual Paraná), Santa Fe y Buenos Aires, atraídos por la fertilidad de las tierras y la abundancia de agua y pasturas.

En 1778, el reglamento de libre comercio impulsó el desarrollo económico regional, favoreciendo la instalación de graserías, curtiembres, saladeros y pequeñas manufacturas, como fábricas de velas y jabones.

Al año siguiente, durante su primera gira pastoral, llegó a la zona el obispo de Buenos Aires, monseñor Sebastián Malvar y Pinto. Tras tomar contacto con los pobladores y advertir sus necesidades espirituales, promovió la creación de una parroquia, dado que la más cercana —ubicada en La Bajada— se encontraba a unas 60 leguas. La solicitud fue aprobada el 3 de julio de 1780, y meses más tarde fue designado como primer párroco Francisco Andrés de Quiroga y Taboada.

Fundación y organización urbana

El primer núcleo poblacional se asentó en “Capilla Vieja”, hoy considerado un hito fundacional de gran relevancia histórica. Sin embargo, las inundaciones recurrentes y el deterioro del primitivo templo motivaron al párroco Quiroga y Taboada a trasladar la capilla hacia la zona de la Cuchilla (actual Primer Distrito). La decisión, adoptada sin consenso, generó resistencias entre los vecinos, quienes además mantenían una disputa sobre el patrono del lugar: mientras el sacerdote proponía a San Sebastián, la comunidad defendía la advocación de San Antonio.

El conflicto derivó en una consulta promovida por el Cabildo de Santa Fe, en la que los pobladores eligieron a San Antonio, en un hecho de notable carácter participativo para la época. Finalmente, Tomás de Rocamora intervino para resolver la situación, desaconsejando el emplazamiento elegido por el párroco por su lejanía de las vías de comunicación, y proponiendo la fundación en el sitio actual.

Así, en enero de 1783 comenzaron las tareas de desmonte y trazado de la plaza principal —hoy Plaza Constitución— siguiendo el modelo de damero establecido por las Leyes de Indias. A su alrededor se dispusieron las primeras instituciones: Cabildo, Comandancia, Cuartel, Iglesia y Cárcel. El 19 de marzo de 1783, tras la celebración de una misa, quedó formalmente fundada la Villa de San Antonio del Gualeguay Grande.

Bruno Alarcón: El Tambor de la Libertad

Nacido en 1780, Bruno Alarcón fue un soldado gualeguayense que recorrió el continente bajo las órdenes de los máximos libertadores de América. Su vida es un testimonio de lealtad y resistencia, extendiéndose por un siglo exacto.

A los 36 años se incorporó al Ejército de los Andes. Cruzó la Cordillera en 1817 y desempeñó el rol de Tambor Mayor de Órdenes del General José de San Martín. Estuvo presente en los enfrentamientos decisivos para la independencia de Chile: Batalla de Chacabuco; Batalla de Cancha Rayada y Batalla de Maipú.

Bartolomé Zapata: El caudillo olvidado

Fue un hacendado de Gualeguay que, pese a ser ignorado por la historia oficial, se convirtió en el primer líder entrerriano en levantarse contra el dominio español en nuestras tierras tras la Revolución de Mayo de 1810.

Aunque las villas entrerrianas (Concepción del Uruguay, Gualeguaychú y Gualeguay) se adhirieron inicialmente a la Junta de Mayo, fueron rápidamente invadidas por fuerzas realistas provenientes de Montevideo al mando del capitán Juan Ángel Michelena. Se implantó un régimen de terror y persecución contra los partidarios de la revolución.

A fines de 1810, Zapata comenzó a reclutar hombres en el campo. Con el apoyo logístico del coronel Martín Rodríguez (quien le otorgó 25 soldados), inició una guerra de guerrillas. A su causa se sumaron figuras que luego serían claves, como un joven Francisco Ramírez, y otros héroes hoy anónimos.

