Así nació Gualeguay: “…la aldea, de calles polvorientas, de vivir lento…”
Tras la fundación de Gualeguay el 19 de marzo de 1783, el plano trazado por Rocamora se vitaliza, adquiere movimiento, palpita, dando curso al nuevo transcurrir de sus habitantes, a las vivencias internas y externas de aquello que, con simplicidad, habían levantado con sus propias manos: la vivienda.
Las manzanas, de 80 varas por
lado (aproximadamente 67mts) se dividieron en cuatro terrenos, cada uno ocupado
por una familia. En el proyecto de Rocamora[1] considera que “el rancho se
colocase sobre el centro de la línea del frente” (Quiroga y Taboada en 1784 describe que
estaban en las esquinas), luego agrega “los materiales de su arquitectura son
paja, palo a pique embostado o cuanto mucho, los muy acomodados, con ladrillos
de adobe, materias todas tan dispuestas a inflamarse” razón por la que
recomienda que las cocinas deberán formarse a la espalda los ranchos de
habitación, con el posible intermedio…esta gente conserva [el fuego] día y
noche para su mate y sus asados”. Para el terreno que circundaba al rancho
sugería delimitarlo con estacas verdes de saucería, si hermosea o conviene, más
la cerca o tapia viva”. Más allá de esta somera explicación, no hay mayor
detalle sobre las construcciones, específicamente de Gualeguay, por lo que
puede resultar sumativo, describir las características generales de los
estudios realizados en zona del litoral argentino extendiéndose a las imágenes
de las mismas.
Ranchos
de palo a pique
Este rancho está relacionado a
la estabilidad en el territorio; sobre una estructura de troncos que
conformaban los horcones, esquineros, la cumbrera y los costaneros largueros.
Las paredes se hacían con palo a pique (palos clavados verticalmente) uno al
lado del otro y sujetados por tientos, posteriormente se los cubría con una
mezcla de barro, paja fina y estiércol que impermeabilizaba y daba cuerpo a la
construcción. El techo era a dos aguas, de paja quinchada (deriva del junco o
quincho, con que se ata el manojo de paja). La paja brava fue la que,
generalmente, se empleaó e iba sujeta a una armazón de cañas o troncos de
madera.
Rancho
de adobe
Se construía sobre la misma
estructura antes descripta pero con ladrillos toscos; para ello se preparaba el
barro, se hacía un pozo a pata de caballo se mezclaba con bosta seca, se iban
apilando construyendo las paredes; secado el ladrillo es revocado con barro más
líquido con paja y bosta. Finalmente se realizaba el revoque final con sólo
barro liviano y a mano. El techo era de paja y, en casos muy especiales, era
realizado con tejas musleras, las que se hacían en forma manual con arcilla y
tierra amasada, sirviendo como molde, el muslo del trabajador y luego se
cocían.
Elementos
comunes a ambas viviendas
El piso de tierra apisonada, la
aberturas consistían en una puerta al frente y otra al terminar el rancho y una
o dos ventanas. Las habitaciones dependían de las necesidades y/o recursos
pudiendo ser de un solo ambiente, dos y hasta tres en línea recta. También
estaban sujetas a la condición de sus habitantes, las aberturas, que podían ser
de madera (en el mejor de los casos) o simplemente cubiertas con cueros,
ocurría lo mismo con el mobiliario, el cual no dejaba de ser básicamente
rústico.
Algo casi imprescindible era la
ramada a continuación del rancho construida sobre cuatro horcones techados de
ramas (infaltable en las pulperías para cobijo de los clientes). En nuestra
zona, por la abundancia de materiales, eran altas y amplias lo que daba lugar a
muchos usos, desde la ubicación de la cocina con el horno, fogón, parrillas
para el asado, lugar de descanso y para protección de los animales ante
inclemencias del tiempo. En el terreno libre estaba el pozo que contaba con un
brocal construido con adobes, que sostenían una estructura de madera armada con
palos, uno de ellos horizontal, para fijar en él una roldana y un balde,
sostenido por una larga soga, permitía sacar agua de napa para uso diario. El
resto del terreno era usado para el cultivo de hortalizas, crianza de aves de
corral y hasta alguna vaca, que servían como complemento para la alimentación
cotidiana. Huelga señalar la presencia del caballo.
“Así nació la Gualeguay de nuestros afectos […] con esos primeros pobladores, quienes con la fuerza de su brazo desbrozaron el terreno en días de febril trabajo intenso, levantaron la Iglesia y los modestos edificios públicos, cuyo barro amasaron con sus manos encallecidas, como el de sus ranchos, primera expresión edilicia en la aurora inicial de un pueblo que nos es tan caro a nosotros, sus hijos” [2]
Por: Alicia Hauscarriague.
[1] Informe de Rocamora enviado al Virrey Vértiz el 3 de enero de 1783
[2]
Vico, Humberto, “Historia de Gualeguay”, Vol. I, pg. 47
Fuentes
Pérez
Colman, César, “Historia de Entre Ríos”, T. II, pp.
Vico,
Humberto, “Historia de Gualeguay”, Vol. I, pp.
El
Arcón de la Historia Argentina, Primera Sección “Cronología histórica de la
República Argentina”, Crónica: El
Rancho, 20/01/2020.
Montero
Ivalú, Vera Verónica, Yañez Romina “Viviendas típicas del Litoral”, La del
Litoral, Web del Litoral Argentino.
Biblioteca
de Historia y Folklore, Volumen I. Ildefonso Pereda Valdés, República Oriental
del Uruguay.

Comments
Post a Comment