El Regimiento 3 de Caballería: crónica de un arraigo conflictivo en Gualeguay

La historia de las comunidades no solo se escribe a través de las grandes efemérides institucionales, sino también mediante los sutiles y a veces tensos engranajes de la convivencia diaria. Para la ciudad de Gualeguay, la primera mitad del siglo XX estuvo marcada por un fenómeno social, urbanístico y político sin precedentes: la permanencia, durante más de tres décadas, del histórico Regimiento 3 de Caballería de Línea.

Conocido en la mística militar como el "3 de Fierro" —bautizado así tras sus duras jornadas en las campañas de la Patagonia—, el derrotero de esta unidad en tierras entrerrianas no estuvo exento de polémicas. Su llegada, su conflictiva instalación en los predios de la Sociedad Rural y su posterior partida en 1945 configuran una de las páginas más fascinantes del pasado gualeyo.

De Rivadavia a Ituzaingó: Las raíces del "3 de Fierro"

Para comprender la magnitud de la unidad que se afincó en Gualeguay, es necesario rastrear sus orígenes en los albores de la organización nacional. El regimiento nació al calor de la inminente guerra con el Imperio del Brasil. Fue el 1 de marzo de 1826 cuando el presidente Bernardino Rivadavia decretó la creación del Regimiento 3 de Caballería de Línea, designando como su primer jefe al Coronel Manuel Escalada.

Sin embargo, la genealogía de la unidad guarda un estrecho vínculo con los célebres "Coraceros Defensores de Buenos Aires", cuerpo provincial creado en 1823 bajo el mando del Teniente Coronel Juan Lavalle, que más tarde se transformaría en el Regimiento 7 Nacional. Debido a las misiones que apartaron a Escalada, la jefatura efectiva del "3" quedó inicialmente en manos de una figura civil y militar clave: el Teniente Coronel Ángel Pacheco, cuyo nombre ostenta la unidad en la actualidad.

Con un núcleo de sargentos y cabos provenientes del ya extinguido Regimiento de Granaderos a Caballo, el "3 de Caballería" marchó al Uruguay bajo las órdenes de Carlos María de Alvear. Allí derramó su sangre en batallas fundacionales como Ituzaingó y el combate de Camacuá, antes de regresar a custodiar las fronteras y participar en las guerras civiles decimonónicas.

La llegada al Litoral y el dilema del espacio urbano

Tras custodiar los confines de la Patagonia y participar activamente en la fundación de San Martín de los Andes, el siglo XX trajo un cambio de destino estratégico para los jinetes. En enero de 1907, el Decreto Presidencial Nro. 4248 dispuso su traslado a la provincia de Entre Ríos. Luego de una estancia en Concordia, en junio de 1913 las vanguardias del regimiento hicieron su entrada definitiva a Gualeguay.

Fue en ese preciso instante donde la macrohistoria militar se chocó de frente con la realidad local. El Ministerio de Guerra no contaba con instalaciones propias en la ciudad. Ante la emergencia, los dirigentes de la Sociedad Rural Gualeguay (SRG) ofrecieron en préstamo su local social, ubicado en las actuales calles Quadri y J.J. Parachú.

Lo que originalmente se proyectó como un favor provisorio mutó rápidamente en un asentamiento casi definitivo. Los años pasaban y el Ejército no mostraba intenciones de edificar sus propios cuarteles ni de desalojar el predio. Esta "toma de posesión" de facto sumió a la Sociedad Rural en una parálisis institucional catastrófica: sin sede para sus funciones y asambleas, la entidad entró en un cono de sombra e inactividad forzada, afectando el normal desarrollo de la pujante producción ganadera de la región.

Un pueblo dividido: La gran polémica de 1919

Hacia 1918, un grupo de socios de la Sociedad Rural, cansados del avasallamiento institucional, inició gestiones formales para exigir la devolución del predio. La presión surtió efecto: al año siguiente, el Ministerio de Guerra anunció oficialmente que el regimiento sería trasladado a otra localidad.

Lejos de pacificar los ánimos, el anuncio ministerial desató una tormenta perfecta en la opinión pública de Gualeguay, dividiendo al pueblo en dos facciones irreconciliables:

Los Defensores de la Propiedad: Vecinos y productores que respaldaban el legítimo derecho de la comisión de la Sociedad Rural a recuperar su patrimonio para reactivar el motor económico regional.

La Comisión "Pro Permanencia": Un numeroso grupo de ciudadanos que se movilizó de urgencia en los salones de la Sociedad Fomento Educacional. Argumentaban que la partida del regimiento significaría una pérdida irreparable en términos económicos, sociales y de prestigio para Gualeguay, culpando directamente a la Sociedad Rural por el inminente "abandono" estatal.

La tensión social fue tal que la Comisión Directiva de la Rural tuvo que ceder ante la presión comunitaria. En una dramática votación, enviaron una nota al Gobierno Nacional autorizando al regimiento a permanecer en el lugar por tiempo indeterminado. El costo fue altísimo: la Sociedad Rural, virtualmente, desapareció de la vida pública durante los años siguientes debido a la dispersión absoluta de sus asociados.

Crisis, venta y un paradójico final

El destino de la manzana de Quadri y Parachú se resolvió recién en la década siguiente. En 1922, una profunda crisis ganadera obligó a los productores a reorganizar la extinta Sociedad Rural. La nueva comisión directiva asumió con una postura pragmática: la convivencia forzada debía terminar. Tras años de negociaciones, se designó un delegado para entrevistarse directamente con el plano político nacional, logrando que en 1936 el Estado Nacional comprara formalmente las instalaciones a la Sociedad Rural.

A pesar de que el conflicto inmobiliario parecía resuelto y el Ejército ya era dueño de su casa, los vaivenes de la geopolítica nacional torcieron el destino. Apenas nueve años después de la compra, el 18 de diciembre de 1945, el Regimiento 3 de Caballería abandonó definitivamente Gualeguay para trasladarse a la Guarnición Gualeguaychú, donde adoptaría temporalmente el nombre de "Brigadier General Martín Rodríguez", antes de su mudanza final en 1964 a las tierras gélidas de Esquel, Chubut.

El balance de tres décadas de comunión

A pesar de las agrias disputas por el suelo que ocupaba, el impacto socioeconómico y humano del "3 de Fierro" en la comunidad gualeya fue innegable y benéfico. Durante 32 años, la presencia de cientos de oficiales, suboficiales y jóvenes conscriptos dinamizó los comercios, expandió las fronteras de los barrios periféricos y alteró positivamente la vida social.

Los soldados del "3" fueron vecinos ejemplares en los momentos de crisis, convirtiéndose en el brazo operativo del rescate y la asistencia cada vez que las bravas inundaciones del río Gualeguay castigaban a los sectores ribereños. Asimismo, sus bandas de música y sus imponentes desfiles de gala le dieron un brillo aristocrático y popular a cada fecha patria, quedando grabados en las retinas de las generaciones de la época.

La historia del Regimiento 3 en Gualeguay es el fiel reflejo de una Argentina en crecimiento, donde el progreso local, las pasiones pueblerinas y los intereses del Estado Nacional se trenzaron en un largo abrazo que duró más de treinta años y que aún resuena en la memoria histórica de la ciudad.

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