La Pampa funcional

 

Esquina de "La Pampa Funcional", en San Antonio y Primer Entrerriano. (gentileza familia Abrahán).

Con tan solo ocho años de edad llegó a la Argentina Miguel Abrahán junto con su familia, oriundos del Líbano, a fines del siglo XIX. El clan familiar venía en busca de nuevos horizontes, proyectando un futuro basado en la fe y la esperanza.

Su padre, llamado José Abrahán, se dedicó a ser arriero en los campos de la zona sur de la provincia de Entre Ríos y fue conocido en la región con el apodo de “el gaucho Abrahán”.

Aunque el origen del apellido Abrahán es judío, esta familia practicaba la religión católica. Tanto es así que eran devotos de la Virgen María, devoción que continuó a través del tiempo.

En las primeras décadas del siglo XX, Miguel Abrahán creció en este país, teniendo para su futuro un matrimonio acordado con una joven llamada Clara Mansour, proveniente también del Líbano, aunque residente en Cuba.

Cuando alcanzó la edad apropiada para contraer matrimonio, Don Miguel Abrahán viajó a la isla caribeña en busca de su prometida. Una vez casados y ya de regreso en la Argentina, se instalaron definitivamente en Gualeguay. Hacia el año 1930 tuvieron un hijo al que llamaron José Francisco, quien creció rodeado del amor de sus padres.

En 1954, José Francisco abrió su primer local comercial junto a su madre y a su esposa, Enriqueta Almeira. Era la “tiendita”, como la llamaba el círculo íntimo: “Tienda y Anexos José Francisco Abrahán”, ubicada en la esquina noreste de las actuales calles Urquiza y Ambrosetti, que sirvió de sustento familiar durante muchos años.

Desde que abrió sus puertas y durante un par de décadas, la “tiendita” funcionó muy bien. Mientras Gualeguay crecía en el aspecto urbano, comenzaron a ingresar al país y a la ciudad grandes firmas comerciales. Una de ellas era “Grandes Tiendas La Pampa”, instalada en la actual esquina suroeste de San Antonio y Primer Entrerriano.

Se trataba de una cadena perteneciente a la firma Rodríguez Barro, con casa central y sucursales en la Capital Federal.

Durante la década de 1960, José Abrahán comenzó a realizar viajes de transporte a Buenos Aires. Debe recordarse que, por aquellos años, viajar a la capital era una tarea ardua que demandaba muchas horas, ya que era necesario atravesar el río Paraná mediante balsas.

Don José viajaba no sólo para abastecer su comercio de mercadería, sino también transportando pasajeros.

A fines de esa década, la firma Rodríguez Barro decidió retirarse del país y poner en venta el local de “La Pampa”. Esto despertó el interés de José Abrahán por adquirir la tienda, a pesar de la prosperidad económica que le brindaba la “tiendita”.

Entusiasmado con el proyecto, comentó sus intenciones a varios amigos buscando apoyo y consejos. Sin embargo, el dinero disponible no alcanzaba para concretar la compra de inmediato.

Su comentario se difundió rápidamente entre la población y comenzaron a surgir otros interesados. Fue así como los señores Cortés, Barroetaveña y Míguez lograron reunir el capital necesario y adquirieron “La Pampa”, frustrando temporalmente los planes de Abrahán. De aquella sociedad nació la firma “Corbami S.A.”.

Esquina actual de Urquiza y Ambrosetti, donde funcionó la "tiendita" y los últimos años de "La Pampa" (año 2015).

Hacia 1971, el panorama económico de “La Pampa” no era alentador. Por ese motivo sus socios decidieron cerrar la tienda, lo que renovó el interés y la oportunidad para Don José Abrahán, quien esta vez logró comprar la firma Corbami S.A., enfrentándose a los riesgos que implicaba un emprendimiento de semejante magnitud.

Los primeros años tampoco fueron sencillos. Apenas dos años después, las cosas no marchaban bien. Sin embargo, lejos de seguir los pasos de sus antecesores, Don José decidió ampliar la oferta incorporando nuevos rubros.

