Casa Bisso

 

Antigua fachada de Casa Bisso, esquina actual de Ayacucho y Segundo Gianello (Museo Histórico "Juan B. Ambrosetti").

A mediados del siglo XIX nuestro país atravesaba momentos críticos y de grandes transformaciones que marcarían a fuego su porvenir histórico. En 1852, luego de Caseros, la figura del gobernador entrerriano Justo José de Urquiza reemplazó a la de Juan Manuel de Rosas y, con él, sus ideas y reformas que habían dado sus frutos en Entre Ríos intentaron hacerse realidad en gran parte de la Confederación.

Entre ellas se encontraba el asentamiento de colonias de inmigrantes europeos, ante la falta de mano de obra calificada local y el atraso técnico y cultural de la población nativa. Esto se vio reflejado en la propia Constitución de 1853 y en el proyecto de país que la burguesía local se propuso llevar adelante.

La inmigración que arribó no fue finalmente la deseada, pues la mayoría llegó desde España e Italia y no desde el norte europeo. Sin embargo, los recién llegados se asentaron principalmente, en distintas etapas, en el Litoral y en la Pampa, donde estaban las tierras más fértiles que permitirían desarrollar el modelo agroexportador (Pigna, 2007, pág. 74).

Gualeguay, por pertenecer geográficamente a esas zonas fértiles, no fue la excepción y recibió con agrado y hospitalidad a esos inmigrantes que buscaban un mejor destino. Es por ello que arribaron gran cantidad de españoles e italianos que pasaron a formar parte de la sociedad gualeya, aportando su trabajo y esfuerzo para el progreso de toda la ciudad.

Es en esa época de primeras oleadas inmigratorias cuando llega a Gualeguay un italiano que será el protagonista inicial de esta historia y que dio vida a una de las casas comerciales más tradicionales de la ciudad, marcando toda una época y a generaciones de gualeyos que transitaron por sus grandes pasillos y mostradores encontrando siempre aquello que necesitaban.

Es a través de la obra de Olga Massoni que puede afirmarse que el personaje principal de esta historia, Don Tomás Bisso, llegó a Gualeguay proveniente de la región de Liguria, Italia, hacia el año 1855. Tomás provenía de un pueblo cercano a Génova, donde existe incluso hoy en día una casa comercial llamada Casa Bisso, tal cual el comercio cuya historia aquí se relata y que fue testigo de más de un siglo de vida gualeya.

La misma autora aporta datos interesantísimos sobre Tomás Bisso y sus actividades. Una vez arribado a Buenos Aires, se trasladó a Gualeguay, donde se desempeñó como albañil y horticultor hasta “formar un capital (20.000 bolivianos) que deposita en una firma local y vuelve a Italia para contraer matrimonio con Catalina Tassara”.

Tiempo después, Tomás regresó con su familia a Gualeguay, con dos hijos italianos, Ana y Agustín, a los que se sumarían en estas tierras Juan y Salvador (Massoni, 1984, págs. 47-48).

Pero lamentablemente las esperanzas —y el dinero— que Tomás Bisso había invertido en aquella firma local se esfumaron ante la quiebra de ésta, por lo que tuvo que volver a empezar, ahora con el apoyo familiar.

En la esquina actual de Ayacucho y Segundo Gianello, hacia finales de la década de 1880 aproximadamente, Don Tomás Bisso abrió las puertas de una especie de bar-almacén donde se reunían sus paisanos, aquellos inmigrantes que llegaron con él desde Europa, sumados a quienes ya habitaban en Gualeguay. Allí compartían algunas copas y largas charlas; se cree incluso que existía una cancha de bochas.

Pronto comenzaron a venderse diversos productos, tales como aceite de oliva, especias y otras materias primas provenientes de Italia. Sus hijos menores, Juan y Salvador, se incorporaron más tarde al negocio paterno, ampliando la oferta mediante contactos comerciales con su madre patria. El comercio comenzó a funcionar bajo el nombre de “Bazar Cosmopolita”.

Más tarde se incorporó a la sociedad su hermano Agustín. A partir de allí el emprendimiento cambió su nombre a “Bisso Hermanos”, teniendo como emblema un velero que representaba el origen transoceánico de la familia.

La casa comercial fue incorporando distintos productos y rubros. Su principal clientela provenía de la zona rural —colonias y estancias— cuyos pobladores compraban mediante créditos y, al finalizar las cosechas, regresaban a la ciudad para cancelar religiosamente sus cuentas.

El éxito de “Bisso Hermanos” se mantuvo hasta la década de 1930, cuando la crisis económica mundial repercutió en nuestro país. Según relata un bisnieto de Tomás, llegó a ocurrir que una conexión cloacal costara más que una casa.

