Fuego en la madrugada: la noche que las llamas devoraron «La Estrella» de Gualeguay

«El siniestro de esta madrugada ha producido una impresion sensible y penosa en el vecindario de esta localidad, donde el Sr. Garcia es mirado con esos sentimientos de consideracion...» - Crónica policial de 1889. 

Las tres de la mañana de un día cualquiera de 1889. La ciudad de Gualeguay descansa bajo el manto oscuro de finales del siglo XIX; las calles, recientemente nombradas por decreto oficial un par de décadas atrás, están desiertas. De pronto, un grito rompe el silencio en una de las esquinas más concurridas del casco urbano: ¡Fuego!

En pocos minutos, la esquina de las calles San Antonio y Maipú se convirtió en el escenario de una de las tragedias materiales más conmocionadas de la época: el incendio absoluto de la afamada Cigarrería de la Estrella.

El origen del desastre: el sótano de los tabacos

El siniestro comenzó de manera casual en las entrañas mismas del establecimiento de Don Antonio García. En el sótano de la cigarrería se acopiaba el corazón del negocio: una gran cantidad de tabacos en hoja, papel de liar y diversos artículos del ramo. Las condiciones de combustión de estos materiales, sumadas a la falta de sistemas modernos de extinción, propiciaron que el fuego ganara terreno rápidamente.

Las llamas no tardaron en romper el subsuelo e invadir con furia desatada todos los departamentos de la casa. El peligro se tornó dramático al alcanzar la zona destinada a la habitación de la familia de García.

Una evacuación milagrosa: Envueltos en densas nubes de humo y despertados por el rugido del elemento destructor, los familiares del comerciante lograron ganar la calle ilesos. La rápida movilización de los primeros vecinos que acudieron a los gritos de auxilio fue clave para salvar las vidas de la familia.

Solidaridad gualeya contra el viento

El combate contra el fuego en 1889 dependía enteramente del esfuerzo comunitario y los recursos mínimos. El viento de la madrugada avivó las llamas, envolviendo la estructura del edificio con una violencia inusitada.

Pronto se constituyó en el lugar el piquete de Guardias de Seguridad, dirigido por su Jefe, junto a empleados y guardas de la Municipalidad. Sin embargo, los verdaderos protagonistas fueron los propios vecinos de Gualeguay, quienes formaron cadenas humanas para arrastrar agua y aislar el foco ígneo en medio de la confusión generalizada.

Después de hora y media de un trabajo rudo, extenuante y perseverante, se logró dominar el incendio. Para entonces, el cuerpo del edificio que daba justo a la ochava de San Antonio y Maipú ya era cenizas y escombros: la destrucción del inmueble y de las mercaderías fue total.

El día después: pérdidas y el regreso por vapor

Las pérdidas materiales fueron calculadas por fuentes fidedignas de la época en la sideral cifra de 15.000 pesos, una fortuna para el comercio regional de finales del siglo XIX. La familia apenas logró rescatar algunas ropas, muebles contados y utensilios de uso diario. Por fortuna, el establecimiento contaba con un respaldo poco común para la época: estaba asegurado en una de las compañías financieras de la ciudad de Buenos Aires.

El drama sumó un componente de angustia familiar: Don Antonio García no se encontraba en Gualeguay al momento del desastre. El comerciante estaba en Buenos Aires atendiendo negocios del ramo y su familia tuvo que pasar la noche bajo el amparo de los vecinos, esperando su desesperado regreso, programado para el día siguiente en el vapor de la mañana.

La crónica de la época cierra con una profunda muestra de afecto de la comunidad, describiendo a García como un hombre cuya «honradez y trabajo» inspiraban la benevolencia de todo Gualeguay. El fuego destruyó las paredes de «La Estrella», pero dejó intacto el lazo de solidaridad de un pueblo que, ante la adversidad, siempre supo unirse.


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