De patentes de bochas a motores a vapor: las curiosidades del balance de Gualeguay en 1889

Un viaje en el tiempo a través de las finanzas públicas nos permite descubrir cómo funcionaba la cotidianidad de nuestra comunidad a finales del siglo XIX. El hallazgo y análisis Balance trimestral de las operaciones de la Tesorería Municipal, correspondiente a los meses de mayo, junio y julio de 1889 (e incluyendo los saldos de los primeros trimestres de ese año), arroja luz sobre una fisonomía urbana, social y comercial fascinante, firmada por el contador Juan Lopez y visada por el propio Pedro D. Eseyza. La publicación corresponde al diario El Debate.

Aquel municipio, que cerró ese trimestre con un movimiento equilibrado de $95.743,47 tanto en débitos como en créditos, basaba su recaudación y sus gastos en conceptos que hoy resultan sumamente curiosos y, en algunos casos, decididamente extravagantes.

Los impuestos más insólitos de la época

Revisar las cuentas de lo que ingresaba o se saldaba en la tesorería revela las actividades de esparcimiento y los controles comerciales de la época:

Patentes de Bochas ($30): El popular juego de las bochas no era solo un pasatiempo de almacén de ramos generales; estaba regulado y debía tributar al municipio.

Canchas de Pelotas ($80) y Billares ($420): El juego de pelota paleta y el billar movían pasiones y sumas interesantes para las arcas públicas. De hecho, el billar aportaba más que el propio impuesto a los perros.

Patentes de Perros ($44): Tener una mascota canina en 1889 requería el pago de un derecho municipal.

Marca de Pan ($60): Para garantizar la procedencia y calidad, los panaderos debían registrar y pagar por la marca grabada en sus productos.

Tecnología y progreso en el balance

El documento es un testimonio vivo de la transición tecnológica de la Argentina agroexportadora:

Motores á Vapor ($200): La modernidad industrial asomaba en Gualeguay. Los motores a vapor, fundamentales para las industrias locales, estaban sujetos a gravámenes específicos.

Teléfonos ($15): Una cifra llamativamente baja que denota que el servicio telefónico estaba en una etapa absolutamente embrionaria en la ciudad.

Alumbrado Público ($459): Una de las mayores inversiones edilicias y de mantenimiento para la época, en tiempos donde las calles comenzaban a ganarle terreno a la oscuridad.

Rarezas y arqueología comercial

El balance registra conceptos vinculados a oficios y dinámicas urbanas ya extintas o profundamente transformadas:

Oficina del Almotacen ($89,44): El "almotacén" era una antigua figura de herencia colonial encargada de contrastar las pesas y medidas para evitar fraudes en el mercado. En 1889, Gualeguay todavía mantenía activa esta oficina de control.

Espendedores de leche ($127): El reparto domiciliario de leche cruda generaba su propio movimiento impositivo.

Saladeros y Graserías ($31,05): Industrias clave de la Entre Ríos decimonónica que dejaban su huella contable en el municipio.

Introducción de Arena ($477,75) y Leña ($475): Dos insumos vitales para la construcción y la energía del hogar y las fábricas que pagaban a su ingreso a la ciudad.

El peso de la asistencia social y la burocracia

En el apartado de egresos y saldos pesados, llama la atención la Suscricion al Asilo ($500) y el gasto en Limosnas ($3.071,29), lo que demuestra que el municipio asumía un rol directo en la contención de los sectores más vulnerables ante la falta de redes de seguridad social formales.

Por otro lado, la Instrucción Pública ($3.364,15) representaba una inversión educativa de relevancia, conviviendo con los fondos destinados a Fiestas Públicas ($2.768,30), dejando en claro que la celebración comunitaria era una política de estado local prioritaria.

Un cierre de época

El documento concluye con el pase a la Comisión de Hacienda el 9 de agosto de 1889: "Pásese á la Comision de Hacienda, y visado, publíquese y archívese". Debajo, las rúbricas de secretarios y vocales como Andrés A. Arena, Luis Demarchi, B. Hereñú y M. Barroetaveña sellan una radiografía perfecta de un Gualeguay que crecía entre el vapor de las máquinas, el eco de las bochas y el estricto control de sus recursos.


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