Aero Club Gualeguay: Una historia de pasión por volar y servicio a la comunidad


En el invierno de 1945, cuando la aviación todavía despertaba fascinación y asombro en las ciudades del interior argentino, un pequeño grupo de vecinos de Gualeguay decidió convertir un sueño compartido en realidad. Nadie imaginaba entonces que aquella reunión realizada en una antigua casona céntrica terminaría dando origen a una de las instituciones más queridas y emblemáticas de la ciudad.

El Aero Club Gualeguay nació oficialmente el 26 de julio de 1945. Apenas catorce entusiastas de la aviación se reunieron en la sede del Club Sociedad Sportiva, ubicada en la esquina de San Martín y 9 de Julio —edificio donde actualmente funciona la Sociedad Pro Copa de Leche— para fundar una entidad destinada a promover la actividad aeronáutica local.

Aquel grupo pionero estaba integrado por Luis Stefani, Néstor y Darío Pérez Chiama, Jorge Monasterio, Adolfo Somoza Videla, Moisés Fernández Arancibia, Manuel Guerra, Oscar Henderson, Alfredo Diez, Roberto Beracochea, Arturo Di Massi, Adolfo Deymonaz y Elio Brutti. El primer presidente fue Luis Stefani, quien encabezó los primeros pasos institucionales de una organización nacida del entusiasmo y la voluntad colectiva.



Los comienzos no fueron sencillos. La aviación civil en el interior del país dependía más del esfuerzo personal y de la pasión de los aficionados que de grandes estructuras económicas. Sin embargo, el Aero Club comenzó rápidamente a consolidarse gracias al compromiso de sus integrantes y al respaldo de una comunidad que veía en la aviación un símbolo de progreso y modernidad.

El primer gran paso llegó el 31 de octubre de 1948, cuando bajo la presidencia del doctor Héctor Valentín Cosso quedó oficialmente inaugurado el aeródromo “San Carlos”, ubicado a unos quince kilómetros al oeste de la ciudad. Aquella pista significó mucho más que una obra material: representó el inicio concreto de la actividad aérea organizada en Gualeguay.

Con el tiempo, el predio fue ampliándose mediante la construcción de oficinas y dependencias para pilotos y asociados. La institución comenzaba literalmente a levantar vuelo.



El 1º de marzo de 1949 se produjo otro acontecimiento fundamental para la historia del club: el inicio oficial de la Escuela de Pilotaje, dirigida por el instructor Julio César Seghetti. La creación de la escuela marcó un antes y un después para la actividad aeronáutica local y permitió formar pilotos en una época en que aprender a volar era todavía un privilegio reservado a muy pocos.

Apenas tres meses después egresó la primera promoción integrada por Carlos Germano, Raúl Berisso, Bernardo Magrán y José Matorras. Aquellos nombres inauguraron una larga tradición aeronáutica que con los años proyectaría a numerosos pilotos formados en Gualeguay hacia compañías aéreas nacionales e internacionales como Aerolíneas Argentinas, Austral Líneas Aéreas y American Airlines.

Pero cuando el Aero Club parecía avanzar hacia una etapa de crecimiento sostenido, la tragedia golpeó de manera inesperada. El 26 de septiembre de 1951, un violento tornado destruyó completamente las instalaciones del aeródromo “San Carlos”. Bajo los escombros quedaron seis aeronaves con graves averías y gran parte del esfuerzo colectivo de aquellos primeros años parecía perdido para siempre.



Sin embargo, el espíritu de la institución logró sobreponerse gracias a la solidaridad y el compromiso de sus socios. En ese momento decisivo apareció la figura del ingeniero Alberto F. Mihura, integrante de la primera hora del Aero Club, quien realizó un gesto extraordinario: donó diez hectáreas de su establecimiento “Las Colas”, ubicado sobre la ruta provincial Nº 11, y vendió otras treinta hectáreas a un precio simbólico para permitir la construcción del nuevo aeródromo.

Aquel acto de generosidad convirtió a Mihura en uno de los grandes benefactores de la institución. En reconocimiento a su aporte, el nuevo aeródromo llevaría posteriormente su nombre. A partir de entonces comenzó una nueva etapa de crecimiento sostenido, impulsada principalmente por dos figuras fundamentales: Héctor Valentín Cosso y Julio Nazario Natel.

Cosso se transformó en uno de los pilares institucionales del Aero Club, integrando distintas comisiones directivas y sosteniendo con firmeza el desarrollo de la entidad durante décadas. Natel, por su parte, se convirtió en el gran impulsor de la actividad aérea como instructor de vuelo. Su capacidad profesional, su claridad pedagógica y su trato cordial dejaron una huella imborrable entre generaciones enteras de pilotos. Durante seis años de intensa actividad, cuarenta aviadores recibieron de sus manos el brevet que acreditaba oficialmente su formación aeronáutica.



A lo largo de las décadas, el Aero Club Gualeguay organizó numerosos festivales aéreos y actividades destinadas a fomentar la conciencia aeronáutica. Paracaidismo, aeromodelismo, vuelos de bautismo y exhibiciones convocaban a miles de personas fascinadas por el espectáculo de los aviones surcando el cielo entrerriano. Sin embargo, uno de los episodios más recordados ocurrió el 3 de octubre de 1965, cuando aterrizó por primera vez en Gualeguay un avión a reacción Gloster Meteor perteneciente a la VII Brigada Aérea de Morón. La aeronave era piloteada por Juan Francisco Laskowski, entonces primer teniente de la Fuerza Aérea e hijo de Gualeguay, cuya visita despertó enorme entusiasmo popular.

Pero más allá de los festivales y la pasión deportiva, el verdadero valor del Aero Club estuvo siempre ligado a su servicio comunitario. La institución desempeñó durante décadas tareas fundamentales para la región: traslado aéreo de enfermos, búsqueda y salvamento de aeronaves accidentadas, transporte de medicamentos y víveres hacia zonas aisladas por inundaciones y colaboración permanente con los Bomberos Voluntarios. En muchos casos, esos vuelos se realizaban sin costo alguno cuando se trataba de familias de escasos recursos o situaciones de emergencia.

Actualmente, el Aero Club continúa funcionando como un espacio abierto a la comunidad. Además de sus aeronaves e instalaciones operativas, el predio cuenta con sectores recreativos, quincho, churrasqueros, cancha de vóley y pileta de natación, consolidándose también como un lugar de encuentro social y familiar.

Desde sus comienzos, niños, jóvenes y adultos participaron activamente de las actividades del club, manteniendo vivo ese espíritu pionero nacido en 1945. Más de ochenta años después de aquella primera reunión en la esquina de San Martín y 9 de Julio, el Aero Club Gualeguay sigue representando mucho más que una institución aeronáutica. Es la historia de una comunidad que aprendió a mirar el cielo con esperanza, esfuerzo y vocación de servicio.

(Fuente: artículo basado en información institucional -junto a fotos- y libro Gualeguay Deporrtivo, de Luis W. Vaccari).


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