Soychú: seis décadas de trabajo, innovación y una historia que nació en Gualeguay
De un pequeño emprendimiento
familiar iniciado en
Un emprendimiento familiar que cambió la avicultura
Hablar de Soychú es hablar
de una empresa que logró transformar un pequeño emprendimiento familiar en uno
de los principales referentes de la industria avícola argentina. Su historia
comenzó en 1962, cuando la familia Santángelo decidió instalar en Gualeguay, al
sur de la provincia de Entre Ríos, una modesta planta de faena de aves en
momentos en que la avicultura nacional comenzaba a dejar atrás el modelo
artesanal para convertirse en una verdadera actividad industrial.
Aquella primera planta
procesaba apenas 120 pollos por hora, una cifra que hoy parece insignificante
frente a los niveles actuales de producción, pero que representaba un enorme
desafío para la época y el punto de partida de una empresa que nunca dejó de
crecer.
Desde sus inicios, Soychú se
caracterizó por una visión empresarial basada en el trabajo constante, la
inversión y la búsqueda permanente de mejoras productivas, valores que
continúan siendo parte de su identidad.
El salto hacia la industrialización
El crecimiento sostenido
obligó rápidamente a ampliar la capacidad instalada. En 1975, la empresa
inauguró una nueva planta frigorífica que, por sus dimensiones y capacidad de
procesamiento, pasó a ubicarse entre las más importantes de Entre Ríos.
Ese fue un momento decisivo
en la evolución de la compañía. A partir de entonces comenzó un proceso
continuo de incorporación tecnológica, modernización de instalaciones y
profesionalización de sus equipos de trabajo, sentando las bases de un modelo
industrial de integración vertical.
Mientras muchas empresas
dependían de proveedores externos para distintas etapas del proceso, Soychú
decidió controlar cada uno de los eslabones de la cadena productiva.
Una integración que garantiza calidad
Uno de los grandes pilares
del desarrollo de la empresa fue la integración de todos los procesos
vinculados a la producción avícola.
En 1968, apenas seis años
después de su fundación, inauguró La Pionera, su primera granja de crianza de
aves. Aquella decisión estratégica permitió comenzar a controlar directamente
la producción desde su origen.
Con el paso del tiempo esa integración fue ampliándose hasta conformar una estructura que hoy incluye: plantas de faena; plantas de incubación; fábricas de alimentos balanceados; complejos de aves reproductoras; sistemas propios de producción.
Este modelo permite
garantizar la trazabilidad, el control sanitario y la calidad del producto
desde el nacimiento del ave hasta su llegada al consumidor.
A ello se suma una visión
sustentable del negocio: los subproductos generados durante el proceso
industrial son reutilizados para la elaboración de harinas y aceites,
contribuyendo al aprovechamiento integral de los recursos.
Crecimiento con identidad nacional
Lo que comenzó en un pequeño
predio alquilado, equipado incluso con maquinaria diseñada y fabricada por la
propia empresa, terminó convirtiéndose en una de las cadenas avícolas más
importantes del país.
Durante más de cinco
décadas, Soychú consolidó un modelo de crecimiento basado en la reinversión
permanente, la incorporación de tecnología y el desarrollo de infraestructura,
sin perder su esencia de empresa familiar.
Ese crecimiento permitió
ampliar su presencia comercial, fortalecer su capacidad productiva y
posicionarse entre las principales firmas del sector avícola argentino.
Una empresa con proyección internacional
Hoy Soychú no solo abastece
al mercado interno, sino que posee una marcada proyección internacional.
La empresa ha logrado
consolidar una estructura capaz de cumplir con exigentes estándares de calidad
y mantener relaciones comerciales con distintos mercados, apoyándose en procesos
productivos cada vez más eficientes y en una política constante de innovación.
Su evolución demuestra cómo
una empresa nacida en el interior del país pudo transformarse en un actor de
relevancia dentro de la industria alimentaria nacional.
El legado de una familia
Detrás del crecimiento de
Soychú existe una historia profundamente ligada a la familia Santángelo, cuyo
espíritu emprendedor permitió construir una organización basada en el esfuerzo,
la confianza y la visión de largo plazo.
Más de sesenta años después de aquel comienzo en Gualeguay, la empresa continúa apostando al desarrollo productivo, a la innovación tecnológica y a la mejora permanente de sus procesos.