A las ventas tradicionales sumó:

Mantería.

Almacén.

Artículos de limpieza.

La estrategia dio resultado. El negocio comenzó a crecer y terminó convirtiéndose en la esquina más popular de Gualeguay.

A medida que aumentaba el movimiento comercial, también crecía el número de empleados. Llegaron a trabajar allí catorce personas, cada una especializada inicialmente en un rubro determinado, aunque con el tiempo todos terminaron desempeñándose en las distintas secciones.

En 1982, la histórica “tiendita” de calle Urquiza cerró sus puertas para integrarse definitivamente a la ya exitosa “Tiendas y Anexos La Pampa”. Desde ese momento la cantidad de empleados ascendió a treinta.

Publicidad de "Grandes Tiendas La Pampa", diario "El Debate", 17 de mayo de 1947.

Las cosas comenzaron a marchar extraordinariamente bien. “La Pampa” ganó popularidad entre los vecinos de Gualeguay y de toda la zona, alcanzando gran prestigio por ser una de las pocas tiendas que ofrecía una enorme variedad de rubros y donde podía encontrarse prácticamente todo lo necesario.

Las ventas crecían año tras año y el período de mayor prosperidad se alcanzó durante las décadas de 1980 y 1990.

Dentro de esta etapa de esplendor comercial se destacó una particularidad que quedó grabada en la memoria colectiva: los famosos “Lunes Locos”, herederos de los “Precios Locos” de los años sesenta.

La iniciativa fue retomada hacia 1984 y consistía en preparar semanalmente una vidriera repleta de ofertas extraordinarias y precios sorprendentes. Según recuerdan los propios empleados, la gente se desesperaba por conseguir algunos de esos productos.

Las anécdotas abundan. Una de las más recordadas relata que, en cierta ocasión, dos clientas llegaron incluso a tomarse a golpes por quedarse con una de aquellas ofertas locas.

Las fiestas de Navidad y Año Nuevo eran también momentos de enorme actividad comercial. A la tienda concurrían no sólo los habitantes de Gualeguay, sino también clientes provenientes de General Galarza, Larroque, Enrique Carbó, Ceibas y Médanos.

Por ello, José Abrahán acostumbraba realizar importantes obsequios a sus empleados durante esas fechas. Los regalos incluían dinero, mercaderías y cenas de fin de año. Todos quienes trabajaron junto a él recuerdan con gratitud su generosidad.

Con la llegada del nuevo milenio comenzaron las dificultades. Estas ya no estaban vinculadas al comercio sino a la salud de Don José. En el año 2000 fue diagnosticado con Alzheimer, enfermedad que lentamente fue modificando su vida. Aunque continuó vinculado a la empresa que tantas satisfacciones le había brindado, la supervisión cotidiana debió ser asumida por sus hijos y empleados de confianza. Finalmente, en 2005, José Francisco Abrahán falleció.

Su muerte significó una enorme pérdida no sólo para su familia, sino también para empleados, amigos, conocidos y gran parte de la comunidad gualeya, que veía partir al hombre que había dado vida a una de las esquinas comerciales más emblemáticas de la ciudad.

A partir de entonces, la responsabilidad recayó sobre sus familiares, quienes debieron tomar decisiones difíciles. “La Pampa Funcional” comenzaba a perder el esplendor de otros tiempos. Las primeras medidas consistieron en reducir la oferta de mercaderías. Posteriormente, debido a la amplitud del local comercial —que contaba con 620 metros cuadrados— se resolvió trasladar la tienda y alquilar el inmueble principal.

De esta manera, “La Pampa” regresó simbólicamente a sus orígenes. La vieja “tiendita” de Urquiza y Ambrosetti volvió a abrir sus puertas, ahora llevando el nombre de su hermana mayor.

