Hotel Jardín: la histórica esquina que acompaña a Gualeguay desde 1880

En la tradicional esquina de calles Maipú y Mitre, en el corazón de Gualeguay, se levanta desde hace más de un siglo uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad: el actual Hotel Jardín, una construcción histórica que, desde 1880, ha acompañado el devenir social y urbano de generaciones de gualeyos.

Con su antigua denominación de “El Americano”, el hotel fundado por Matteo Stanchi abrió sus puertas en septiembre de 1880. Dos años antes, en 1878, el inmigrante había adquirido el terreno ubicado en esa estratégica esquina a la sucesión de José Ántola, comenzando inmediatamente la construcción del establecimiento, que en sus orígenes era de una sola planta y poseía su acceso principal sobre la esquina.

Desde sus primeros años, el hotel se convirtió en un punto de encuentro de la sociedad local. Además del alojamiento para viajeros y pensionistas, contaba con un amplio salón comedor donde se realizaban fiestas privadas, banquetes, agasajos y reuniones sociales. Un antiguo programa de menú de casamiento, celebrado en sus instalaciones, anunciaba en su portada: “Hotel El Americano de Mateo Stanchi. Servicio especial para banquetes y lunch. Gran confort para viajeros y pensionistas. Calle Maipú y General Mitre en Gualeguay”.

La ubicación del establecimiento no fue casual. Muy cerca funcionaba la antigua estación ferroviaria y el lugar constituía un paso obligado hacia la plaza principal. Durante décadas, la esquina de Mitre y Maipú fue un verdadero centro del movimiento ciudadano y una referencia obligada para quienes llegaban a la ciudad.

Hotel de Londres

A principios del siglo XX, la propiedad pasó a manos de Enrique F. Valentini, quien rebautizó el establecimiento como “Hotel de Londres”. 

Un aviso publicitario de 1903, en el diario El Debate, permite conocer algunas de las características de este establecimiento, ubicado estratégicamente en calle Mitre esquina Maypú, a tan solo dos cuadras de la Estación Central del ferrocarril. La cercanía con el principal medio de transporte de entonces constituía una ventaja significativa para quienes llegaban a la ciudad por negocios, trabajo o placer.

El hotel ofrecía habitaciones completas y bien amuebladas, una prestación que garantizaba comodidad a los huéspedes en una época en la que los servicios de alojamiento eran muy valorados. A ello se sumaba una cocina especial y un servicio esmerado, aspectos destacados por sus propietarios como sello distintivo del establecimiento.

Otro de los atractivos del Hotel de Londres era su oferta gastronómica y social. El aviso menciona la existencia de café y billar, espacios que funcionaban como puntos de reunión para vecinos y visitantes. En aquellos años, los cafés constituían verdaderos centros de sociabilidad donde se discutían temas políticos, comerciales y culturales, mientras que las mesas de billar convocaban a numerosos aficionados.

La publicidad también destaca la disponibilidad de vinos finos nacionales y extranjeros, una muestra del refinamiento que buscaba ofrecer el establecimiento y del vínculo comercial que mantenía la ciudad con otros mercados.

Con una clara intención de ampliar su clientela, el hotel anunciaba precios reducidos y la posibilidad de recibir pensionistas, modalidad muy común en la época para trabajadores, empleados y estudiantes que requerían alojamiento prolongado. Además, ofrecía un servicio de viandas a domicilio, antecedente de los actuales servicios gastronómicos de entrega.

Entre las comodidades que el Hotel de Londres exhibía con orgullo figuraban dos adelantos tecnológicos que, para la época, representaban auténticos signos de modernidad: el teléfono y el alumbrado a gas. Ambos servicios constituían elementos distintivos que evidenciaban el nivel de desarrollo alcanzado por algunos establecimientos urbanos de comienzos del siglo XX.

Restaurante "El Genovés"

El Restaurant Genovés, propiedad de Enrique Ferreccio, un establecimiento que combinaba servicios gastronómicos, hospedaje y atención integral para quienes llegaban o residían en la localidad.

Un anuncio publicado en 1903 permite conocer la propuesta de este reconocido negocio, ubicado en calle Mitre Nº 109, esquina Urquiza, una zona estratégica del centro gualeyo. Desde sus líneas publicitarias, el establecimiento se presentaba como un lugar especialmente preparado para atender a viajeros, huéspedes y pensionistas, destacando la calidad de sus servicios y las comodidades disponibles.

El aviso resaltaba que los visitantes encontrarían atención permanente, tanto de día como de noche, un detalle significativo para una época en la que los desplazamientos podían producirse a cualquier hora debido a los horarios ferroviarios y de diligencias. Asimismo, ofrecía habitaciones ventiladas y cómodas, destinadas tanto a familias como a pasajeros ocasionales.

Uno de los principales atractivos del Restaurant Genovés era su propuesta gastronómica. La publicidad hacía referencia a una esmerada cocina, expresión que en aquellos años representaba un compromiso con la calidad de los alimentos y la atención personalizada. A ello se sumaba una amplia oferta de vinos de todas clases, destinada a satisfacer los gustos de una clientela diversa.

