El asalto al Banco Nación de Gualeguay que terminó en una fuga aérea
La ciudad se conmovió con el espectacular asalto ocurrido el miércoles 18 de junio de 1969. La crónica, extensa y meticulosa, fue publicada por “EL DEBATE” al día siguiente. El dramático suceso se produjo durante los primeros minutos después de que el banco abriera sus puertas al público. Con notoria rapidez aunque con cierta precisión en la acción y en los movimientos, por parte de los atracadores –cinco individuos jóvenes- se produjo el asalto a la sucursal local del Banco de la Nación el miércoles 18 de junio de 1969. La operación demandó algo menos de quince minutos. Exactamente a las 7 y 10 horas ingresaron al Banco los asaltantes, uno de los cuales se encaramó sobre uno de los mostradores y encañonó al personal y clientes allí presentes con un estentóreo: “¡Esto es un asalto! Nadie se mueva”.
Los malhechores portaban una pistola ametralladora Pam o Halcón, dos pistolas calibre 45, un revólver y una carabina. Inmediatamente se distribuyeron por el interior del local para controlar los movimientos de las personas; en total quince empleados y cuatro clientes madrugadores, a todos quienes obligaron a arrojarse al suelo, mientras exigieron la presencia de la policía que custodiaba el lugar y de las autoridades de la casa. Uno de los empleados fue compelido a llamar al policía que se encontraba en dependencias interiores; se trataba del Sgto. 1° Ángel Regino Sánchez, a quien los maleantes, luego de preguntarle “¿Vos sos el cana?”, lo redujeron y desarmaron, no sin antes aplicarle un fuerte golpe en la cabeza con el arma. Mientras tanto, fue requerida la presencia del Gerente José Armando Ríos, del Contador Ángel Enrique Doná y del Tesorero Marcelino Esquivel, portador de la llave del tesoro, y exigieron a los mismos su apertura. Al abrir el Contador Doná una caja donde se hallaban llaves solicitadas, los asaltantes alcanzaron a ver un revólver en su interior, a causa de lo cual y a fin de evitar una eventual reacción por parte del funcionario bancario le propinaron un culatazo en la cabeza; desvaneciéndolo momentáneamente. Abierto el Tesoro, los asaltantes cargaron rápidamente 8 millones y medio de pesos en una bolsa de arpillera y fugaron por la puerta lateral, la que da por calle Carlos Pellegrini, llevándose como rehenes al empleado del Banco, José Aldacur, y a un cliente que se encontraba en el lugar.
En 25 de Mayo y Pellegrini, correctamente estacionada, se hallaba una pik-up Chevrolet último modelo, de color rojo, a la que los delincuentes ascendieron apresuradamente, liberando allí a los rehenes e intercambiando disparos con un agente de policía, que se encontraba en esa esquina, y con una comisión policial que llegaba en ese instante. Eran las 7 y 25, cuando se registraba entonces con el tiroteo el momento más dramático del asalto. Mientras el atraco era llevado a cabo acertó a llegar una persona, cuyo nombre permanecía por esas horas en reserva, que al darse cuenta de lo que ocurría volvió sobre sus pasos sin ser visto porque no alcanzó a ingresar y dio aviso al Agente Aníbal Andrada, quien se encontraba frente al Banco de Italia, en la esquina de San Antonio y Primer Entrerriano, dirigiéndose luego a la Unidad Regional de Policía, donde alertó a las guardia.
El Agente Andrada se estableció en la puerta de la recordada Confitería Mayo, frente al Banco de la Nación, a la espera de que salieran los malhechores; mientras, de la Unidad Regional de Policía (la Jefatura) se llamaba así por ese tiempo) partía en una estanciera una comisión policial integrada por el Inspector Félix González, los Ayudantes Roberto Barrera y Jorge Acosta, el SubAyudante Carlos Caballero y el Agente Raúl Magallán. El vehículo policial tomó por San Antonio de contramano hacia el norte, a fin de llegar a tiempo al Banco, pero los asaltantes ya habían huido a pie hacia la pik-up estacionada en la esquina de 25 de Mayo y Pellegrini. A bordo de la misma pensaban en huir por 25 de Mayo. Al llegar la comisión policial en la estanciera estaba en marcha la pik-up. Desde tierra, uno de los desconocidos disparó una ráfaga de ametralladora, respondiendo el Agente Andrada y los demás miembros de la comitiva; en tanto los rehenes liberados en ese instante se ponían a cubierto.
Hubo nuevos disparos y otro agente, ubicado en la esquina del Banco de Entre Ríos, preparó su arma pero no pudo gatillar debido a la cantidad de estudiantes que a esa hora se dirigían a clases (en aquellos años el horario de entrada en la secundaria era 7:45). Uno de los impactos había dado en el radiador de la estanciera de la Policía. La pik up roja con los asaltantes fue conducida por 25 de Mayo hacia el norte y se inició la persecución Los delincuentes doblaron en Federación, de contramano y a gran velocidad, tomó luego por San Martín, en rodeo, para despistar el móvil policial, Martín Fierro, San Antonio Norte, saliendo luego de la ciudad.
La estanciera con los policías optó por el rumbo de la Ruta 11, suponiendo que huirían por ella; pero no fue así, la pik-up dobló en Soberanía para dirigirse al Círculo de Pilotos. La policía, sin embargo, siguió por la Ruta 11 y al llegar al puesto caminero comprobó que por allí no había hecho su paso la pik-up, por lo que retomó hacia la avenida Soberanía para efectuar un patrullaje de la zona. En esos momentos, la estanciera policial acusó desperfectos por el impacto que había sufrido, por lo cual los policías debieron cambiar de vehículo, ascendiendo a una camioneta de Obras Sanitarias. En su recorrida en procura de rastros, la Policía llegó por la avenida Reconquista (hoy Presidente Perón) hasta el Círculo de Pilotos Gral. San Martín, donde comprobó la presencia de la pik-up roja, pero no la de los asaltantes que habían partido en dos avionetas, minutos antes.
