Tono Andreu: El ADN de la risa y el aplauso
Nació en Gualeguay en el seno de una de las dinastías más ilustres del espectáculo argentino. De los escenarios de pueblo a la pantalla grande junto a los grandes del humor, un recuerdo del genial actor que hizo de la comedia su vida.
Hay apellidos que en Argentina son sinónimo de espectáculo, y el de la familia Andreu-Anchart se escribe con letras de molde en la historia del entretenimiento nacional. En el centro de esa constelación de talento brilló con luz propia Antonio Tomás Andreu, a quien el público y sus colegas inmortalizaron con un nombre tan cercano como su humor: Tono Andreu. Nacido un 15 de mayo de 1915 en Gualeguay, Entre Ríos, Tono llevó la actuación en la sangre desde el primer día y se convirtió en uno de los rostros más queridos del cine, la radio y el teatro de revistas. Su partida, un 28 de febrero de 1981 en Buenos Aires, dejó un vacío enorme en una era dorada del espectáculo.
Un destino marcado por el telón
Para Tono, el teatro no fue una elección de carrera; fue su casa. Hijo de los respetados actores Isabel Anchart y Antonio Andreu, y hermano del entrañable Gogó Andreu, dio sus primeros pasos artísticos siendo apenas un niño en la compañía teatral itinerante de sus padres.
Lejos de encasillarse, el joven entrerriano buscó pulir su oficio y continuó su formación compartiendo tablas junto a leyendas de la escena nacional como Roberto Casaux. Ese fogueo temprano le dio una versatilidad única que luego desplegaría con maestría en los circuitos de varietés, la época de oro de la radio y los principales teatros de revistas porteños. Tono era, en el sentido más puro de la palabra, un artista todoterreno.
El salto al cine: De los "Cinco Grandes"
a las grandes comedias
El idilio de Tono Andreu con la pantalla grande comenzó a gestarse en 1942, cuando participó en la película "27 Millones" bajo las órdenes del director José Bohr (aunque el público tuvo que esperar cinco años para ver su estreno). Tras filmar y aprender al lado de capocómicos de la talla de Enrique Serrano y Pepe Iglesias "El Zorro", en 1950 le llegó una oportunidad consagratoria: acompañar al mítico grupo de Los Cinco Grandes del Buen Humor en el recordado film "Cinco Grandes y una Chica".
Su rostro pícaro y su
impecable timing para el remate humorístico lo convirtieron en el actor fetiche
de grandes realizadores. El director Enrique Carreras vio de inmediato su
potencial y lo convocó para clásicos del cine de comedia donde Tono brilló con
luz propia, tales como: La mano que aprieta y Los Tres Mosquiteros.
Suegra último modelo
(1953), donde compartió cartel con figuras de la talla de Juan Carlos Thorry y
Analía Gadé.
En 1954, Tono se dio el gusto de protagonizar "La cueva de Alí Babá" junto a Malisa Zini. ¿El detalle emotivo? En el elenco también brilló su hermano, Gogó Andreu.
Un árbol genealógico consagrado al arte
Hablar de Tono Andreu es también hablar de una red de talento familiar inigualable. Además de su hermano Gogó, Tono era sobrino del gran actor Alberto Anchart (padre) y primo hermano de Alberto Anchart (hijo) —recordado por sus múltiples papeles en televisión y teatro— y de Marquesa Anchart. Una verdadera dinastía donde la risa y la dignidad sobre el escenario eran el lenguaje cotidiano.
A 45 años de su
fallecimiento, el recuerdo de Tono Andreu sigue vivo cada vez que se enciende
una pantalla para repasar aquellas comedias en blanco y negro que hicieron reír
a generaciones enteras de argentinos. El chico que salió de Gualeguay con los
libretos de sus padres bajo el brazo cumplió con creces su destino: hacer del
mundo un lugar un poco más alegre.

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