La historia de Soychú
refleja, en definitiva, el recorrido de una empresa que supo adaptarse a los
cambios de la industria sin perder sus raíces, convirtiéndose en un verdadero
símbolo del crecimiento de la avicultura argentina y en uno de los principales
motores económicos de la ciudad de Gualeguay.
*UNA HISTORIA DE PELÍCULA
La comunidad italiana en
Argentina es una de las más representativas del país desde el siglo XIX a la
actualidad.
Según estimaciones,
aproximadamente el 50% de la población de Argentina, unos 27 millones de
habitantes, es de origen mayormente italiano. No por nada, Jorge Luis Borges
llegó a afirmar que «el argentino es un italiano que habla español». Se estima
que entre 1870 y 1970, arribaron 2,9 millones de italianos, muy por delante de
Brasil que recibió –durante el mismo período– 1,5 millones de italianos. Dicho
país fue el destino preferido de la migración transoceánica italiana entre 1876
y 1895, pero después de este período perdió importancia y nunca logró
recuperarse.
Por el contrario, Argentina
y en especial los Estados Unidos, continuaron recibiendo un gran número de
italianos durante el siglo XX. En la posguerra, Estados Unidos impuso cuotas
para la entrada de extranjeros, y Argentina recuperó su importancia como uno de
los mayores destinos de la diáspora italiana.
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| Víctor y Domingo Santangelo. |
Vale la pena hacer un paréntesis para describir Ginosa: una ciudad muy antigua que conocióla ocupacion romana, bizantina, lombarda, zarracena, normanda y española. Su centro histó- rico, con sus “gravinas” –que son fosas profundas naturales cavadas en la roca blanda–, conserva grutas e iglesias rupestres de valor inestimable.
Hoy Ginosa cuenta con cerca de 25.000 habitantes; su territorio es muy fértil, y con sus viñedos y frutales se extienden hasta el mar, donde surge su zona urbana Marina de Ginosa, conocida por su mar puro, cristalino y pintado por un azul hipnótico. Si bien Domingo ya había dejado Ginosa unos años antes, para probar suerte en Argentina, Víctor emigró hacia nuestro país –teniendo tan solo 24 años– con sus dos hermanas mayores, y años más tarde, lo siguieron sus padres –Don Francisco y Doña Rosa–, sus tres hermanas menores y su mujer –María–, con quien Víctor tuvo que casarse mediante un poder para que ella pudiera ingresar en Argentina ya estando casada.
Una vez en Argentina, se
instalaron junto a Domingo en la casa de una tía que vivía en Buenos Aires, y
Víctor comenzó a trabajar haciendo sus primeras armas en el país, hasta que
consiguió empleo en una carnicería dentro de un mercado ubicado en la
intersección de las calles Trelles y Gaona.
Luego de un tiempo, el dueño
de la carnicería le ofreció comprar la llave del negocio y, si bien la falta de
dominio del idioma español se presentaba como una dificultad, la hermana de
quien le estaba vendiendo la carnicería se ofreció a quedarse trabajando en la
caja y eso fue lo que lo definió a emprender una nueva etapa en su vida, una decisión
que sin imaginar lo que vendría después, cambiaría no sólo su historia, sino
también la de su familia.
Así fue como lo invitó a su
hermano a sumarse a este emprendimiento, quien dejó su trabajo en un reconocido
taller alemán donde perfeccionó sus conocimientos de herrería, y rápidamente
aprendió a despostar. Así fue como comenzaron juntos a atender el negocio. Más
tarde, compraron un triciclo y mientras Víctor trabajaba en la carnicería,
Domingo hacía el reparto, obteniendo de esta forma, un valor más atractivo en
los cortes.
Pero en Argentina, ya estaba
radicada otra rama de los Santangelo. El primo de Víctor, José Pizulli, había
llegado unos años antes a nuestro país y, como en esa época los inmigrantes
tenían que establecerse a una distancia mayor a los
Lo cierto es que Domingo
decidió visitar a su primo y aprovechar para ver los ya por entonces famosos
carnavales y fue allí donde conoció a quien luego sería su mujer. Como era de
esperar, el flamante noviazgo lo llevó a Domingo a viajar a Gualeguay cada vez
más seguido y, en uno de esos tantos viajes, comenzó a interesarse por la
producción y venta de pollos, ya que el negocio parecía ser ciertamente
atractivo.