El establecimiento también contaba con servicios que reflejan las necesidades de la época. Disponía de cocheras y espacios adecuados para el cuidado de caballos y carruajes, medios de transportes fundamentales antes de la generalización del automóvil. Estas instalaciones permitían a los viajeros detenerse con comodidad y continuar luego su recorrido.

Otro aspecto destacado era la posibilidad de solicitar viandas a domicilio, un servicio que evidencia cómo algunos comercios ya buscaban extender su atención más allá de sus instalaciones. Además, el restaurante recibía pensionistas y ofrecía la organización de banquetes, acontecimientos sociales que constituían una parte importante de la vida comunitaria de entonces.

La mención a los precios muy módicos revela el interés de sus propietarios por atraer a un amplio sector de la población, combinando calidad y accesibilidad. De este modo, el Restaurant Genovés se posicionaba como un espacio de encuentro para residentes y visitantes, integrándose a la dinámica económica y social de la ciudad.

Sociedad

Valentini se asoció entonces con Enrique Ferreccio, propietario del “Restaurante Genovés”, aunque la sociedad se disolvió en poco tiempo. A partir de entonces, Valentini continuó con su hotel en San Antonio y Chacabuco, mientras que Ferreccio permaneció al frente de la propiedad de Mitre y Maipú.

Con el correr de los años, el hotel atravesó distintas administraciones y propietarios. Tras Ferreccio llegaron las gestiones de Saracco y Gatto, Piovesana, Piaggio y Velázquez, entre otros nombres ligados a la actividad hotelera local. Finalmente, en 1995, el inmueble fue adquirido por la firma Hotel Jardín S.R.L., cuyos socios impulsaron importantes remodelaciones y tareas de recuperación que dieron forma al establecimiento actual.

Tres décadas de una nueva etapa



El 5 de marzo de 2025, el Hotel Jardín celebró 30 años bajo la actual administración. En ese marco, su propietaria, Gabriela Franco, repasó en una entrevista concedida a El Debate Pregón los comienzos del emprendimiento, los desafíos atravesados y la visión de futuro de una empresa que se consolidó como referente de la hotelería regional.

Gabriela Franco, actual presidenta de la Asociación Hotelera Gastronómica y Turismo de Gualeguay e integrante de la comisión directiva de la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (FEHGRA), recordó que los inicios estuvieron marcados por el esfuerzo y las reformas constantes.


“Cuando abrimos las puertas, el 5 de marzo de 1995, el hotel requería muchísimas mejoras. Las habitaciones no tenían baño privado y había mucho por hacer. Con trabajo y dedicación logramos transformarlo en un hotel categorizado de tres estrellas, brindando mejores servicios y comodidad a nuestros huéspedes”, señaló.

Franco también recordó las dificultades de los primeros años y especialmente el impacto de la pandemia, período durante el cual el hotel permaneció cerrado durante más de un año. Sin embargo, destacó que nunca sintió la actividad como una carga y valoró especialmente el acompañamiento de su equipo de trabajo.


“La hotelería es una tarea de los 365 días del año, pero siempre disfruté lo que hago. Tengo empleados que me acompañan desde hace más de veinte años y eso genera un sentido de pertenencia muy importante”, expresó.

A lo largo de estas tres décadas, el Hotel Jardín se convirtió en un símbolo de hospitalidad para la ciudad y la provincia. “Cuando comenzamos teníamos ciertos objetivos, pero creo que logramos incluso mucho más de lo que imaginábamos”, afirmó.

Desde hace casi quince años, Gabriela Franco conduce el hotel de manera individual, aunque destaca permanentemente el apoyo de su equipo de empleados, del Estudio Contable Guerra y de su familia, especialmente de su hijo mayor, quien se incorporó al emprendimiento en los últimos años.

Su vocación por la hotelería y el turismo también la llevó a involucrarse activamente en espacios de capacitación y representación institucional. “Siempre estoy formándome y promoviendo la capacitación de empleados y futuros profesionales del sector, ya sea a través de FEHGRA o UTHGRA. Me apasiona lo que hago y creo que eso marca la diferencia”, sostuvo.

Consultada sobre el futuro, Gabriela Franco aseguró que espera continuar muchos años más al frente del establecimiento. “No me veo sin hacer nada. Mientras pueda, seguiré aportando mi granito de arena”, señaló.

Finalmente, al cumplirse el trigésimo aniversario de esta nueva etapa del hotel, expresó su agradecimiento a quienes acompañaron el proyecto a lo largo de los años: “A Dios, a mis empleados, a los clientes, a las empresas que nos eligen, a mis hijos, a mi pareja y al pueblo de Gualeguay, que siempre nos recomienda y nos permitió crecer”.


A más de 140 años de su fundación y a tres décadas de su renovación contemporánea, el Hotel Jardín continúa siendo mucho más que un alojamiento: es parte viva de la memoria urbana de Gualeguay y testimonio de una ciudad que conserva, en sus edificios históricos, buena parte de su identidad.

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