La historia Don Bruno Alarcón: Antiguo Guerrero Tambor Mayor del Ejército de los Andes

La historia de este hombre se entrelazó con mi vida hace muchos años gracias a mi padre que siempre veló por enseñarme nuestra historia, desde las vivencias de aquellos olvidados, que no figuran en los libros de texto de historia, pero que esperan ser descubiertos, por quienes nos sentimos obligados a rendirles el merecido homenaje, por lo poco o por lo mucho que hicieron, por la construcción de nuestra nación.

Tendría yo alrededor de 8 años cuando mi papá, oriundo del pueblo de Gualeguay, Entre Ríos, un, morocho panza verde, visitando su casa natal, lo primero que hizo fue llevarme al cementerio local y allí de la mano me llevó hacia una tumba coronada con un sencillo monolito. Lo primero que me llamó la atención, al acercarnos, era la figura de un soldado con un tambor y me señaló una placa, que, leyéndola hoy, decía:

“El Ministerio de Educación de Entre Ríos, la Escuela Entrerriana, a la memoria de "BRUNO ALARCON", Tambor Mayor del Ejército de los Andes, 17 de agosto de 1950, año del Libertador General San Martín” ...

Y ahí me contó la historia de este ejemplar hombre que había sido soldado del Ejército de los Andes con la particularidad de que se desempeñó como el tambor Mayor de órdenes del Gral. San Martin, durante la Campaña Libertadora.

¡Mi padre había estado presente como alumno secundario en el acto que lo homenajeó con la colocación de esa placa! ¡Fue su último acto patrio en su tierra natal de Gualeguay ya que en 1951 con 18 años viaja a Buenos Aires para conseguir trabajo y continuar con sus estudios universitarios en Ingeniería, cosa que no terminó gracias a mi nacimiento!

Sobre su tumba me contó la historia de Don Bruno, el “Negro” que murió pobre y olvidado, pero que con su esfuerzo y sus hermanos de armas se había logrado nuestra libertad.

Los aburro un ratito para contarles algo de su vida. No hay mucho porque como les comenté paso la mayor parte de su vida olvidado…y poco se rescató de sus vivencias. Bruno Alarcón nació en 1780 en Buenos Aires, desde joven integra el ejército. Pasó por Entre Ríos con la expedición de Manuel Belgrano integrado en el Batallón de Pardos y Morenos durante la Campaña al Paraguay y a la Banda Oriental. Finalizadas estas y encuadrado dentro del Regimiento Nº 8 de Pardos y Morenos, en 1816, es enviado a Cuyo dónde se incorpora al ejército de San Martín en El Plumerillo, Mendoza. Utilizando como base esta unidad el Gran Capitán, remonta dos Batallones, el Nº 7 y el Nº 8 de los Andes, integrados por estos pardos y morenos libres y con el agregado de la recluta de negros esclavos a condición de darles la libertad una vez concluida la campaña libertadora.

Cruza los Andes y combate en Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. Pero él no era un simple soldado... se destaca como Tambor Mayor del Ejército de los Andes recibiendo las órdenes directas del Gral. San Martin para transmitirlas a los distintos jefes y sus respectivas unidades de infantería. Este músico era el que tenía los conocimientos musicales para enseñarles a los tambores de todas las unidades los "Toques Reglamentarios" y en ocasiones reunir a todos los músicos para formar la Banda para realizar la ejecución de Marchas, Conciertos y Retretas, en pocas palabras oficiaba de Maestro de Banda, incluso cuando el Regimiento entraba en batalla, siendo un integrante más de la "Plana Mayor" del Regimiento... Un lugar muy importante y de gran responsabilidad.

Una vez derrotados los ejércitos realistas regresa a las Provincias Unidas con los escasos sobrevivientes, y solicita la baja del Ejército trasladándose a la ciudad entrerriana de Gualeguay, porque se había enamorado de una mujer llamada Genara Correa, que había conocido cuando participó en las Campañas de Belgrano.

¡Logró encontrarla después de tantos años y soltera!

Se casaron, tuvieron hijos... Dejar el ejército implicó no tener ya su sueldo. Sólo llevaba su uniforme como vestimenta y su tambor baqueteado como única pertenencia… Al carecer de ningún tipo de pensión de guerra, pasó a ganarse la vida como pescador de río, y así crio a sus hijos y nietos.

