Casa Badaracco: una de las grandes firmas comerciales que marcó el crecimiento de Gualeguay
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La publicación,
aparecida dentro de la sección "Gualeguay
por dentro", describía a la empresa como una de las casas
comerciales "que honran al comercio" por la seriedad de sus
operaciones, el volumen de sus negocios y la confianza que había sabido
conquistar entre la clientela. Aquella reseña constituye hoy un valioso
testimonio sobre una de las firmas que integraron la élite comercial gualeya de
comienzos del siglo pasado.
Del río al comercio
Según relataba El Debate, el fundador de la casa había sido
un antiguo navegante, Juan Antonio Badaracco,
quien abandonó la navegación hacia 1870 para dedicarse al comercio, en años
particularmente difíciles para la provincia debido a las guerras civiles.
El periódico
señalaba que el progreso no fue inmediato. Por el contrario, describía un
camino construido con esfuerzo, sacrificio y perseverancia. La clientela creció
lentamente, acompañada por un prestigio que terminó convirtiéndose en el
principal capital de la firma.
El artículo
destacaba además la formación autodidacta de Badaracco, quien —sin estudios
superiores— adquirió conocimientos mediante la lectura constante del "Gran
Libro de la Naturaleza", como expresaba poéticamente el cronista, y a
través de la experiencia cotidiana en los negocios.
Una empresa en
expansión
Para 1907 la firma
ya había evolucionado hasta convertirse en Badaracco Hermanos y Merani, ampliando considerablemente
su radio de acción.
El establecimiento
reunía diversas actividades comerciales: almacén, tienda, ferretería, corralón
y depósito de máquinas, además de importar importantes mercaderías.
Entre las
representaciones comerciales figuraban productos de la cervecería Bieckert, artículos agrícolas nacionales
y extranjeros, maquinaria industrial, seguros contra incendios de La República y otras compañías de
relevancia.
El diario también
señalaba que la empresa había diversificado sus inversiones, incorporando
actividades rurales mediante campos en el departamento de Nogoyá destinados
tanto a la ganadería como a la agricultura, una estrategia habitual entre los
grandes comerciantes entrerrianos de la época.
Una esquina con
más de un siglo de historia
Aunque hasta el
momento no existen registros precisos sobre la fecha en que dejó de funcionar
la Casa Badaracco Hermanos y Merani, el inmueble continuó teniendo una
destacada presencia dentro de la actividad comercial e institucional de
Gualeguay.
Hacia finales de 1940 hasta 1955, el
edificio albergó en forma transitoria la sede local del Correo Argentino, convirtiéndose
nuevamente en un punto de referencia para los vecinos.
Posteriormente, el
local fue ocupado por Pinturería
Bichilani, comercio inaugurado por Luis Bichilani, que desarrolló allí su actividad hasta
alrededor de 1976 (se dice que en un sector contiguo se realizaban tareas de pintura en automóviles). A partir de ese entonces inauguró local en la esquina opuesta, sobre Salta y Maipú.
Tras esa etapa
comenzó una nueva historia comercial con la instalación de Vidriería Caracciolo, fundada por la
familia Caracciolo. El negocio continúa funcionando en la misma esquina,
actualmente bajo la conducción de Darío
Caracciolo, hijo de su fundador, manteniendo vigente una tradición
comercial que supera ampliamente el siglo de vida.
El legado de una
firma pionera
Más allá del tono
elogioso propio del periodismo de principios del siglo XX, la crónica de El Debate permite comprender la importancia
que tuvo la Casa Badaracco Hermanos y Merani dentro del desarrollo económico de
Gualeguay.
Su historia resume el
recorrido de muchos comerciantes inmigrantes que encontraron en la ciudad un
lugar para desarrollarse, diversificaron sus actividades, invirtieron en el
campo y contribuyeron al crecimiento de un entramado comercial que acompañó la
transformación de Gualeguay entre fines del siglo XIX y comienzos del XX.
La esquina de Salta
y Maipú, que primero vio prosperar a la Casa Badaracco, luego recibió
al Correo Argentino, más tarde a la tradicional Pinturería Bichilani y desde
1976 a la fecha a la Vidriería Caracciolo, constituye así un verdadero
testimonio urbano de la continuidad del comercio gualeyo a través de las
generaciones.

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