A partir de entonces Agustín Bisso decidió retirarse de la sociedad y trasladarse a Gualeguaychú junto a su hija. Tiempo después Salvador Bisso se quitó la vida, por lo que Juan debió hacerse cargo solo del emprendimiento familiar.

Para entonces el negocio ya había incorporado nuevos rubros: bazar, ferretería, máquinas agrícolas, sanitarios, además de compra y venta de cereales. Fue durante esta etapa cuando la firma donó un terreno para que los empleados y sus familias tuvieran un espacio de recreación.

Ese predio, ubicado en la actual calle Centenario entre 25 de Mayo y Segundo Gianello, se transformó en el Club B.H., en homenaje a las iniciales de sus fundadores: Bisso Hermanos.

A principios de la década de 1940 falleció Juan Bisso y fue su esposa, María Serafina Tassara, de origen genovés, quien asumió la conducción del comercio.

A partir de ese momento se incorporaron como socios algunos de los empleados más antiguos y fieles a la familia: Fernando Carnevale, Andrés Solari, Juan José Plazaola y otros colaboradores que ayudaron a sostener la empresa mientras los hijos de Juan completaban sus estudios en Buenos Aires.

Esta sociedad adoptó el nombre de “Casa Bisso S.R.L.”. Durante esa época la firma realizó una breve mudanza y funcionó temporalmente en el local de la antigua Casa Caliani, en la esquina sureste de San Antonio y Pellegrini, frente al Banco Nación, debido a obras de ampliación en su histórico edificio.

Desde 1952 pasó a denominarse “Casa Bisso S.A.C.I.F.I.A.”, debido a la amplitud de sus actividades y rubros. Los nuevos socios fueron Augusto Bisso, Osvaldo Bisso, Andrés Solari, Héctor García y Fernando Carnevale, quien desempeñaba el cargo de gerente general de personal.

Aquellas ideas innovadoras de Tomás Bisso y de sus hijos, orientadas a incorporar cada vez más productos para ofrecer a la población, fueron respetadas por sus sucesores a lo largo de los años.

Ya desde la década de 1940, de aquel viejo almacén del “Bazar Cosmopolita” quedaban pocos rastros. El rumbo comercial se había orientado principalmente hacia rubros que serían la marca registrada de Casa Bisso:

Bazar y electrodomésticos.

Ferretería.

Cristalería.

Librería y venta de guardapolvos.

Pinturería.

Artículos para electricidad.

Corralón de materiales y sanitarios.

Maquinarias agrícolas.

Acopio de cereales.

La variedad era tal que cualquier gualeyo encontraba allí casi siempre aquello que necesitaba.

Salón de ventas de Casa Bisso (al fondo puede verse la sección bazar), Museo Histórico "Juan B. Ambrosetti".

Cena de personal de Casa Bisso, Museo Histórico "Juan B. Ambrosetti".

La clientela no se limitaba a los habitantes de la ciudad. Llegaban compradores desde General Galarza, Larroque, Rosario del Tala y gran parte del sur entrerriano.

Como se mencionó anteriormente, los principales clientes fueron las colonias y estancias que realizaban compras para todo el mes. Esto implicaba el manejo de extensos sistemas de cuentas corrientes, llevados íntegramente de forma manual.

Aunque el trabajo administrativo resultaba complejo, la mayoría de los empleados coincide en que se realizaba con entusiasmo, porque trabajar en Casa Bisso era considerado un verdadero privilegio. Muchos jóvenes preferían ingresar a la empresa antes que emigrar para estudiar, debido a la estabilidad laboral, los buenos ingresos y el ambiente de trabajo.

En la casa central llegaron a desempeñarse entre cuarenta y cincuenta empleados durante los años de mayor esplendor. El edificio ocupaba tres cuartas partes de la manzana y requería amplios espacios para actividades como el acopio de cereales, la venta de combustibles y los lubricantes. La empresa también ofrecía entrega de mercaderías a domicilio dentro de la ciudad mediante un pequeño camión rojo marca Internacional.

El acopio de cereales se realizó inicialmente en Puerto Ruiz, cuando el río aún permitía el transporte mediante lanchones y barcos. Más tarde fue trasladado a los silos ubicados detrás de la actual fábrica Inprocil, sobre Avenida Illia. Allí también funcionaban surtidores para combustibles y lubricantes destinados a maquinarias agrícolas y transporte pesado, ya que la sociedad era agente oficial de productos Shell.

En esa zona existían además dos galpones que recibían la mercadería transportada por el ferrocarril y funcionaban como depósitos complementarios de la casa central. Con el tiempo, el tren fue reemplazado por el transporte automotor que llegaba a través del Puente Pellegrini.