Era un paisano más entre todos los paisanos que poblaban la tierra entrerriana, excepto el día de la fiesta patria del 25 de mayo, ya que ese día recobraba su condición, poco menos que legendaria, de antiguo "Guerrero del Ejército de los Andes".

Apenas el sol anunciaba su presencia en la fecha patria, desde la plaza central de San Antonio de Gualeguay extendiéndose por toda la población, llegaba el saludo de una "Diana" reciamente batida sobre el instrumento...

Es que don Bruno con su uniforme raído, altivo morrión asentado sobre su cabeza, barbas al viento y su ajetreado y antiguo tambor, como si lo alumbrara un sol sin ocaso, revivía la época en que a la voz del clarín latía su pecho firme y robusto marchando en la guerra con el redoble de su instrumento que, con ímpetu sonoro, copiaba el latido de su corazón patriótico...

¡Lógico que, ya en aquella época, a algunos, poco les interesaba los valores patrios y más, venidos de un negro loco!

¡Él vivía en las orillas del pueblo, en una humilde tapera cercana al cementerio donde hoy descansan sus restos mortales, así que camino a la Plaza eran varias cuadras a recorrer con su Tambor vibrante!

¡Más de uno lo insultaba a su paso porque los despertaba en día feriado!!!

En la dura batalla de su vida, el destino le reservó una sorpresa que quizá constituyó la más considerable satisfacción de su existencia...Un día del año 1878, llegó a Gualeguay el abogado, educador, escritor y poeta uruguayo, el Dr. Victoriano Emilio Montes, quien, interesado por las tradiciones de la ciudad, alguien le comenta sobre la existencia de don Bruno que vivía en la pobreza con la ayuda de la caridad de algunos vecinos…

Llevado por la curiosidad y el honor de conocer a un Veterano de la guerra de emancipación, acudió al rancho del viejo guerrero que bordeaba los 98 años de edad, y departió largamente con él, y fue así como pudo conocer fechas, lugares, ocasiones históricas y anécdotas que fluían de la conversación del anciano soldado... Conmovido por la historia, el escritor gestionó para que el gobierno otorgara a don Bruno una pensión... y le dedicó una poesía:

“El tambor de San Martin”. Con motivo de efectuarse en Concepción del Uruguay una fiesta benéfica en un teatro, alguien leyó la poesía de Victoriano Montes…

Los presentes, escucharon emocionados el poema y los vecinos de Gualeguay presentes, recién supieron quién era Bruno Alarcón.

La noticia corrió rápidamente por la provincia y el entonces gobernador, Don Ramón Febre, dispuso que el viejo tambor llegara a la Casa de Gobierno, donde en un acto público le hizo entrega de la suma de quinientos pesos para atender a sus necesidades más urgentes. Se aceleró el proyecto de ley que había gestionado don Victoriano a fin de acordarle una pensión vitalicia de doce pesos mensuales. La suma era pequeña, pero equivalía a un reconocimiento de servicios... Alarcón no pudo disfrutar del beneficio por mucho tiempo, pero fue una constancia oficial para que después su memoria fuera honrada como merecía y no recordada como una vaga leyenda…

Alarcón murió a los dos años de este reconocimiento, ya con 100 años de edad, el 16 de Mayo de 1880, año en que regresaban a la patria los restos de su jefe don José de San Martin, después de tanta indiferencia y desatino; lejos de los fulgores de la gloria...

Hasta acá llegamos con esta historia y espero que muchos jóvenes de hoy, al menos los del pueblo natal de mi padre, lo recuerden como siempre él lo llevó en su corazón y supo transmitirme a mí, el legado de darlo a conocer, a la presente generación.

PD: Con gran satisfacción recibí una gran noticia., Mi amigo historiador Esteban Ocampo pudo localizar una sesión del Congreso Nacional en 1950 donde se trata de una pensión para las dos nietas del "Tambor Mayor Pedro Bruno Alarcón". Su esposa, doña Genara Correa de Alarcón, cobró la pensión que se le otorgó a Alarcón hasta su fallecimiento siendo esta de $6,20. Existe también una solicitud al Congreso en 1899 para el traspaso de esa pensión a la única hija de él.

Ese pedido años después se repite para las nietas solteras de él: Mariana Juana y Eleuteria Alarcón, para que tengan una pensión de $300 mensuales por el término de 10 años. Al parecer se hizo efectivo.

Por: Gustavo Carlos Antonio Cúneo.

Archivo Historiográfico de la República Argentina, 1860-1930.

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