Seis décadas de historia detrás de la ventana: el Kiosco Zubillaga celebra más de 60 años en Gualeguay

Fundado en 1964 por Daniel Armando Zubillaga cuando aún iba a la escuela primaria, el emblemático comercio de la calle San Antonio Norte se convirtió en un pilar familiar que ya va por su tercera generación.

Hay comercios que forman parte del mapa invisible de una ciudad, de esos que sirven como punto de referencia y guardan entre sus paredes la memoria de varias generaciones. En Gualeguay, ese lugar de privilegio lo ocupa, sin dudas, el "Kiosco Zubillaga". El pasado 19 de agosto, este emblema local sopló 60 velitas, consolidándose como uno de los comercios más antiguos y queridos de la comunidad.

La historia comenzó por la tarde del 19 de agosto de 1964 en el mismo lugar donde atiende hoy: San Antonio Norte N° 143. En aquel entonces, un jovencísimo Daniel Armando Zubillaga, que estaba terminando 5° y 6° grado de la escuela, recibió la autorización de su abuelo Antonio Arena para abrir un pequeño negocio en la sala de la casa.

De una ventana a un emblema local

Al principio, aquello que parecía casi un juego requería de un engranaje familiar estricto: por la mañana, mientras Daniel estaba en el colegio, su madre Ada se hacía cargo de la atención; por la tarde, el niño tomaba el control junto a sus hermanas. La atención al público se hacía, literalmente, a través de la ventana de la casa.

"Gualeguay era muy tranquilo hace 60 años. No pasaban autos. A veces te pasabas las horas mirando y no pasaba nadie, hasta que empecé a armar la clientela", recuerda hoy Daniel con nostalgia.

El éxito no tardó en llegar. A los tres años de la apertura, el flujo de vecinos era tan bueno que la familia decidió realizar las primeras remodelaciones y colocar, finalmente, una puerta de entrada que bendijeron con orgullo. Desde entonces, el rubro se mantuvo intacto: diarios, revistas, golosinas y la calidez de siempre.

El salto del año 2000: un sueño pagado con monedas

La vida del kiosco se entrelazó definitivamente con la vida familiar. En 1973, Daniel se casó con Olga, quien se convirtió en su compañera inseparable detrás del mostrador. Tiempo después nacieron sus hijos, Daniel y Carlos, quienes crecieron entre golosinas y diarios.

El inicio del nuevo milenio trajo consigo el gran hito de la expansión. En septiembre del año 2000, gracias a la facilidad de venta de su amigo y proveedor "Kalica" Escudero, la familia adquirió el local comercial ubicado en la estratégica esquina de 25 de Mayo y Ayacucho, fundando el conocido "Kiosco Zubi".

Evangelina, nieta de Daniel, evoca con emoción el sacrificio que costó dar ese salto en plena antesala de la crisis del 2001: "Recuerdo que tenía 6 años y lo acompañaba a pagar las cuotas del local con bolsas de monedas de un peso. Bolsas que costaban mucho sudor y esfuerzo ganar en ese momento, donde toda la familia aportaba su grano de arena".

El legado continúa

Hoy, Daniel ya disfruta de su jubilación, y el negocio es comandado firmemente por sus hijos, Carlos y Daniel, con el apoyo diario de "Cale" y Viviana en la atención. Seis décadas de trabajo ininterrumpido —muchas veces resignando feriados, vacaciones y descansos— han dado sus frutos.

Con la juventud de hoy copando los locales y los clientes de toda la vida en el recuerdo, la familia Zubillaga mira al futuro con la misma ilusión del primer día. El fundador, al cerrar su entrevista, no oculta su máximo deseo para el negocio que empezó en una ventana: "El agradecimiento continuo es hacia la gente que siempre me apoyó. Ahora espero que sigan los nietos y que después puedan festejar los 100 años".


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