Uno de los tantos episodios que se vivieron en torno al asalto, se originó en el vehículo que los maleantes usaron en consumarlo. Los atracadores viajaban en un Torino de color blanco, que luego se supo habían robado el día anterior en Gualeguaychú a la firma Majul Hnos. Presumiblemente por desconocimiento en su manejo, este automóvil tuvo desperfectos poco antes de las 7 de ese miércoles en San Antonio Norte al 900. Al no poder utilizarlo, los asaltantes se dieron a la tarea de procurarse otro vehículo; justamente cuando salía de su casa el Sr. Humberto Valentín Leiva, los individuos lo obligaron a ascender a la pik-up Chevrolet de su propiedad, que se encontraba estacionada allí. Uno de los delincuentes tomó el mando del rodado, saliendo hacia el norte, para hacer tiempo hasta la hora de apertura del Banco de la Nación. Regresaron luego al centro de la ciudad entrando por San Antonio Norte, tomaron por una calle transversal en contramano y de idéntico modo por 25 de Mayo hacia el sur, a gran velocidad, para estacionar en 25 de Mayo y Pellegrini, siempre llevando consigo al Sr. Leiva, a quien obligaron a ingresar al Banco y a arrojarse al suelo, junto al resto de las personas que fueron víctimas de la situación.
Los delincuentes huyeron en dos aviones que el día anterior habían contratado para el viaje de dos familias a Buenos Aires. Las máquinas conducidas por los pilotos Alberto Bogossian y Alfredo Mario Piaggio, quienes se encontraban desde momentos antes esperando a las familias, en el Círculo de Pilotos. Los delincuentes eran acompañados por dos integrantes de la pandilla que no habían intervenido en el asalto y un niño de pocos años, aparentemente hijo de uno de ellos. Según habría trascendido, la espera se hacía larga y Piaggio comenzó a sospechar algo raro en los individuos, por lo que invitó a Bogossian, en voz baja, a ingresar al Centro. Advertido de ello, uno de los maleantes obligó a los pilotos a quedarse, intimidándolo con una pistola, despejando dudas de lo que se trataba. Disparó un tiro al suelo, muy cerca de los pies de Bogossian. Inmediatamente llegaron los "familiares" que habían finalizado su "diligencia" en el local del Banco. Tras ello subieron con Bogossian e intentó hacerlo un cuarto malhechor, pero el piloto se negó por no permitirlo la capacidad del avión; por eso abordó el avión que pilotearía Piaggio, en el cual viajaron cuatro malvivientes y el niño. Esto dio lugar a un altercado entre Bogossian y el delincuente que pretendía subirse al avión. Las máquinas partieron con rumbo a Buenos Aires, aunque sin destino fijo de aterrizaje.
Finalmente lo hicieron en el Aeródromo del Centro Universitario de Aviación, en La Matanza. Allí descendieron los dos aparatos con muy breve intervalo. No había nadie en el lugar, los delincuentes no eran esperados. Caminaron junto a los pilotos unos treinta metros en dirección a la ruta para desaparecer luego. Cuando las máquinas despegaron de La Matanza ya no quedaban rastros de los malhechores. Los pilotos se pusieron en contacto radial entre sí y luego con la VII Brigada Aérea con asiento en Morón. Bogossian hizo un alto en San Fernando para cargar combustible, regresando a Gualeguay, donde arribó a las 10 y 30 horas, para trasladarse de inmediato a la Unidad Regional de Policía. En el lugar fue indagado por las autoridades. Piaggio, por su parte descendió para abastecerse en Morón y confirmó la denuncia. Tras una breve detención fue autorizado a decolar, pero ya en vuelo hacia Gualeguay fue obligado a regresar a Morón, desde donde fue trasladado a dependencias de la Policía Federal, para prestar declaración. Regresó a Gualeguay poco después de las 11 del jueves, conduciendo su máquina. Se dirigió a la Policía local para ponerse a disposición de las autoridades. El Comisario Inspector Juan Carlos Pereyra declaró que los pilotos estaban en libertad, habiendo ayudado en la conformación de los identi-kit.
Las versiones recogidas entre las personas que se encontraban en el Banco eran coincidentes en el sentido de señalar la inexperiencia que aparentaban los maleantes, muy jóvenes y, por la forma en que procedieron no descartaban que estuviesen bajo efectos de estupefacientes; sus expresiones, dicción y entonación hizo presumir que se trataba de sujetos oriundos de Buenos Aires. Otro detalle de la circunstancia fue que en la sede local del Banco de la Nación había en ese momento una suma muy superior a los ocho millones y medio de pesos que fueron robados. El Contador de la entidad, Sr. Doná, que había sufrido un golpe en la cabeza, fue atendido en el Instituto Médico Quirúrgico de donde salió sin mayores complicaciones.
Se encontró en el Torino blanco abandonado una llave de la habitación N° 3 del Hotel Italia, donde se informó que la misma había sido ocupada desde el lunes anterior por dos hombres y un niño de corta edad. En ella se hallaron algunos efectos personales y una botella de cognac. La Policía Federal y la de la Provincia de Entre Ríos se ocupaban del asunto, colaborando mutuamente. A los pocos días se confirmó la detención de dos mujeres que podían estar relacionadas con el hecho. "EL DEBATE" publicó los identi-kit de los delincuentes. Se interrogaba a testigos y el procedimiento continuaba...
(Profesor Claudio Piaggio – El Debate – Pregón).

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