La Casa Solanas y el antiguo Banco del Comercio

En una de las esquinas más tradicionales del casco histórico de Gualeguay se levanta una casona que parece contener, entre sus muros y balcones, buena parte de la memoria urbana de la ciudad. La conocida Casa Solanas —también llamada Casa Guercovich— no es solamente uno de los edificios patrimoniales más bellos de Gualeguay: es también el símbolo de una época de crecimiento económico, modernización urbana y pujanza comercial que marcó el desarrollo local durante la segunda mitad del siglo XIX.

Hacia la década de 1870, Gualeguay atravesaba un período de notable expansión institucional y económica. Las sucesivas intendencias impulsaban transformaciones urbanas destinadas a modernizar la ciudad y ordenar su crecimiento. Durante la gestión del intendente Francisco Aguirre, el 16 de octubre de 1874, se sancionó una ordenanza que prohibía construir edificios en esquinas sin ochavas, una medida orientada a mejorar la circulación y embellecer el trazado urbano.

Sin embargo, algunas construcciones anteriores a esa normativa sobrevivieron al paso del tiempo y hoy constituyen verdaderas excepciones arquitectónicas. Entre ellas sobresale la antigua residencia de Fortunato Ferro y Agustina Núñez Alisondo, considerada una de las casonas más elegantes y representativas de Gualeguay.

La vivienda fue concebida con una organización innovadora para la época: la planta baja estaba destinada a actividades comerciales y el piso superior a residencia familiar. Se estima que la construcción data aproximadamente de 1870 o 1874 y representa una de las primeras “casas de altos” edificadas en la ciudad.

Tras el fallecimiento de sus propietarios originales, la propiedad pasó a manos de Felisa Ferro, hija del matrimonio, quien contrajo matrimonio con el comerciante español Agustín Solanas. Su apellido terminaría identificando para siempre al edificio.

Solanas fue fundador de uno de los escritorios comerciales más antiguos de la ciudad: la histórica Casa Solanas. Pero además tuvo un rol central en el desarrollo financiero de Gualeguay. Junto a destacados vecinos de la época —González Calderón, Laurencena, Marcó y el propio Justo José de Urquiza— participó en la creación del antiguo Banco del Comercio de Gualeguay, fundado el 1 de julio de 1869.

La existencia de esta institución bancaria resulta hoy asombrosa para la historia económica regional. El Banco del Comercio emitía billetes propios y poseía importantes reservas de oro y plata, reflejando el dinamismo comercial que caracterizaba a Gualeguay en aquellos años. Hacia 1895, la entidad pasaría a capitales extranjeros vinculados a la ciudad de Londres, en sintonía con la creciente influencia financiera británica sobre la economía argentina de fines del siglo XIX.

Todavía hoy sobrevive el testimonio material de aquella experiencia financiera: un antiguo papel emitido por el Banco del Comercio de Gualeguay, con valor de cinco pesos bolivianos o su equivalente en oro al tipo de ley. Aunque existen dudas acerca de si se trataba efectivamente de papel moneda o de un bono de empréstito, el documento constituye una evidencia concreta de la notable actividad económica que poseía la ciudad a mediados del siglo XIX.

Durante décadas, el banco funcionó en el mismo edificio que luego sería conocido como Casa Solanas. La casona terminó convirtiéndose así en escenario de importantes operaciones comerciales y financieras vinculadas al desarrollo regional.

Arquitectónicamente, el inmueble constituye uno de los ejemplos más destacados del estilo italianizante federal en Entre Ríos. El arquitecto Carlos Canavessi señala que la construcción expresa un lenguaje poscolonial visible en sus fuertes almohadillados, las aberturas con arcos de medio punto, los balcones de hierro trabajado, las pilastras clásicas, las cornisas ornamentales y el pretil con balaustres.

La planta baja, organizada alrededor de un patio interior, estaba destinada al funcionamiento de locales comerciales, mientras que el primer piso —dispuesto en forma de “L”— era utilizado como vivienda familiar. La extensión de la fachada, acentuada por la ausencia de ochava, y su resolución en dos plantas generan una presencia urbana de gran fuerza visual, especialmente por su ubicación en esquina.

Uno de los aspectos más valiosos del edificio es su extraordinario nivel de autenticidad. La propiedad conserva el solar original sin subdivisiones ni modificaciones significativas que hayan alterado la espacialidad histórica del conjunto. Esa preservación permitió que la casona mantuviera intacta buena parte de su identidad arquitectónica original.

En 1950, el inmueble fue adquirido por los hermanos Alejandro y Martín Guercovich, quienes lo destinaron tanto a vivienda como a uso comercial. Actualmente funcionan allí oficinas comerciales y los estudios de Canal 2 Gualeguay Televisora Color, integrando nuevamente el edificio a la vida cotidiana de la ciudad.

El valor histórico y arquitectónico de la casona fue reconocido oficialmente mediante distintas declaraciones patrimoniales. El edificio fue declarado de Interés Histórico-Cultural de la Provincia de Entre Ríos por decreto Nº 6676/03, incorporado al Patrimonio Cultural Material Provincial mediante la Ley Nº 10.911/21 y reconocido además como Patrimonio Histórico Cultural municipal por ordenanza Nº 2662/12.

Ese reconocimiento alcanzó un nuevo capítulo cuando la propiedad obtuvo el primer premio del concurso provincial “Beneficio a la Conservación del Patrimonio Edilicio”, organizado por el Gobierno de Entre Ríos a través de la Secretaría de Cultura.

El jurado —integrado por la arquitecta Mariana Melhem y los arquitectos Marcelo Vásquez y Alejandro Yonson— destacó la singularidad arquitectónica del inmueble y su representatividad dentro de la arquitectura italianizante federal característica de Gualeguay.

Los especialistas subrayaron también el valor urbano de la construcción, señalando que la vivienda fue edificada sobre un solar fundacional del casco histórico y que mantiene intactas sus características esenciales. “Es un bien auténtico”, concluyeron los expertos, resaltando que la inexistencia de ochava y la comparación con fotografías históricas permiten comprobar la notable conservación del edificio.

Hoy, más de ciento cincuenta años después de su construcción, la Casa Solanas continúa siendo mucho más que una antigua residencia. Es el reflejo material de aquella Gualeguay comercial, emprendedora y cosmopolita que alguna vez imaginó su futuro entre bancos, escritorios mercantiles y grandes casonas de inspiración europea.


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