Viejo Puente Pellegrini: entre el brillo del patrimonio histórico y las sombras del abandono

Hay monumentos que nacen para desafiar al aislamiento y terminan convertidos en postales del olvido. En el acceso a la ciudad de Gualeguay, allí donde las fronteras de los departamentos de Gualeguay, Gualeguaychú e Islas del Ibicuy casi se estrechan las manos, descansan los restos del histórico puente “Carlos Pellegrini”. Declarado patrimonio histórico, este coloso de hierro y madera supo ser el cordón umbilical que unió a nuestra región con el resto del país. Hoy, sin embargo, sus ruinas sumergidas y la falta de respuestas oficiales lo transformaron en un monumento a la desidia y en una amenaza latente para los propios vecinos.

La conquista del progreso: De las balsas a la obra de Cassaffousth

Para dimensionar el valor de esta estructura es necesario retroceder a los tiempos en que el Río Gualeguay era una barrera infranqueable. Antes de su existencia, el tránsito comercial y el traslado de personas dependían exclusivamente de un sistema de balsas que operaban en los pasos más bajos del curso de agua. El punto neurálgico era el paso de la “Balsa Nueva”, que se vinculaba directamente con el camino a Gualeguaychú y se ubicaba próximo al muelle del emblemático “Puerto de la Llana”.

La historia cambió en 1892. Por medio de la ley nacional Nº 2.595, el presidente Carlos Pellegrini ordenó la construcción de un paso carretero definitivo para conectar Gualeguaychú con Gualeguay, asegurando además la conexión con el acceso desde la provincia de Buenos Aires.

El primer intento llegó en 1898 con un puente de madera proyectado por el célebre ingeniero Carlos Cassaffousth. Sin embargo, los caprichos de la naturaleza y las feroces crecidas del río no tardaron en afectar la estructura. Lejos de bajar los brazos, el proyecto se reformuló utilizando una combinación más resistente de hierro y madera a lo largo de sus 400 metros de longitud. Finalmente, en 1907, la monumental obra se inauguró bajo el nombre de “Pellegrini”, consolidándose como una de las llaves del progreso del sur entrerriano.

Primer puente de madera diseñado por Cassaffousth e inaugurado en 1898. 

El bypass de los ochentas y el atractivo turístico

El tiempo pasó, los vehículos se volvieron más pesados y las demandas viales del país exigieron infraestructuras modernas. A mediados de la década del 80, el viejo puente de hierro y madera quedó obsoleto e inutilizable para el flujo vehicular masivo. A escasos metros de allí se inauguró el nuevo puente Pellegrini sobre la Ruta Nacional Nº 12, el cual absorbió todo el tránsito pesado y moderno.

Lejos de morir, el sitio histórico mutó su piel. Despojado de las presiones del tránsito, el viejo puente se convirtió de inmediato en un imán de atracción para los vecinos de la zona y para los turistas. Sus pasarelas ganaron una nueva vida como paseo recreativo, espacio de contemplación del paisaje ribereño y, sobre todo, como el lugar predilecto para los amantes de la pesca. El pasado y el ocio convivían en armonía sobre las mansas aguas del Gualeguay.

Noviembre de 2012: El crujido del abandono

Todo cambió drásticamente en la madrugada del 6 de noviembre de 2012. Tras años de falta de mantenimiento estructural profundo, el viejo Puente Pellegrini sufrió un grave derrumbe parcial. Parte de su esqueleto de hierro y cemento cedió bajo su propio peso, desplomándose sobre el lecho del río. En los años subsiguientes, la estructura continuó padeciendo caídas y desprendimientos menores, desfigurando la postal histórica y encendiendo las alarmas de la comunidad.

Desde aquel colapso han transcurrido más de 13 años. Durante este tiempo, pasaron diversas gestiones municipales, desfilaron legisladores provinciales y nacionales oriundos de nuestra ciudad, y cambiaron los gobernadores en la provincia. Sin embargo, ninguna bandera política ni funcionario de turno ha logrado concretar una solución para el abandonado puente.

Entre la desidia de las oficinas y el peligro latente

Según han dejado trascender las propias autoridades oficiales, el organismo responsable de brindar una respuesta y restablecer la normalidad en el lugar es la Dirección de Hidráulica de Entre Ríos. Pero la realidad golpea con la fuerza de los hechos: los restos de cemento, hierros retorcidos y maderas viejas siguen descansando en las aguas del río, en el mismo lugar exacto donde cayeron hace más de una década.

La falta de acción estatal no solo es visual; es ambiental y comunitaria. Cada temporada de crecidas, las bases de la añeja construcción funcionan como una represa artificial donde se acumulan toneladas de troncos y ramas provenientes del norte del río. Estos bloqueos no se retiran a menos que un grupo de vecinos autoconvocados se reúna para realizar tareas de limpieza a pulmón, o que el Estado se digne a enviar maquinaria tras reiterados reclamos.

Mientras las notas burocráticas duermen en los escritorios de Paraná, la realidad en el acceso a Gualeguay es preocupante. El puente sigue siendo una amenaza latente de nuevos derrumbes y el peligro es real, sobre todo si se tiene en cuenta que muchos vecinos acceden a diario a la ex arteria, ignorando o desafiando la precariedad de la estructura.

En diciembre de 2023 cayó un nuevo trozo del abandonado puente.

La pregunta que la comunidad de Gualeguay se repite de cara al río sigue esperando respuesta: ¿Hasta cuándo se deberá esperar para que las autoridades restauren estas ruinas con fines recreativos seguros, o que, definitivamente, las erradiquen del cauce para evitar una tragedia mayor? El río sigue corriendo, los restos siguen sumergidos y la paciencia de los gualeyos, al igual que el viejo puente, amenaza con quebrarse.

 

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