Semillas de progreso: La «Feria Rural» de 1888 en el Distrito Jacinta
«El objeto de esta asociacion es el de celebrar férias periódicas, y de propender por este medio al fomento de los intereses rurales y agrícolas de la campaña». — El Eco de Gualeguay, agosto de 1888.
Para comprender la grandeza de las instituciones que hoy sostienen el tejido productivo de nuestro departamento, es imperioso volver la mirada hacia el pasado, allí donde hombres de campo, impulsados por el ideal del progreso decimonónico, sembraron las primeras voluntades cooperativas.
Muchos atribuyen el
nacimiento del gremialismo agropecuario local exclusivamente a la fundación de
la Sociedad Rural de Gualeguay el 15 de agosto de 1898. Sin embargo, una década
antes de aquel hito, los campos del Distrito Jacinta fueron testigos del
verdadero ensayo general: la creación de la sociedad «Feria Rural» en agosto de
1888.
Una reunión bajo el signo del desarrollo
Corría el invierno de
1888. El departamento de Gualeguay pujaba por consolidar su ganadería y su
incipiente agricultura en un contexto nacional de fuerte expansión
agroexportadora. Un domingo de agosto, el establecimiento de campo del
hacendado Don Juan Halket (mencionado también en las crónicas como Halket) se
transformó en el epicentro de la vanguardia rural de la región.
Hacendados y vecinos de la campaña se congregaron allí con un propósito firme: sancionar el reglamento de una nueva asociación destinada a revolucionar la comercialización local a través de "ferias periódicas". El proyecto era de tal envergadura que el propio Gobernador de la Provincia aceptó el cargo de presidente honorario, otorgándole un fuerte respaldo institucional a la iniciativa.
La convocatoria no sólo atrajo a los hombres de la tierra, sino también a las máximas autoridades civiles y figuras notorias de la sociedad gualeya de la época, destacándose la presencia del Jefe de Policía, Don Bernardo Gomensoro, junto a vecinos influyentes como Don Juan Chichizola y Don José María Cabral.
El discurso del Comisario Álvarez y la visión de futuro
Uno de los momentos más significativos de aquella jornada dominical fue la alocución de Don Manuel D. Álvarez, Comisario del Distrito Jacinta y redactor del proyecto de reglamento. Según las crónicas periodísticas de aquellos días, Álvarez pronunció un «bello y bien meditado discurso» en el cual delineó las ventajas de los mercados rurales.
Para Álvarez y los allí reunidos, las ferias no eran meros espacios de intercambio económico, sino herramientas estratégicas llamadas a «impulsar considerablemente nuestras riquezas naturales, industriales y agrícolas». Tras un intercambio de ideas propio del debate democrático, el reglamento fue aprobado por votación general con ligeras modificaciones de detalle.
Antes de desconcentrarse, los pioneros fijaron una nueva cita para el 25 de agosto de ese mismo año, con el fin de ultimar los detalles de la gran feria inaugural, programada para el 8 de septiembre de 1888, una fecha que prometía congregar los mejores productos de los hacendados del departamento.
El eslabón perdido hacia 1898
Aunque la sociedad «Feria Rural» de 1888 funcionó de manera intermitente debido a los vaivenes políticos y económicos de la última década del siglo XIX, su importancia histórica es innegable.
Aquellos debates en lo de
Halquet, la búsqueda de asociacionismo y la visión de concentrar la oferta
productiva en ferias organizadas fueron las bases ideológicas y prácticas que
adoptaron, exactamente diez años después, los fundadores de la Sociedad Rural
de Gualeguay en 1898. Los apellidos se repitieron, los objetivos se ampliaron,
pero la convicción de que el progreso de Gualeguay estaba indisolublemente
ligado al desarrollo de su campaña nació allí, en el polvo y los salones del
Distrito Jacinta, bajo el sol de 1888.

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