De la cancha del Hotel Americano al Club Pelota Gualeguay: una pasión centenaria
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| Foto ilustrativa. |
La historia de la pelota vasca en Gualeguay
tiene raíces profundas que se remontan al siglo XIX, cuando este deporte
comenzaba a despertar el entusiasmo de vecinos y aficionados en una ciudad que
crecía al ritmo de la inmigración y el comercio.
Un antiguo aviso periodístico publicado en 1889 permite asomarse a aquellos primeros tiempos. Bajo un llamativo aviso publicitario de un diario local “¡Va pelota!”, se anunciaba un importante encuentro que tendría lugar el domingo 4 de agosto de ese año, a las dos de la tarde, en la cancha del Hotel Americano, establecimiento que funcionaba en la tradicional esquina de San Antonio y Maipú, uno de los puntos más concurridos de la ciudad de Gualeguay.
El partido prometía emociones fuertes. Se disputaría a sesenta tantos, a mano limpia y utilizando únicamente la mano derecha, modalidad que exigía gran destreza, resistencia física y precisión. Frente a frente estarían los jugadores Victorio Giménez y Bautista Mihura, quienes enfrentarían a Carlos Nobile y Francisco Bordes en un desafío que despertó gran expectativa entre los aficionados.
La importancia del acontecimiento quedaba reflejada también en la apuesta acordada: nada menos que cien pesos moneda nacional, una suma considerable para la época. El propio periódico anticipaba que los seguidores de este deporte concurrirían en gran número para presenciar el espectáculo, evidencia del interés que ya despertaba la pelota en la sociedad gualeya de fines del siglo XIX.
El impulso de la colectividad vasca
Aquellos encuentros disputados en canchas abiertas fueron el antecedente de una tradición deportiva que con el tiempo echaría raíces definitivas en la ciudad. Apenas un año después de aquel recordado partido, el 29 de junio de 1890, quedó inaugurado el Frontón Gualeguay, una cancha construida por Francisco Beresiartu gracias al esfuerzo y entusiasmo de un grupo de inmigrantes vascos que deseaban conservar y transmitir una de las prácticas deportivas más representativas de su tierra natal.
La nueva instalación se convirtió rápidamente en un punto de reunión para los aficionados. Con el correr de los años, el escenario pasó a denominarse Frontón Dal Bó, nombre con el que continuó siendo reconocido por varias generaciones de jugadores y espectadores.
La historia tuvo un nuevo capítulo en noviembre de 1928, cuando los señores Marrugarren e Iriarte asumieron la conducción de la cancha y le dieron el nombre de “El Bidasoa”, en homenaje al célebre río que marca parte de la frontera entre España y Francia, una referencia cargada de simbolismo para la comunidad vasca.
El nacimiento del Club Pelota Gualeguay
La consolidación institucional de esta tradición deportiva llegó el 12 de agosto de 1934, fecha en que quedó formalmente fundado el Club Pelota Gualeguay. La creación de la entidad representó la culminación de décadas de práctica y esfuerzo comunitario en torno a un deporte que ya formaba parte de la identidad local.
Dos años más tarde, en 1936, el club dio un paso decisivo para su desarrollo con la concreción del cerramiento del frontón, obra que permitió mejorar las condiciones de juego y ampliar las actividades deportivas y sociales de la institución.
Desde aquellos desafíos a mano limpia disputados en la cancha del Hotel Americano hasta la consolidación de una entidad deportiva que aún forma parte del patrimonio de la ciudad, la historia de la pelota vasca en Gualeguay refleja el aporte de los inmigrantes, la pasión de los deportistas y el valor de las instituciones que ayudaron a construir la vida comunitaria local.
Más de un siglo después, aquellos nombres
—Giménez, Mihura, Nobile, Bordes, Beresiartu, Marrugarren e Iriarte— permanecen
ligados a una tradición que continúa siendo motivo de orgullo para Gualeguay y
que forma parte de la memoria colectiva de generaciones de gualeyos.

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