Casa Badaracco: una de las grandes firmas comerciales que marcó el crecimiento de Gualeguay


Durante las primeras décadas del siglo XX, la esquina sudoeste de Salta y Maipú fue uno de los centros comerciales más importantes de Gualeguay. Allí funcionó la Casa Badaracco Hermanos y Merani, una firma que el diario El Debate destacó en 1907 como ejemplo de trabajo, perseverancia y crecimiento sostenido, en una época en la que la ciudad consolidaba su desarrollo económico.

La publicación, aparecida dentro de la sección "Gualeguay por dentro", describía a la empresa como una de las casas comerciales "que honran al comercio" por la seriedad de sus operaciones, el volumen de sus negocios y la confianza que había sabido conquistar entre la clientela. Aquella reseña constituye hoy un valioso testimonio sobre una de las firmas que integraron la élite comercial gualeya de comienzos del siglo pasado.

Del río al comercio

Según relataba El Debate, el fundador de la casa había sido un antiguo navegante, Juan Antonio Badaracco, quien abandonó la navegación hacia 1870 para dedicarse al comercio, en años particularmente difíciles para la provincia debido a las guerras civiles.

El periódico señalaba que el progreso no fue inmediato. Por el contrario, describía un camino construido con esfuerzo, sacrificio y perseverancia. La clientela creció lentamente, acompañada por un prestigio que terminó convirtiéndose en el principal capital de la firma.

El artículo destacaba además la formación autodidacta de Badaracco, quien —sin estudios superiores— adquirió conocimientos mediante la lectura constante del "Gran Libro de la Naturaleza", como expresaba poéticamente el cronista, y a través de la experiencia cotidiana en los negocios.

Una empresa en expansión

Para 1907 la firma ya había evolucionado hasta convertirse en Badaracco Hermanos y Merani, ampliando considerablemente su radio de acción.

El establecimiento reunía diversas actividades comerciales: almacén, tienda, ferretería, corralón y depósito de máquinas, además de importar importantes mercaderías.

Entre las representaciones comerciales figuraban productos de la cervecería Bieckert, artículos agrícolas nacionales y extranjeros, maquinaria industrial, seguros contra incendios de La República y otras compañías de relevancia.

El diario también señalaba que la empresa había diversificado sus inversiones, incorporando actividades rurales mediante campos en el departamento de Nogoyá destinados tanto a la ganadería como a la agricultura, una estrategia habitual entre los grandes comerciantes entrerrianos de la época.

Una esquina con más de un siglo de historia

Aunque hasta el momento no existen registros precisos sobre la fecha en que dejó de funcionar la Casa Badaracco Hermanos y Merani, el inmueble continuó teniendo una destacada presencia dentro de la actividad comercial e institucional de Gualeguay.

Hacia finales de 1940 hasta 1955, el edificio albergó en forma transitoria la sede local del Correo Argentino, convirtiéndose nuevamente en un punto de referencia para los vecinos.

Posteriormente, el local fue ocupado por Pinturería Bichilani, comercio inaugurado por Luis Bichilani, que desarrolló allí su actividad hasta alrededor de 1976 (se dice que en un sector contiguo se realizaban tareas de pintura en automóviles). A partir de ese entonces inauguró local en la esquina opuesta, sobre Salta y Maipú.

Tras esa etapa comenzó una nueva historia comercial con la instalación de Vidriería Caracciolo, fundada por la familia Caracciolo. El negocio continúa funcionando en la misma esquina, actualmente bajo la conducción de Darío Caracciolo, hijo de su fundador, manteniendo vigente una tradición comercial que supera ampliamente el siglo de vida.

El legado de una firma pionera

Más allá del tono elogioso propio del periodismo de principios del siglo XX, la crónica de El Debate permite comprender la importancia que tuvo la Casa Badaracco Hermanos y Merani dentro del desarrollo económico de Gualeguay.

Su historia resume el recorrido de muchos comerciantes inmigrantes que encontraron en la ciudad un lugar para desarrollarse, diversificaron sus actividades, invirtieron en el campo y contribuyeron al crecimiento de un entramado comercial que acompañó la transformación de Gualeguay entre fines del siglo XIX y comienzos del XX.

La esquina de Salta y Maipú, que primero vio prosperar a la Casa Badaracco, luego recibió al Correo Argentino, más tarde a la tradicional Pinturería Bichilani y desde 1976 a la fecha a la Vidriería Caracciolo, constituye así un verdadero testimonio urbano de la continuidad del comercio gualeyo a través de las generaciones.

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