El nacimiento de una villa: el plano de 1783 que dibujó el destino de Gualeguay
El lugar elegido para asentar la nueva villa no fue casual. El desmonte de la espesa vegetación ribereña se ejecutó sobre los claros terrenales que componían el viejo Puerto Del Santa Fe (también conocido como el Pago del Habra). Allí, en una geografía conectada con el agua pero protegida del río, comenzó a latir la historia urbana de Gualeguay.
Geometría colonial a "cien varas del río"
El encabezado del plano original nos sumerge de lleno en la precisión técnica y cartográfica de la época:
“Delineacion Ejecutada sobre el terreno que se desmontó en la Ribera distatante cien varas del Rio Gualeguay; Su direccion Noroest al N.W. cinco N., Polo del Mundo, Norte de la Aguja corregido”.
Orientados por la brújula y el "Polo del Mundo", los fundadores diseñaron una cuadrícula perfecta compuesta por 64 manzanas en total. El centro absoluto de este tablero de ajedrez era la Plaza Mayor, una explanada de 120 varas cuadradas pensada como el gran espacio común de los habitantes.
A partir de este núcleo, las calles se proyectaron con anchos jerárquicos: cuatro arterias principales de salida con doce varas de ancho, y ocho calles colaterales de diez varas, garantizando una circulación fluida para las carretas y los transeúntes de la época.
La distribución del poder y la fe
Alrededor de la plaza central, el plano de Olmos organizó meticulosamente las instituciones clave para el orden civil, religioso y militar de la colonia:
La Manzana 6 y 7: Espacios reservados para la construcción de la Iglesia, el Curato, sus dependencias y la Escuela, erigiéndose como el faro espiritual y educativo de la villa.
La Manzana 8: Destinada estratégicamente para el Comandante y el Cuartel, garantizando la defensa de la frontera entrerriana.
La Manzana 9: El epicentro civil, asignado a la Casa de Ayuntamiento (el Cabildo), la oficina del Escribano y la Cárcel.
La Recova y el reparto de tierras: el motor de la comunidad
El plano también contemplaba el desarrollo económico diario a través de los "puentes" de 9 varas y un cuarto de ancho. Propiedad del Cabildo, estas estructuras estaban destinadas a los caminos y la comunicación interna de la plaza, sirviendo como Recova para la centralización comercial y la “Venta de Verduras, Carne, Pan, etc.”.
Pocas semanas después de trazado el mapa, el 19 de marzo de 1783, se llevó a cabo uno de los eventos más esperados: las repartijas de tierra a los vecinos. La ubicación y entrega de estos solares no se hizo al azar, sino que estuvo determinada estrictamente por la antigüedad de cada habitante asentado en los partidos del Octavo Distrito, premiando el arraigo previo en la región.
El "impuesto verde" de la época colonial
Hacia el final de la leyenda del plano, se revela una curiosa e importante imposición ambiental y de subsistencia para quienes recibían tierras en las manzanas del noreste de la plaza:
“En las quales Vecinos, y Solitarios devernan tener plantados cada Año ......... Diez [árboles]”.
Esta ordenanza obligaba a los nuevos pobladores a forestar sus solares con al menos diez árboles anuales (ya fueran frutales o de sombra), buscando consolidar el paisaje urbano, asegurar el alimento y fijar raíces definitivas en el suelo entrerriano.
Hoy, al caminar por las simétricas calles del centro de Gualeguay, resulta fascinante recordar que cada esquina, cada ancho de calle y la disposición de sus plazas principales fueron minuciosamente pensados hace más de dos siglos sobre el antiguo e histórico Pago del Habra.

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