La primera capilla y el origen de su nombre, San Antonio
El 20
de marzo de 1780 quedó marcado como una fecha fundamental en la historia de
Gualeguay. Ese día, el virrey del Río de la Plata, Don Juan José de Vértiz y
Salcedo, autorizó oficialmente la erección de una parroquia en el antiguo
Partido de Gualeguay Grande, dando así reconocimiento institucional y religioso
a una comunidad que comenzaba a consolidarse en el sur entrerriano.
Mucho antes de la organización formal del poblado, los primeros ocupantes europeos habían comenzado a instalarse en la región durante la segunda mitad del siglo XVIII. Para entonces, según las crónicas de época, el peligro de los ataques charrúas había disminuido considerablemente, favoreciendo el asentamiento de familias provenientes principalmente de la Bajada del Paraná.
Aquellos pobladores levantaron sus primeras viviendas al oeste del río Gualeguay, en un paraje que con el tiempo sería conocido como “Capilla Vieja”. Se trataba de un pequeño caserío rural disperso, habitado por hacendados, peones y familias criollas dedicadas a las tareas ganaderas.
En 1771, el sargento mayor de Paraná, Don Juan Broin Osuna, encontró en la zona a “veintitantos” españoles establecidos allí, además de la presencia de pobladores originarios. Un año después, el hacendado correntino Don Francisco Méndez fue designado por Santa Fe como Alcalde o Juez Comisionado del Partido, una señal de que el lugar comenzaba a adquirir cierta relevancia administrativa.
También en 1772 llegó desde Catamarca Don Antonio de Luna, quien transportaba una imagen de San Antonio adquirida en Buenos Aires. La devoción hacia el santo creció rápidamente entre los vecinos y motivó la construcción de una pequeña capilla impulsada por Méndez y los habitantes del lugar. El oratorio fue concluido en 1775 y quedó bajo la jurisdicción del Cura de Paraná, ya que el territorio dependía eclesiásticamente de aquella parroquia.
Sin embargo, el crecimiento poblacional y las necesidades espirituales de la región llevaron a los vecinos a solicitar una estructura religiosa propia. Así, en diciembre de 1779, alrededor de cincuenta habitantes del Partido de Gualeguay Grande elevaron una petición al virrey Vértiz y Salcedo solicitando autorización para erigir una parroquia.
La respuesta favorable llegó pocos meses después. El 20 de marzo de 1780, el virrey aprobó oficialmente la creación de la nueva jurisdicción eclesiástica, hecho que significó un paso decisivo hacia la consolidación institucional de Gualeguay.
Tras la autorización virreinal, fue designado como primer párroco el presbítero Don Fernando Andrés Quiroga y Taboada, quien asumió formalmente sus funciones el 12 de noviembre de 1781.

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