Galpón en donde funcionara el taller de máquinas agrícolas de Casa Bisso, sobre la actual calle Federación. Actualmente, en ese sector funciona un supermercado.

Entre las ampliaciones realizadas a la casa central se destacó la inauguración, en 1951, de un taller de reparaciones para las maquinarias agrícolas comercializadas por la firma.

Ubicado entre las actuales calles Alfredo Palacios y Segundo Gianello, el taller contribuyó significativamente a la mecanización del campo en Gualeguay y zonas vecinas. Algunas de las marcas comercializadas fueron McCormick Company y Fiat, siendo Casa Bisso agente oficial de ambas. El sistema de créditos en este rubro generó importantes beneficios para la empresa.

Otro sector fundamental, quizá el más recordado hasta nuestros días, fue el bazar. En él podían encontrarse productos de perfumería, limpieza, cristalería fina y artículos para el hogar. Todo estaba cuidadosamente exhibido en amplias estanterías, vitrinas y vidrieras. Los artículos de cristal eran lavados con agua y jabón antes de ser exhibidos para lograr el mejor brillo posible, reflejando el profesionalismo con que se trabajaba. La premisa era clara: atender bien al cliente para que regresara.

También permanecen en la memoria colectiva aquellas jornadas previas al inicio de clases, cuando las promociones de guardapolvos y útiles escolares provocaban verdaderas multitudes en busca de esos productos.

Todos los empleados utilizaban inicialmente guardapolvos grises. Hacia 1950 comenzaron a vestir uniformes específicos: polleras bordó y azul con flores para las mujeres y chaquetillas grises para los hombres.

La organización interna incluía:

Dos cajeras y dos empacadores.

Dos telefonistas.

Dos personas dedicadas a la limpieza.

Personal especializado para cada sección.

El horario de atención era de 8 a 12 horas y por la tarde de 15 a 19 horas en invierno y de 16 a 20 horas en verano, de lunes a sábado, aunque ocasionalmente también abrían los domingos. Durante las vacaciones la empresa cerraba sus puertas, informando a la clientela mediante avisos radiales y publicaciones en los diarios locales. Sin duda, Casa Bisso fue el comercio más influyente del sur entrerriano entre las décadas de 1940 y 1970. Abastecía a grandes estancias, colonias y también a otros comercios similares de distintas localidades.

Sin embargo, a partir de la década de 1980 comenzó un lento declive. La apertura del Complejo Zárate–Brazo Largo facilitó la conexión terrestre con Buenos Aires y permitió a muchos habitantes acceder directamente a mercados más amplios y competitivos.

A esto se sumaron problemas internos, dificultades financieras y acumulación de mercadería sin rotación. Quizás Casa Bisso no logró adaptarse a los cambios de una nueva sociedad de consumo que demandaba otros formatos comerciales, locales más modernos y nuevas estrategias de venta. Los nuevos tiempos comenzaron lentamente a erosionar la solidez de la empresa y, hacia comienzos de la década de 1990, el desenlace parecía inevitable.

Finalmente, en los últimos meses de 1994, la emblemática Casa Bisso cerró definitivamente sus puertas. Durante algunos meses los inmensos stocks fueron rematados en subasta pública en la esquina de Alfredo Palacios y Federación, donde anteriormente funcionaban el corralón de materiales y la venta de sanitarios. 

Fachada lateral de Casa Bisso, de ingreso al corralón de materiales, sobre la actual calle Alfredo Palacios (año 2015).

Fachada lateral de Casa Bisso en la actualidad, que servía de ingreso al bazar, ferretería y librería, sobre calle Ayacucho.

Esquina donde funcionara el corralón de materiales de Casa Bisso, en las actuales calles Federación y Alfredo Palacios (año 2015).



Llegaba así el triste final de una de las empresas más representativas de la historia comercial de Gualeguay. Su enorme inmueble fue subdividido. El antiguo salón de ventas fue alquilado a un supermercado y otros sectores fueron vendidos.

Quedaban atrás más de cien años de actividad comercial, de una empresa que creció junto a la ciudad y acompañó el desarrollo de toda la región. El edificio permanece aún en pie como testigo de aquellos tiempos. Sobre la calle Alfredo Palacios todavía puede observarse el nombre de Casa Bisso en la antigua fachada, así como un cartel ubicado en la parte superior del edificio, hoy parcialmente oculto por construcciones más modernas. Permanece también en la memoria de quienes recuerdan con nostalgia el brillo de una de las épocas doradas del comercio gualeyo.

Por Sergio A. Vegas

IES “Luis F. Leloir” – 4.º Año Profesorado de Historia – Espacio Institucional – 2015

Casas comerciales con historia de Gualeguay.



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