En una campaña relámpago a principios de 1811, Zapata logró hitos fundamentales para la causa patriota. El 18 de febrero recuperó Gualeguay con solo 52 gauchos; el 21 de febrero tomó Gualeguaychú por sorpresa y el 7 de marzo entró en Concepción del Uruguay tras la huida de los realistas hacia Montevideo.

Crecimiento y transformación

Durante el siglo XIX, Gualeguay atravesó una profunda transformación. De aldea rural pasó a convertirse en un dinámico centro económico, impulsado inicialmente por la ganadería y, más tarde, por la agricultura favorecida por la inmigración europea.

En 1851, el general Justo José de Urquiza elevó la villa al rango de ciudad. En 1866 se inauguró el Ferrocarril Primer Entrerriano, que unía Gualeguay con Puerto Ruiz, facilitando el transporte de mercancías y consolidando a este último como uno de los principales puertos de la provincia.

Hacia fines del siglo XIX, la ciudad evidenciaba notables avances en infraestructura y organización urbana: adoquinado de calles, obras sanitarias, comunicaciones, instituciones educativas, desarrollo comercial, entidades financieras y asociaciones civiles propias del modelo agroexportador. Paralelamente, florecía una intensa actividad industrial con saladeros, curtiembres, molinos y aserraderos.

En 1873 se creó la Municipalidad de Gualeguay, siendo Francisco Aguirre su primer intendente. Años más tarde, en 1908, se inauguró el actual Palacio Municipal. Normativas urbanas como la obligatoriedad de ochavas en las esquinas (1874) contribuyeron a delinear el perfil urbano de la ciudad.

Escuela Castelli: emblema educativo

Fundada por orden virreinal en 1794, la Escuela Castelli es la institución educativa más antigua de la ciudad. En sus inicios funcionó bajo el nombre de Escuela Pública Católica, vinculada a la parroquia San Antonio.

Con el tiempo, evolucionó hacia un modelo educativo más amplio: en la década de 1870 fue reconocida como escuela pública y, en 1893, adquirió el carácter de Escuela Graduada Mixta Modelo.

Su actual edificio comenzó a proyectarse en 1902, bajo la dirección del ingeniero Juan Buschiazzo (h), y fue inaugurado en 1910. En 1912, en el marco del centenario del fallecimiento de Juan José Castelli, la institución adoptó su nombre definitivo.

Desde la década de 1950, el establecimiento alberga también a la histórica Escuela Cristóbal Colón, destinada a la educación primaria de adultos.

El ferrocarril y el pulso económico

El ferrocarril fue clave en la expansión económica de Gualeguay. La línea inaugurada en 1866 en la estación que funcionaba en calle 3 de Febrero y Rivadavia, donde permaneció hasta 1926 y luego fue reubicada en el predio ferrocarril donde actualmente está emplazado el Corsódromo Municipal.

El tren permitió integrar la producción local a los circuitos comerciales nacionales e internacionales. Con el tiempo, el sistema ferroviario atravesó distintas etapas, desde su expansión hasta su nacionalización en 1948, y posteriormente su declive hacia fines del siglo XX, con el cierre de ramales.

Teatro Nacional

A finales del siglo XIX, Gualeguay contaba con un centro cultural de primer nivel que reflejaba la prosperidad de la época, ubicado en la actual calle San Antonio Sur 172.

La iniciativa surgió en 1882 de la mano de los filántropos Antonio Medina y Juan Bautista Chichizola. El objetivo era reemplazar al modesto Teatro Rocamora (de la Sociedad Española) por un edificio imponente. El teatro fue construido íntegramente en maderas nobles (roble, nogal y cerezo), lo que le otorgaba una estética majestuosa pero también una alta combustibilidad. Podía albergar unas 700 personas, siendo un punto de reunión clave para la sociedad de la época.

El 3 de marzo de 1910, apenas 19 años después de su inauguración, un incendio cuya causa nunca se esclareció (se sospechaba tanto de un accidente como de un acto intencional) destruyó el edificio. Debido a su estructura de madera, el teatro se redujo a cenizas en solo dos horas y media. El fuego se propagó a edificios vecinos, afectando gravemente la casa de Darío González Calderón (actual Jockey Club) y el antiguo Hotel de Londres. Los vecinos intentaron sofocar las llamas con baldes y bateas, pero el esfuerzo fue insuficiente.

