El mapa arqueológico que reescribe el pasado de Gualeguay


Cuando pensamos en el pasado indígena de Entre Ríos, la mirada suele volverse instintivamente hacia las costas de los grandes gigantes, el Paraná y el Uruguay. Durante más de un siglo, los investigadores concentraron sus esfuerzos en esas riberas, dejando el interior de la provincia envuelto en un profundo misterio. Sin embargo, un equipo de científicos se propuso quebrar esa inercia y adentrarse en el corazón de nuestra región.

Los arqueólogos Eduardo Apolinaire, Laura Bastourre y Rodrigo Costa Angrizani lideraron una investigación sistemática en el interior del departamento Gualeguay, que presentaron al CONICET en octubre de 2014. ¿El resultado? El hallazgo de 16 sitios arqueológicos clave que revelan cómo eran, qué comían y cómo se movían las sociedades humanas que habitaron nuestras tierras altas mucho antes de la llegada de los conquistadores españoles.

Elegir la laguna antes que el río: Estrategias de supervivencia

Uno de los primeros mitos que derriba este estudio es que los antiguos pobladores vivían pegados al cauce principal del Río Gualeguay. Al analizar la ubicación de los restos, los investigadores descubrieron un patrón claro: la mayoría prefería asentarse en geoformas fluviales paralelas, como lagunas interiores, meandros abandonados y albardones costeros, distribuidos en tres grandes áreas de nuestra geografía.

La elección no era casual. Estos emplazamientos ofrecían ventajas estratégicas inigualables para el día a día: agua dulce siempre calma para el consumo, facilidad para pescar sin lidiar con fuertes corrientes y acceso directo a recursos que merodeaban los espejos de agua. Además, al tratarse de terrenos naturalmente sobreelevados, permitían a las comunidades ponerse a salvo de las temibles crecidas estacionales del río.

El mapa de los campamentos: Los 16 sitios bajo la lupa

Para reconstruir este rompecabezas prehistórico, el equipo científico dividió sus esfuerzos siguiendo los principales ambientes geomorfológicos del departamento, logrando mapear y excavar los siguientes puntos:

1. El cordón de las fajas aluviales (Río Gualeguay)

Es el sector que concentró la mayor densidad de ocupaciones bajo tierra (en estratigrafía) y en superficie, demostrando ser el verdadero corazón residencial de estas comunidades:

Localidad Cementerio de los Indios (CDLI): Ubicada sobre la barranca de la margen derecha del río, se compone de tres asentamientos vecinos. El Sitio 1 (CDLI 1) —detectado inicialmente en 2007—, el Sitio 2 (CDLI 2) —una rica loma descubierta en 2012 junto a un espeso monte de talas— y el Sitio 3 (CDLI 3), un sector de hallazgos superficiales conectado por cárcavas de erosión.

Localidad Laguna del Negro (LDN): Asociada a un meandro viejo del río, resguarda tres puntos clave (Sitios 1, 2 y 3), donde el ganado y los roedores ayudaron a los arqueólogos a descubrir carbón, cerámica y restos óseos en perfiles naturales.

Sitio La Amairú (LA): Un campamento clave en el margen norte de una laguna interior, rodeado de blanquizales con abundante material superficial y subsuperficial.

Localidad La Chimenea (LC): Situada en la margen izquierda, 5 km al sur de nuestra ciudad, donde la erosión del río expuso dos grandes concentraciones materiales separadas por 400 metros y donde, tiempo atrás, se registraron también entierros humanos

Sitio Estancia El Destino (EED): Un sector mixto compuesto por un área residencial interna (EED 1) sobre una lomada y una zona de descarte o talleres exclusivamente líticos a 500 metros (EED 2).

Sitio Tres Palos (TP): Un asentamiento estratégico en un meandro estrangulado en las inmediaciones de Puerto Ruiz.

Sitio Paso de la Lana (PDLL): Un punto de hallazgos superficiales sobre un antiguo camino rural, a 500 metros de la costa actual.

2. La llanura de playas

Sitio Laguna La Nicanora (LLN): Ubicado cerca de la desembocadura del Gualeguay en el Paraná Pavón. Aunque fue modificado por la construcción de un terraplén moderno, sus lomadas remanentes aportaron valiosa alfarería y una famosa colección de piezas pulidas (hachas y boleadoras).

3. La cadena del cordón litoral

Hacia el sur departamental, sobre las lomadas de arena y antiguos médanos fijos formados por el retiro del mar, los científicos identificaron tres enclaves:

Sitio Punta del Monte (PDM): Un hallazgo asombroso en el patio de una vivienda vecina, detectado originalmente cuando los propietarios excavaban un pozo de basura doméstico.

Sitio Arroyo El Portugués (AEP): Una densa concentración superficial de tiestos cerámicos cerca del cruce del arroyo con los médanos.

Sitio Médano El Pencal 2 (MEP 2): Ubicado en un médano fijo a escasos 200 metros del sitio MEP 1 (prospectado en 2007), consolidando esta zona como un punto de tránsito recurrente.

