412 faroles a kerosén en 1888: el reclamo de una mejor iluminación pública
Corría julio de 1888 cuando las páginas del diario local La Discusión encendían las alarmas sobre una problemática urbana que, a día de hoy, resuena con una familiaridad sorprendente: la expansión del alumbrado público frente al vertiginoso crecimiento demográfico de la ciudad.
El artículo:
La crónica, literalmente, señalaba lo siguiente: “Cada día siéntese más la necesidad de ensanchar en nuestro municipio el rádio del alumbrado público. A medida que la poblacion aumenta y la edificacion se desarrolla, aquella necesidad es mas viva y perentoria. En la actualidad, existen bários importantes y relativamente centrales, que se hallan privados del beneficio del alumbrado, con grave perjuicio de sus moradores y hasta de la seguridad pública”.
“El servicio del alumbrado es, pues, deficiente dada la considerable extencion de la planta urbana y el número ínsignificante de faroles con que aquel servicio se practica. Segun los datos suministrados por la última memoria, presentada por el Presidente de la Municipalidad, resulta que el servicio del alumbrado público, se hace con 412 faroles á kerósen distribuidos en la forma siguiente: 128 en el 1er. Cuartel, 97 en el 2º, 81 en el 3º y 106 en el 4º”.
“La simple exhibicion de esas cifras indican desde luego la deficiencia ó la insuficiencia del servicio. La ciudad de Gualeguay cuenta con 1527 edificios, incluyendo en este número las casas de techo de paja y los ranchos; basta la enunciacion de ese dato para dejar demostrada la necesidad de extender el rádio del alumbrado, pues no se concibe que con 400 faroles pueda atenderse á las exijencias y á las necesidades de esta rama de la administracion comunal”.
“El vecindario que se halla algo alejado del centro, lucha diariamente con los inconvenientes que resultan de la deficiencia señalada, y clama con justicia por salir de la oscuridad y de las sombras en que actualmente se halla envuelto, por falta de alumbrado público”.
“Hay necesidad entonces de reaccionar contra semejante estado de cosas, que constituye una gran incomodidad para la poblacion, y entraña tambien peligros y amenazas para la seguridad personal. Ya que por el momento no nos sea dable implantar en nuestro municipio los modernos sistemas de alumbrado público, debemos pensar al menos en mejorar el existente, introduciendo en él las mejoras y desenvolvimientos posibles, á fin de colocarlo al nivel de las necesidades presentes, las cuales son tanto mas premiosas y urgentes, cuanto mas honda es la huella de nuestros progresos y adelantos urbanos”.
“Calles que están á un paso del centro, y que son notables por su edificacion y movimiento, se ven condenadas á tinieblas perpétuas y ofrecen en las noches oscuras ó tempestuosas todos los aspectos de un laberinto solitario, ó de una trampa sin salida”.
“Es indispensable tomar nota de estas deficiencias, y aplicarles el remedio oportuno. La Municipalidad no tendrá que hacer grandes desembolsos para proveer á esta necesidad del servicio público. Basta un poco de buena voluntad para llevar á cabo esta mejora local que seria muy bien recibida por el vecindario”.
“Nosotros creemos hacernos éco de una necesidad pública, al pedir la ampliacion del radio del alumbrado; ahora toca satisfacerla á los celosos y progresistas ciudadanos que se hallan al frente de la administracion comunal”, indicaba por último el artículo de La Discusión.
La
prensa de la época calificó la situación como una "gran incomodidad"
y un peligro real para la seguridad pública, instando a las autoridades
municipales a actuar con presteza. El editorial remarcó que solucionar estas
deficiencias preliminares no requería de grandes desembolsos económicos, sino
de "buena voluntad" por parte de la administración local para
extender el radio de cobertura y evitar que las calles se transformaran en "laberintos
solitarios o trampas sin salida" en las noches de tormenta.
Asomaba la innovación
No
obstante, la gran noticia que encendió la esperanza del vecindario apareció
hacia el final de la crónica. Se anunció la inminente presentación de un
proyecto revolucionario ante la Municipalidad: la implementación del alumbrado
eléctrico. Este sistema proyectado planeaba replicar el exitoso y brillante
modelo que ya se encontraba operativo en la localidad de San Nicolás, marcando
el primer paso firme de Gualeguay hacia la modernidad del siglo XX.
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