Conflicto del Regimiento “3 de Caballería” y la Sociedad Rural

El núcleo del problema fue la ocupación del predio de la Sociedad Rural Gualeguay (SRG) por parte del ejército, una situación que comenzó como un favor temporal y terminó en una crisis institucional.

La SRG, fundada en 1898 ofreció en 1913 su local social (ubicado donde hoy funcionan la Escuela Técnica Nº 1 y el CEF Nº 2) como alojamiento provisorio para el Regimiento “3 de Caballería”. Sin embargo, el regimiento se instaló de forma casi definitiva, impidiendo el funcionamiento de la entidad rural.

Con el paso de los años, la falta de un local propio generó conflictos internos y desencuentros graves en la comisión directiva de la SRG. Inactividad: La Sociedad Rural dejó de prestar servicios a sus socios, afectando la producción ganadera de la zona.

Reclamo de desalojo (1918): Un grupo de socios gestionó la devolución del local, logrando que el Ministerio de Guerra anunciara el traslado del regimiento. La polémica popular. El anuncio del traslado dividió a la opinión pública de Gualeguay: Bando Pro-Regimiento: Formaron una comisión para impedir que el ejército se fuera de la ciudad, presionando a la SRG para que retirara el pedido de desalojo. Bando Pro-Propiedad: Defendían el derecho de la Sociedad Rural a recuperar sus instalaciones.

Finalmente, la SRG cedió a la presión popular y permitió que el regimiento se quedara por tiempo indeterminado, lo que provocó la virtual desaparición de la institución rural por falta de actividad.

En 1922, ante una crisis ganadera, la SRG se reorganizó y tomó una decisión drástica para resolver el conflicto: vender el predio al Estado. La venta se concretó en 1936 tras gestiones con Agustín P. Justo.

La ironía final: A pesar de todos los esfuerzos y sacrificios de la Sociedad Rural para que el regimiento se quedara, en 1943 la unidad militar fue finalmente trasladada a la ciudad de Gualeguaychú, dejando a Gualeguay sin regimiento y sin su predio original.

Perfil industrial:

Durante la segunda mitad del siglo XX, la ciudad incorporó instituciones propias del Estado de bienestar, aunque comenzó a evidenciarse una retracción de la actividad industrial tradicional. En la década de 1980, Gualeguay, mantenía aún un entramado industrial diversificado, con empresas vinculadas a la metalurgia, la gráfica, la cerámica, la alimentación y la manufactura. En este sentido, podemos mencionar que el perfil industrial se conformaba principalmente por Rolling Forms (formularios para sistemas de computación), Tecnografic (cuadernos y repuestos escolares), Cerámica Gualeguay (vajillas domésticas y objetos ornamentales), CERSA (calzado deportivo), Meda Hnos. (acoplados), Metaltech (estructuras metálicas), Muky (fábrica de autos de juguete), Frigorífico Juchco (elaboración de carne equina), Frigorífico Soychú (faenamiento de aves), Molino Arrocero Gualeguay, Molino Harinero José María (ex Santa Luisa), Molino Druetta (elaboración de maíz) y Manufactura Peletera Gualeguay (pieles), además de numerosas industrias menores en las que se fabrican acumuladores, bloques de hormigón, muebles, bombillas, dulces, lácteos, embutidos, envases de polietileno, material gráfico, artículos de hierro, hojalata, mosaicos, pastas, bebidas gaseosas, productos de panificación, etc. En la actualidad, la mayoría de las mencionadas empresas sólo forman parte de un recuerdo nostalgioso.

En años más recientes, se sumaron nuevas infraestructuras, como la Terminal de Ómnibus (1999) y el Corsódromo (2005), contribuyendo a su anhelado perfil turístico, especialmente a través de los carnavales. En este sentido, hay que sumarle la Fiesta Provincial del Asado y la Galleta, entre otras celebraciones populares y masivamente convocantes.