Menú de tierra adentro: Cérvidos y ñandúes

Modificaciones de origen antrópico sobre el conjunto arqueofaunístico: a-c. Huellas de corte sobre astrágalo de cérvido de CDLI2 (a), costilla (b) y hueso largo (c) de mamífero mediano-grande de LDN1; d-h. Fracturas helicoidales de TP (d-e) y CDLI2 (f-h); i-k. Termoalteraciones sobre falange de Ozotoceros bezoarticus de TP, osteodermo de Dasypus hybridu (j) y metapodio de cérvido (k) de CDLI2.

El registro biológico recuperado en estos campamentos encendió el debate científico al mostrar un fuerte contraste con las comunidades que habitaban las islas del Delta. Mientras que en el área insular la dieta se basaba casi exclusivamente en recursos acuáticos (como pescados, coipos y carpinchos), en el interior de Gualeguay el menú era decididamente de tierra adentro.

Los restos óseos recuperados en excavaciones de sitios como Laguna del Negro o Cementerio de los Indios 2 demuestran un marcado predominio de los cérvidos (venados), los cuales presentan huellas claras de cortes y fracturas para el consumo de carne y médula. Además, se detectaron especies típicas de llanuras abiertas, como el venado de las pampas (Ozotoceros bezoarticus) y el ñandú (Rhea sp.). Este perfil coincide de manera asombrosa con las crónicas escritas por los primeros exploradores europeos del siglo XVI, quienes describían a los nativos de la llanura entrerriana como incansables cazadores de las pampas.

Alfareros de atmósfera abierta

La cerámica resultó ser el vestigio más abundante de la investigación, registrándose un total de 932 fragmentos de vasijas. A través del análisis de estos "tiestos", los científicos pudieron reconstruir la tecnología doméstica de la época.

Los antiguos habitantes modelaban sus vasijas superponiendo rollos de arcilla (técnica de acordelado) para crear recipientes de formas abiertas y contornos sencillos, ideales para cocinar o almacenar alimentos. Un dato fascinante es que la cocción se realizaba en quemas abiertas, a bajas temperaturas y por cortos períodos, lo que dejaba un característico núcleo oscuro (gris o negro) en el espesor de la pasta cerámica por una oxidación incompleta.

En cuanto a la estética, decoraban sus piezas con sutiles líneas y puntos incisos, e incluso se hallaron en la zona fragmentos con la técnica del "corrugado", un rasgo tradicionalmente ligado a las migraciones de las poblaciones guaraníes en la Cuenca del Plata.

Autopistas prehistóricas: El misterio de las piedras viajeras

Quizás el punto más sorprendente de la investigación radica en las herramientas de piedra (artefactos líticos). En el suelo de Gualeguay la piedra escasea; la única materia prima local es la arenisca, que los nativos extraían de afloramientos discontinuos en lugares como el arroyo La Jacinta para fabricar piezas pulidas de gran tamaño, como las icónicas bolas de boleadora.

Sin embargo, en los sitios del sur departamental empezaron a aparecer calcedonias, calizas silicificadas, basaltos y cuarcitas. Ninguna de estas rocas pertenece a la geología de Gualeguay: provenían de afloramientos situados a más de 80 y 100 kilómetros de distancia, principalmente de la cuenca del Río Uruguay.

El caso extremo lo representan las herramientas confeccionadas sobre rocas graníticas. Se trata de piezas pesadas (como manos de moler de más de un kilo y medio) cuyas fuentes de origen más cercanas se ubican en la margen izquierda del estuario del Río de la Plata, a más de 150 kilómetros de distancia. ¿Cómo llegaron hasta aquí? Su presencia demuestra que estos grupos humanos no estaban aislados; formaban parte de amplísimos circuitos de movilidad o integraban redes de intercambio social con otras etnias de la región.

Una historia que recién empieza

Lejos de cerrar una etapa, las conclusiones de este trabajo abren una enorme puerta hacia el futuro de la historia entrerriana. Hasta mediados del siglo XVII, las comunidades locales como los charrúas dominaron estas llanuras combinando el uso de canoas para surcar los ríos con largas travesías a pie, un estilo de vida que cambiaría drásticamente con la adopción del caballo y el avance de la colonización.

Hoy, las "tierras altas" de Gualeguay empiezan a revelar sus secretos. Lo que antes era un vacío en los mapas arqueológicos de la Argentina, hoy es un territorio vivo que nos habla de ingenio, adaptación y conexiones humanas que desafiaron las distancias miles de años atrás.


Obra original: 

https://ri.conicet.gov.ar/bitstream/handle/11336/54738/CONICET_Digital_Nro.d649ff1c-b46a-40a0-b036-dfbb4199b392_A.pdf?sequence=2&isAllowed=y

Comments

Popular posts from this blog

Tu cuerpo no envejece, se “seca”. Técnica de 5 segundos para rehidratar tus tendones

Cinco cosas sobre ti que nunca debes contar a nadie