Naturalmente, esto implicó una importante reducción tanto en personal como en mercaderías. De los numerosos empleados de los años de auge, sólo permanecieron tres. La tradicional esquina de San Antonio y Primer Entrerriano fue alquilada a la cadena de electrodomésticos Megatone, posteriormente adquirida por Musimundo.

Sin embargo, las medidas adoptadas no lograron revertir la situación económica. En 2008, el traslado a la esquina de Urquiza y Ambrosetti demostró no ser suficiente y finalmente se produjo el cierre definitivo de “La Pampa Funcional”. Ese mismo año, la empresa que ocupaba el local de San Antonio y Primer Entrerriano ejerció la opción de compra del inmueble perteneciente a la familia Abrahán. Así concluía la historia de una de las casas comerciales más emblemáticas y tradicionales del Gualeguay del siglo XX. En los momentos buenos y en los difíciles, “La Pampa” fue siempre reconocida por todo el pueblo. Su nombre quedó asociado al esplendor comercial que durante décadas caracterizó a la ciudad.

“La Pampa”, como todos la conocían, se llevó consigo innumerables anécdotas y recuerdos. Aún hoy, para quienes alguna vez recorrieron su enorme salón de ventas, repleto de telas, productos de bazar, juegos, juguetes, mercería, zapatos, artículos de pesca, electrodomésticos y una inmensa variedad de productos, resulta imposible pasar por aquella famosa esquina sin recordar aquellos años en que Don José y sus empleados atendían siempre con una sonrisa.

CONCLUSIÓN

Las casas comerciales de Gualeguay tuvieron, sin duda alguna, la impronta del pueblo que las vio nacer, en una relación recíproca que fue dando forma tanto a una identidad local como a comercios que terminaron fusionándose con ella.

Desde el siglo XIX comenzaron a llegar masivamente inmigrantes a nuestro país y Gualeguay, ubicada en una de las regiones más fértiles elegidas por esos visitantes, se convirtió en destino de europeos de diversas nacionalidades que trajeron consigo sus costumbres y tradiciones para fusionarlas con los elementos criollos.

Aquella cultura inmigrante estaba forjada, en gran medida, sobre valores como el esfuerzo, el coraje y la perseverancia, cualidades que permitieron a muchos sobrevivir y prosperar en tierras desconocidas.

La mayoría se incorporó a las actividades rurales vinculadas al modelo agroexportador argentino. Otros, en cambio, eligieron las comodidades de los centros urbanos y se dedicaron a los oficios artesanales y al comercio.

Dentro de este último sector, numerosos pequeños negocios fueron creciendo con el paso del tiempo, ampliando tanto su oferta como su clientela. Era una época en la que las grandes tiendas, generalmente de capitales extranjeros, comenzaban a marcar el rumbo comercial y funcionaban como una suerte de “shopping” de antaño.

Los ejemplos más representativos de este modelo en Gualeguay fueron Casa Bisso y La Pampa.

Otros comercios optaron por especializarse en la elaboración de determinados productos, logrando una calidad tan distintiva que terminaron identificándose con ellos ante la sociedad.

Es el caso de:

La tradicional galleta de la Panadería Guerscovich.

Los alfajores, caramelos y la soda de La Industrial.

El recorrido por estas historias, marcadas por el esfuerzo y la perseverancia de sus fundadores, permite comprender la profunda huella que estos comercios dejaron en la sociedad gualeya.

Algunos han desaparecido; otros continúan vigentes. Todos, sin excepción, forman parte del patrimonio histórico y afectivo de la ciudad.

Su aporte como lugares de encuentro, espacios de convivencia y escenarios de innumerables anécdotas cotidianas ha intentado ser rescatado en este trabajo de investigación.

El deseo final es que este aporte contribuya a futuras investigaciones sobre el pasado histórico de nuestra querida ciudad de Gualeguay.

Por Vanesa Viviani

IES “Luis F. Leloir” – 4.º Año Profesorado de Historia – Espacio Institucional – 2015

Casas comerciales con historia de Gualeguay.

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