No obstante, la ciudad ha debido enfrentar reiterados desafíos hídricos. Grandes inundaciones se registraron en 1905, 1955, 1959 y 1983. Si bien en 2006 se completaron las defensas contra crecidas del río, en 2007 y nuevamente en 2024 se produjeron importantes anegamientos por lluvias intensas y desbordes de arroyos internos.

Capital cultural

El 23 de enero de 2015, la provincia de Entre Ríos declaró a Gualeguay como “Capital de la Cultura”. Desde el siglo XX, la ciudad ha sido cuna de una notable producción artística y literaria.

Entre sus figuras más destacadas se encuentran Juan L. Ortiz, Carlos Mastronardi, Emma Barrandéguy, Juan José Manauta, Amaro Villanueva y Alfredo Veiravé, Eise Osman, entre otros referentes de las letras, y en la actualidad siguen vigentes Elsa Serur y Tuky Carboni. En las artes plásticas sobresalen Cesáreo Bernaldo de Quirós, Aself Bichilani, Derlis Maddonni,  Antonio Castro, KCHT González, junto a numerosos artistas que enriquecieron la escena local.

También han dejado su huella figuras como Juan Bautista Ambrosetti, considerado el Padre de la Ciencia Folklórica Argentina, y el prestigioso historiador y abogado, Leoncio Gianello.

En el ámbito musical, Gualeguay ha dado numerosos cantores y compositores, mientras que el payador Adolfo Cosso permanece como una figura emblemática de la tradición oral.

Asimismo, la ciudad ha proyectado artistas de la actuación y periodistas de alcance nacional, como Paulo Kablan y Joaquín Pinasco.

Deporte y política

Gualeguay también ha sido cuna de destacados deportistas, especialmente en el fútbol. Entre ellos sobresalen Jorge Burruchaga, Ramón Ismael Medina Bello y Lisandro Martínez, protagonistas en escenarios mundialistas.

En el plano político, la ciudad dio tres gobernadores consecutivos a la provincia: Miguel Laurencena (1914), Celestino Marcó (1918) y Ramón Mihura (1922). Asimismo, Luis Rafael Mac Kay se desempeñó como ministro de Educación durante la presidencia de Arturo Frondizi.

Enrique Telémaco Susini: un pionero

Fue una figura excepcional de proyección internacional en el siglo XX. Enrique Telémaco Susini fue médico, periodista, emprendedor y pionero de la radiodifusión y la televisión. También incursionó en el cine y el teatro, donde dirigió numerosas obras. En 1920, integró el mítico grupo de “Los Locos de la Azotea” y fue Telémaco, precisamente, quien expresó las primeras palabras en radio a nivel mundial.

Patrimonio arquitectónico: la memoria en pie

La identidad de Gualeguay también se expresa en su patrimonio edilicio. Edificios emblemáticos como el Hospital San Antonio, los Tribunales, la Jefatura de Policía, la Escuela Castelli, el ex Banco Italia y Río de la Plata, el Club Social, el Jockey Club, la Biblioteca Popular y la parroquia San Antonio reflejan distintas etapas históricas y estilos arquitectónicos.

Más allá de su función, estas construcciones constituyen símbolos de la memoria colectiva. Su preservación resulta esencial para fortalecer el sentido de pertenencia y mantener viva la historia local.

Una identidad en construcción

Desde su origen colonial hasta su consolidación como ciudad productiva y cultural, Gualeguay es el resultado de múltiples procesos: decisiones políticas, dinámicas sociales, aportes inmigratorios y proyectos comunitarios.

Esa construcción histórica permanece vigente en sus calles, en sus instituciones y en su gente, proyectando hacia el futuro una identidad profundamente arraigada en su pasado.

Reflexión:

También es necesario el replanteo de los conceptos de comunidad y de convivencia dado que en las últimas décadas, a mi modesto entender, ha predominado un sentido individualista, de segmentación y separación, que no ha permitido un crecimiento sólido y sostenido de la ciudad en sus diferentes aspectos: político, económico, social, cultural, deportivo, etcétera.

 

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