La increíble aventura del primer teléfono argentino

Una mañana calurosa de 1881, Buenos Aires cambió para siempre. Del primer cableado que unió a los hombres fuertes de la Generación del 80 al caos de empresas que obligó a refundar el sistema.

Hoy nos parece natural llevar el mundo entero en el bolsillo dentro de un dispositivo de vidrio y metal. Sin embargo, hubo un tiempo en que la distancia entre dos personas en Buenos Aires se medía en cuadras de tierra, mensajeros a caballo y cartas escritas con pluma y tintero.

Ese aislamiento empezó a romperse una calurosa mañana del martes 4 de enero de 1881, el día exacto en que la Argentina entró, casi sin darse cuenta, en la era de las telecomunicaciones.

El día del debut: un francés en la calle Florida

La historia cuenta que aquel martes de verano, el técnico francés Víctor Anden golpeó la puerta de una imponente casona ubicada en la calle Florida 351 (lo que hoy sería Florida 611, entre Tucumán y Viamonte). Allí vivía el prestigioso abogado y político Dr. Bernardo de Irigoyen, quien en ese momento se desempeñaba como Ministro de Relaciones Exteriores y Culto.

Irigoyen estaba a punto de salir hacia la Casa de Gobierno, pero retrasó su partida para ser testigo de un hito: la instalación del primer teléfono del país. Una vez que el aparato quedó fijo en la pared, el ministro estrenó el servicio comunicándose directamente con el presidente de la Nación, el general Julio Argentino Roca.

Ese mismo 4 de enero fue un día de cables y trepadas para los técnicos. Para la noche, ya se habían instalado veinte aparatos en lugares estratégicos de la ciudad. Entre los selectos miembros de la primera red telefónica se encontraban:

*La residencia del presidente Roca (en Rivadavia al 1700).

*El despacho del Intendente de la Ciudad (Torcuato de Alvear).

*El Ministerio de Guerra y Marina, a cargo del general Benjamín Victorica.

*Clubes e instituciones clave como la Sociedad Rural, el Club del Progreso y el Jockey Club.

Bernardo de Yrigoyen.

Del entusiasmo inicial al caos de las tres empresas

A pesar del espectacular debut, el crecimiento del teléfono en los años siguientes fue tan veloz como desorganizado. En poco tiempo, la "Gran Aldea" se vio inundada de postes y cables que cruzaban los cielos porteños, operados por distintas compañías que competían ferozmente entre sí.

Para 1887, apenas seis años después de aquella primera llamada de Irigoyen, el sistema se había vuelto impracticable. Si un comerciante quería comunicarse con todos sus clientes, tenía que estar suscrito a tres empresas telefónicas diferentes, pagando tres abonos y llenando su oficina de aparatos de madera y manivelas que no eran compatibles entre sí. El invento que había nacido para conectar, terminaba dividiendo.

"En aquel entonces la Gran Aldea contaba con diversos servicios telefónicos rudimentarios, lentos y de escaso alcance..." recordaba una famosa publicidad del Cincuentenario de la Unión Telefónica en 1937.

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|                CRONOLOGÍA DE UN PAÍS CONECTADO               |
|                                                             |
|  * 1881: Se instala el primer teléfono en lo de Irigoyen.    |
|  * 1887: Nace la Unión Telefónica para unificar las redes.  |
|  * 1903: El teléfono ya es parte de la sátira política.     |
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"Está ligado": el teléfono entra en la cultura popular

La unificación llegó finalmente a finales de 1887 con la creación de la Unión Telefónica del Río de la Plata, una fusión que agrupó las redes existentes. El cambio fue rotundo: por primera vez se entendió el "efecto de red", donde el servicio se volvía más valioso para el abonado a medida que se sumaban más aparatos al mismo sistema.

Hacia el cambio de siglo, el teléfono ya era una parte indiscutible —y a veces frustrante— de la vida cotidiana y la política argentina. Así quedó inmortalizado en una célebre tapa de la revista Caras y Caretas del 21 de noviembre de 1903.

En una magnífica ilustración de Manuel Mayol titulada "Está ligado", se veía al entonces candidato presidencial Manuel Quintana protestando airadamente frente al receptor por no poder comunicarse con "Don Julio" (Roca), una ironía sobre los hilos del poder político y las habituales fallas de las operadoras de la época.

Aquellos aparatos rudimentarios del siglo XIX terminaron evolucionando a la par del vertiginoso adelanto del país. La próxima vez que mires la pantalla de tu celular, acordate de que todo empezó con un técnico francés apurado, una mañana de calor en la calle Florida y un ministro que se retrasó para ir a la Casa Rosada.

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