El emporio que desafió al tiempo: Historia, arquitectura y pujanza de la Casa Solanas en Gualeguay
En una de las esquinas más tradicionales del casco histórico de Gualeguay, en las actuales Islas Malvinas y Sarmiento, se levanta una casona que parece contener, entre sus muros y balcones, buena parte de la memoria urbana de la ciudad. La conocida Casa Solanas —también llamada Casa Guercovich— no es solamente uno de los edificios patrimoniales más bellos de Gualeguay: es también el símbolo de una época de crecimiento económico, modernización urbana y pujanza comercial que marcó el desarrollo local durante la segunda mitad del siglo XIX.
Una excepción urbanística en el corazón de la ciudad
Durante
la gestión del intendente Francisco Aguirre, el 16 de octubre de 1874, se
sancionó una ordenanza que prohibía construir edificios en esquinas sin
ochavas, una medida orientada a mejorar la circulación y embellecer el trazado
urbano. Sin embargo, algunas construcciones anteriores a esa normativa
sobrevivieron al paso del tiempo y hoy constituyen verdaderas excepciones
arquitectónicas. Entre ellas sobresale esta antigua residencia, considerada una
de las casonas más elegantes y representativas de Gualeguay.
Originalmente, el solar perteneció al matrimonio de Fortunato Ferro y Agustina Núñez Alisondo. Tras el fallecimiento de sus propietarios originales, la propiedad pasó a manos de su hija, Felisa Ferro, quien contrajo matrimonio con el comerciante español Agustín Solanas. Su apellido terminaría identificando para siempre al histórico edificio.
Pioneros de las finanzas y el comercio regional
Don
Agustín Solanas fue un visionario que no solo fundó uno de los escritorios
comerciales más antiguos de la zona, sino que tuvo un rol central en el
desarrollo financiero de Gualeguay. Junto a destacados vecinos de la época
—como González Calderón, Laurencena, Marcó y el propio Justo José de Urquiza—
participó en la creación del antiguo Banco del Comercio de Gualeguay, fundado
el 1 de julio de 1869.
La existencia de esta institución bancaria resulta hoy asombrosa para la historia económica regional: el banco emitía billetes propios y poseía importantes reservas de oro y plata, reflejando el dinamismo comercial que caracterizaba a Gualeguay en aquellos años. Hacia 1895, la entidad pasaría a capitales extranjeros vinculados a la ciudad de Londres, en sintonía con la creciente influencia financiera británica sobre la economía argentina de fines del siglo XIX.
Durante décadas, este banco funcionó en el mismo edificio que luego sería conocido como Casa Solanas. La casona terminó convirtiéndose así en el escenario de las más importantes operaciones comerciales y financieras vinculadas al desarrollo regional. Como testimonio material de aquella experiencia, todavía sobrevive un antiguo papel emitido por la entidad con valor de cinco pesos bolivianos o su equivalente en oro al tipo de ley; un documento que, a pesar de las dudas sobre si era papel moneda o un bono de empréstito, evidencia la notable actividad económica local.
Crónica de un coloso: La perspectiva de 1907
Para
dimensionar el impacto de la firma comercial –denominada en ese entonces “La Casa Solanas,
Pocas, Novas y Cía”- que operaba en su seno, resulta revelador un artículo
publicado por el diario local El Debate en 1907, dentro de su sección
“Gualeguay por dentro”. Al referirse a esta vasta firma, el periódico exclamaba
el aforismo latino labor omnia vincit (el trabajo todo lo vence) para describir
una realidad incuestionable.
La crónica describía a sus miembros -Solanas, Pocas, Novas- como «vencedores en la lucha del trabajo» y «propulsores del progreso de Gualeguay», comparando su labor silenciosa con la de las abejas obreras que elaboran las mieles para beneficio de la colectividad. Fundada originalmente en 1860 por Agustín Solanas, la firma sumó tempranamente como socio comanditario a Carlos Rovira, quien estuvo al frente de los negocios hasta 1897.
Gracias a un capital sólido y una administración brillante, la firma compartía el podio de los «colosos» del departamento junto a la casa Carbone y Badaracco. Sus ramos comerciales eran increíblemente diversos, abarcando: Almacén, registro y ferretería por mayor; Corralón de maderas y materiales de construcción; Barraca de frutos del país y cereales.
Además, poseía la representación de importantes compañías de la Capital Federal. Con un giro comercial considerable e ilimitado crédito en todas las plazas, se convirtió en un gran depósito proveedor para familias, comerciantes minoristas, hacendados, agricultores, industriales y obreros. Pero más allá del éxito financiero, el diario destacaba su perfil humano: definidos como "trabajadores de buena cepa" de gran honorabilidad, mantenían siempre la caja de la empresa abierta para la beneficencia y para cualquier obra de progreso en la ciudad.
Esplendor arquitectónico e identidad preservada
Arquitectónicamente,
el inmueble constituye uno de los ejemplos más destacados del estilo
italianizante federal en Entre Ríos. Según señala el arquitecto Carlos
Canavessi, la construcción expresa un lenguaje poscolonial visible en sus
fuertes almohadillados, las aberturas con arcos de medio punto, los bellos
balcones de hierro trabajado, las pilastras clásicas, las cornisas ornamentales
y el pretil con balaustres.
La
planta baja, organizada alrededor de un patio interior, estaba destinada al
funcionamiento de los locales comerciales, mientras que el primer piso
—dispuesto en forma de “L”— era utilizado como vivienda familiar. La notable
extensión de la fachada, acentuada por la emblemática ausencia de ochava, y su
resolución en dos plantas generan una presencia urbana de gran fuerza visual,
especialmente por su estratégica ubicación en esquina.
Uno de los aspectos más valiosos del edificio es su extraordinario nivel de autenticidad. La propiedad conserva el solar original sin subdivisiones ni modificaciones significativas que hayan alterado la espacialidad histórica del conjunto, permitiendo que la casona mantuviera intacta su identidad original.
El presente de un gigante patrimonial
En
1950, el inmueble fue adquirido por los hermanos Alejandro y Martín Guercovich,
quienes lo destinaron tanto a vivienda como a uso comercial, sumando una nueva
denominación popular a la propiedad. Actualmente, el edificio continúa
integrado a la vida cotidiana de la ciudad al albergar oficinas comerciales y
los estudios de Canal 2 Gualeguay Televisora Color.
Este valor histórico y arquitectónico incalculable fue objeto de sucesivos reconocimientos oficiales:
Fue
declarado de Interés Histórico-Cultural de la Provincia de Entre Ríos por
decreto Nº 6676/03.
Fue
incorporado al Patrimonio Cultural Material Provincial mediante la Ley Nº
10.911/21.
Fue
reconocido como Patrimonio Histórico Cultural municipal por la ordenanza Nº
2662/12.
El
último gran capítulo de este reconocimiento tuvo lugar cuando la propiedad
obtuvo el primer premio del concurso provincial “Beneficio a la Conservación
del Patrimonio Edilicio”, organizado por el Gobierno de Entre Ríos a través de
su Secretaría de Cultura. Así, la Casa Solanas permanece en pie: como un
testigo de piedra y hierro que nos recuerda el pasado de esplendor comercial,
financiero y social de Gualeguay.

.jpg)
Comments
Post a Comment