Giuseppe Garibaldi, el “Héroe de Dos Mundos”, salvó su vida en Gualeguay


En 1837, mucho antes de convertirse en uno de los grandes nombres de la unificación italiana y en una figura legendaria de las luchas revolucionarias del siglo XIX, Giuseppe Garibaldi vivió un episodio tan dramático como poco conocido en la historia entrerriana: su cautiverio en la ciudad de Gualeguay.

A mediados de ese año, el joven revolucionario italiano arribó por vía fluvial a las costas entrerrianas luego de una accidentada travesía por el Río de la Plata. Había abandonado Italia tras el fracaso de los movimientos liberales que intentaban expulsar a los austríacos de la península. Exiliado y perseguido, Garibaldi buscó continuar su lucha en América del Sur, donde ofreció sus servicios militares a la República de Río Grande, territorio separatista enfrentado al Imperio del Brasil.

El presidente de aquella efímera república le otorgó patente de corso y Garibaldi emprendió navegación hacia el Río de la Plata con la esperanza de hallar apoyo político y militar. Sin embargo, al hacer escala en la costa occidental del Uruguay, el gobierno de Montevideo ordenó interceptarlo. Dos lanchas armadas lo atacaron en pleno río y se trabó un duro combate.

Herido gravemente en el cuello y con su embarcación prácticamente destruida, Garibaldi logró escapar porque sus perseguidores lo dieron por muerto. Días después, cerca de Ibicuy, fue hallado junto a sus compañeros por la goleta que realizaba el trayecto entre Buenos Aires y Gualeguay. Entre los pasajeros viajaba el acaudalado vecino gualeyo Jacinto Andreu, quien reconoció en el italiano a un antiguo compañero de cofradía.

Andreu convenció al capitán de recoger a los náufragos heridos y ofrecerles asistencia médica. La embarcación recaló en Puerto Ruiz y desde allí los sobrevivientes fueron trasladados a la villa de Gualeguay.

La llegada del futuro “Héroe de Dos Mundos” no pasó inadvertida. Apenas desembarcados, las autoridades locales ordenaron la incautación del buque y el arresto de Garibaldi y sus compañeros hasta recibir instrucciones del gobernador entrerriano Pascual Echagüe. Mientras tanto, se dispuso que el revolucionario permaneciera bajo la modalidad conocida como “el pueblo por cárcel”: podía circular por la villa, pero debía presentarse diariamente ante el jefe político del departamento, el comandante Millán.

El médico Ramón del Arca, profesional de confianza del gobernador, le extrajo cuidadosamente la bala alojada en el cuello, salvándole la vida. Durante los seis meses que permaneció en Gualeguay, Garibaldi fue hospedado en la casa de Jacinto Andreu, ubicada en pleno centro de la villa.

Años más tarde, el propio italiano recordaría aquella etapa en sus memorias con palabras de profundo agradecimiento: “Habité yo en la casa de D. Jacinto Andreu los seis meses de mi estancia en Gualeguay y debí muchísimo cuidados a la familia toda de aquel hombre generoso”.

Durante ese tiempo, Garibaldi recorrió los alrededores del pueblo, aprendió a cabalgar en la llanura entrerriana, participó de tertulias y entabló amistad con numerosos vecinos, entre ellos Antonio Cuyás y Sampere. Sin embargo, seguía siendo un prisionero.

Cansado de la incertidumbre y convencido de que su situación no se resolvería pronto, decidió escapar. Algunos amigos organizaron la fuga y le proporcionaron ayuda para llegar hasta Ibicuy. Pero el intento fracasó. El baquiano encargado de guiarlo lo traicionó y Garibaldi fue nuevamente capturado.

La reacción del comandante Millán fue brutal. Sintiéndose desairado por la confianza otorgada al cautivo, ordenó someterlo a severos castigos para que revelara los nombres de quienes habían colaborado en la fuga. Garibaldi fue azotado con un rebenque de cuatro colas, colgado de la cumbrera del rancho policial y colocado en el cepo hasta quedar casi inconsciente.

La violencia del castigo conmovió profundamente a la población de Gualeguay. Varios vecinos intercedieron en su favor y una mujer, Rosa Sanabria de Alemán, desempeñó un papel fundamental brindándole asistencia, alimentos, ropa y cuidados durante su recuperación. También Jacinto Andreu terminó detenido, probablemente debido a su participación en el intento de evasión.

Las gestiones de distintos vecinos ante el gobernador Echagüe finalmente dieron resultado. Antonio Cuyás y Sampere escribió personalmente al mandatario provincial relatando los hechos y solicitando clemencia para el prisionero italiano.

Tiempo después, Garibaldi fue trasladado a Paraná con una pequeña escolta y sin cadenas. Dos meses más tarde recuperó definitivamente la libertad por decisión del gobernador entrerriano.

El revolucionario regresó primero al Brasil y luego a Montevideo, donde se incorporaría a las luchas contra Juan Manuel de Rosas junto a emigrados argentinos. Décadas después, el mundo conocería a Giuseppe Garibaldi como uno de los grandes líderes de la unificación italiana. Pero antes de convertirse en mito, antes de las campañas heroicas y la gloria europea, hubo un tiempo en que el futuro libertador caminó las calles polvorientas de Gualeguay llevando sobre sus hombros la condición de exiliado, herido y prisionero.

Transcripción dela carta:

¡Viva la Federación!

Gualeguay, Dbre. 26 de 1837
Año 28 de la Libertad
“23 de la Federación Entrerriana”
“22 de la Independencia”
“8 de la Confederación Argentina”

Al Exmo. Sr. Brig. Gral. Gob. y Capn. Gral. de la Prov. D. Pascual Echagüe

“Habiendo fugado de esta el capitán de Marina Dn. José Garibaldi y el contra maestre Dn. Luis Cália, después de habérseles dispensado toda consideración en la clase de prisioneros en que se hallaban en esta, con la demás indulgencia que mide V.E. lo mandante que jamás ha venido logrando, apresados al paso menos en el lugar del Ibicuy en donde V.E. dio alcance, se ha tomado la providencia de remitirlo a disposición de S.E. con el teniente de morenos Lorenzo Haedo.

Habiendo sabido hoy mismo que el dicho contra maestre se hallaba en esa capital adonde se había dirigido, lo que se le avisa para su superior conocimiento y se ordene a este respecto lo que juzgue conveniente.

Dios guarde a V.E. muchos años.”

Leandro Millán.

Fuentes: (Humberto P. Vico. Historia de de Gualeguay. Edit. Colmegna, Santa Fe, 1972. Comunicación al gobernador Echagüe informando sobre la fuga de Garibaldi).

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