Por esos tiempos, el pollo
se llevaba vivo al mercado de concentración y fue en ese momento donde Víctor
Santangelo tuvo una visión muy clara del negocio al tomar conciencia de que
enfrente de su carnicería había un punto de venta de pollos, propiedad de la
familia De Grazia –hoy dueños de Granja Tres Arroyos–, y veía que había colas
infinitas de gente para comprar el pollo vivo.
Los De Grazia primero le
mostraban el pollo vivo a sus clientes, para que luego de la selección y
preparación, el ave se entregaba pelada y desangrada, nada más. En algunos
casos se lo evisceraba a pedido del cliente. Por ese entonces, en Gualeguay
había mucha crianza de pollos, productores pequeños que elaboraban de
Fue en ese momento cuando
Domingo propuso la fabricación de un peladero con el fin de mandar los pollos
ya pelados desde Gualeguay a Buenos Aires. La propuesta fue rápidamente
aceptada por Víctor, y Domingo –con mucho entusiasmo, pero pocos recursos–
fabricó una máquina de pelar los pollos a mano, para luego mojar las aves en un
recipiente de
De allí sacaban pollos
enteros, cuyo destino era la comercialización en el negocio de Buenos Aires. La
primera carga no fue muy exitosa, ya que el pollo no llegó al negocio de Buenos
Aires en óptimas condiciones.
Como consecuencia de ello,
los Santangelo decidieron parar la producción, construyeron una cámara de frío,
le agregaron hielo a los cajones para transportarlo y compraron un camión que
ellos mismos aislaron y prepararon para el transporte desde Gualeguay a Buenos
Aires. Ahora sí, el engranaje comenzaba a funcionar y, allá por el año 1962,
comenzaba a escribirse la historia de lo que hoy es Establecimiento Frigorífico
de Aves Soychú. Víctor y Domingo trabajaban de sol a sol.
Comenzaban a las 12 de la
noche y no paraban hasta las 11 de la mañana. Luego retomaban a las 5 de la
tarde y seguían algunas horas más. Por ese entonces pelaban 150 pollos por
hora, durante 8 horas.
Pero había un problema… toda
la ganancia quedaba en manos de los mayoristas. De ahí que Víctor decidiera armar
una distribución. Fue en ese momento cuando les ofreció a Gaspar y a Pierino De
Grazia montar una distribución, poner una venta al público y una distribución
mayorista.
El resultado: Granja Tres
Arroyos, una empresa compuesta por las familias Santangelo y De Grazia con sede
en la calle Tres Arroyos al 300, donde actualmente está establecida la empresa,
hoy en manos exclusivamente de la familia De Grazia. Allí había un negocio de
venta al público, dos cámaras frigoríficas y una entrada de camiones para
atender a los repartidores que llegaban hasta allí para cargar pollos y luego
atender la venta minorista. Años más tarde, las familias emprenderían cada una
su propio camino, siempre dentro de la la avicultura, de manera realmente
exitosa, siendo esta decisión claramente positiva para ambas partes, ya que las
dos lideran actualmente el mercado.
Después se fueron sumando
uno a uno cada uno de los cinco hijos de Víctor –Franco, Claudio, Walter,
Humberto y Gustavo–, y Edgardo –el yerno de Domingo–, casado con su única hija,
Mariángeles. Al respecto, Franco recuerda sus comienzos en la empresa con gran
satisfacción, recuerdos que se remontan a su niñez. “¿Trabajar? ¡No! ¡Para mí
era una diversión! En el verano, yo iba a ver la carga de los camiones con pollos
vivos y lo tomaba como un paseo. Íbamos a Gualeguay por uno o dos meses y
aprovechábamos para ir al balneario; pero también, junto con Walter, nacimos y
crecimos en el peladero –lo que actualmente es la Planta de Procesado de
Frigorífico de Aves Soychú en Gualeguay–”, recuerda orgulloso. Con el correr de
los años, esa “diversión” se fue transformando en “pasión” y en esa forma de
vivir la avicultura nunca faltó una gran dosis de sacrificio, así como también
es destacable la permanente actitud emprendedora de los Santangelo.
*(Fragmento del artículo pubilcado en https://www.catedraavicola.com.ar/frigorifico-de-aves-soychu-un-sueno-hecho-realidad-la-exitosa-historia-de-la-familia-santangelo/)


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