El antiguo edificio de la Comandancia y Municipalidad: un símbolo histórico de Gualeguay
En el corazón de toda ciudad late un espacio que define su carácter, un epicentro donde el pasado se acumula en capas y las instituciones dan sus primeros pasos. Para Gualeguay, ese sitio de gravitación ineludible fue, es y será la esquina noreste frente a la plaza principal. Allí donde hoy se eleva la monumental Jefatura Departamental de Policía, existió durante décadas un complejo edilicio que condensó el despertar institucional, administrativo y social de la comunidad: la vieja Comandancia y Municipalidad. Un verdadero bastión de la memoria urbana gualeya que vio nacer los registros de la vida de nuestros antepasados y el primer compás de la modernidad.
El nacimiento de un hito:
de la mampostería al diseño de Ruggeri
El devenir de este solar histórico refleja la velocidad con la que Gualeguay se transformó a lo largo del siglo XIX. La necesidad de superar la precariedad de los primeros tiempos de la organización local —representada por una modesta estructura de ranchos que databa de 1841— llevó a las autoridades a proyectar un cambio radical. Así, en 1847, comenzó a levantarse en ese terreno el primer edificio sólido "de material" (mampostería).
Hacia 1860, en sintonía con el clima de organización nacional que irradiaba la provincia, la estructura fue ampliada y sustancialmente reformada. La obra estuvo bajo el diseño del prestigioso arquitecto italiano Egidio Ruggeri, uno de los talentos técnicos convocados a Entre Ríos por el General Justo José de Urquiza para jerarquizar los espacios públicos. Con una arquitectura más sólida, imponente y representativa, aquel complejo pasó a albergar a la Municipalidad desde su creación oficial en 1873, convirtiéndose en el gran emblema de la vida pública local.
El sábado que hizo época:
la inauguración del Reloj Público
Si hubo un acontecimiento que consolidó a este edificio como el faro urbano de la sociedad gualeguayense, fue la llegada de su torre y su primer reloj público. Inaugurado formalmente en septiembre de 1877, este mecanismo —encargado a la firma porteña de Víctor Chiabrando y cuya imponente estructura de torre fue erigida por la empresa italiana Antola y Cía.— cambió para siempre la vivencia cotidiana del pueblo.
La crónica del semanario La Unión, publicada el 16 de septiembre de aquel año, nos devuelve de forma vívida la trascendencia de esa jornada de "festejo del progreso". El sábado de la inauguración, a las dos de la tarde, el Salón de la Municipalidad se encontraba colmado por una "concurrencia numerosa y distinguida", mientras una multitud que no lograba ingresar aguardaba expectante en las afueras.
La música de la sociedad El Renacimiento aportaba "maquillaje y majestad al acto", alternándose con un elegante servicio de refrescos. En el momento cúspide, el vicepresidente de la Municipalidad, Don Segundo Gianello, pronunció un enérgico discurso entregando el magnífico aparato al público, justo cuando la campana de la torre daba, con "sonoro y dulce tañido", las dos de la tarde. Tras él, oradores como Fortunato Escobar, el joven y elocuente Emilio Arengo, Pastor Méndez Casariego y el propio Jefe Político, el Teniente Coronel Arias, alzaron sus voces celebrando una mejora conquistada no a través de las armas o las pasiones, sino mediante la unión de voluntades y la paz.
Aquella torre marcó el ritmo de la vida urbana hasta que, alrededor de 1907, el histórico reloj fue trasladado a la torre principal de la Iglesia San Antonio, donde continuó siendo parte del paisaje cotidiano.
Cuna del Registro Civil y
hogar de la comuna
Además de centralizar las decisiones políticas y la administración general de los servicios esenciales, el edificio de la Comandancia asumió un rol civil trascendental en la organización de la sociedad gualeya: allí abrió sus puertas el primer Registro Civil de la ciudad.
Su dirección inicial estuvo en manos de Fermín Narvarte, una figura ligada entrañablemente a la educación local por ser hijo de Don Narciso Narvarte (aquel pionero de la enseñanza llegado en la década de 1860 por disposición de Urquiza). Bajo ese techo, y ante las actas de Narvarte, comenzaron a asentarse oficialmente los nacimientos, matrimonios y defunciones de generaciones enteras de vecinos, transformando las oficinas en el archivo vivo de la identidad comunitaria.
El fin de una era y el
legado en el tiempo
El vertiginoso inicio del
siglo XX demandó nuevas transformaciones y vientos de modernización urbana
definitivos. El crecimiento del Estado local hizo que la Municipalidad buscara
un nuevo horizonte, mudándose finalmente a la refinada mansión adquirida a la
sucesión del destacado comerciante Juan Bautista Chichizola y su esposa
Nicanora Cáseres, sobre la calle 3 de Febrero.
Con las oficinas comunales reubicadas, en 1910 se tomó la determinación drástica de demoler por completo el querido y ya antiguo complejo de la Comandancia y la vieja Municipalidad. Sobre esos mismos cimientos cargados de relatos, asambleas y acordadas, se levantó el imponente edificio de la Jefatura Departamental de Policía, habilitado formalmente en 1912.
Aunque los muros de Ruggeri y la torre de Antola ya no recortan el cielo de la plaza, las fotografías de época y los registros documentales resguardan su valor incalculable. Aquel viejo edificio de material no solo cumplió funciones gubernamentales; fue el escenario donde nuestra comunidad aprendió a marchar al compás del progreso, dejando una huella imborrable en la memoria colectiva de Gualeguay.



Comments
Post a Comment