La Conchera de Flores, La Primavera y La Libertad: Tres estancias que forjaron la tradición ganadera de Gualeguay


Las tres conforman uno de los núcleos rurales con mayor carga histórica y productiva del sur entrerriano. Con raíces que se remontan al siglo XVIII, sus cascos antiguos y sus reconocidas cabañas genéticas continúan marcando el ritmo de la identidad agropecuaria de la provincia.

En el corazón de Gualeguay, el paisaje rural entrerriano guarda un tesoro donde el tiempo parece haberse detenido sin perder la marcha del progreso. Se trata del complejo productivo integrado por las estancias La Conchera de Flores, La Libertad y La Primavera, tres establecimientos que juntos representan más de 150 años de trayectoria continuada bajo el sello de la familia Berisso.

Los orígenes de La Conchera se registran en 1757, aunque su emblemático casco —una estructura de dos plantas con fachada crema, postigos verdes y pisos de madera y mármol— fue levantado hacia 1824 por el empresario británico Diego Winter Brittain. En aquella época, el predio formaba parte de una gigantesca propiedad señalada por cronistas de la época como la mayor extensión de tierras en manos británicas de esta parte del mundo. Con el tiempo, la estancia pasaría fugazmente a manos del general Justo José de Urquiza, antes de que en 1875 fuera adquirida por el pionero genovés Juan Bautista Berisso.

Desde la llegada de la familia Berisso, los campos no solo se consolidaron como un símbolo patrimonial, sino como un motor de innovación de la ganadería argentina. A lo largo de las décadas, bajo la conducción de figuras icónicas como Héctor Berisso y posteriormente su esposa, Sara Salas de Berisso, las estancias se especializaron en el desarrollo de reproductores de elite. Actualmente, el emprendimiento familiar es encabezado por el sobrino nieto, Mariano Berisso.

Celebración de los 130 años de La Conchera en 2005 (1)

La casona, sobre una loma que la pone a salvo de las inundaciones, luce pisos de madera y mármol, balcones a los cuatro vientos, muebles tan antiguos como sus paredes, y está cuidada hasta en los detalles. Las casas de servicio, el molino, el corral de palo a pique y las bandadas de pájaros completan el escenario criollo que poco se diferencia, seguro, de lo que se veía hace un siglo.

Imagen esplendorosa

Media hora de caminos polvorientos, entre bosques de algarrobo, chañar, quebracho blanco, ñandubay y tunas, muchas tunas; puentecitos de palos de una sola trocha, con parantes pintados de blanco y rojo; por ahí diez novillos que se disputan la sombra de una cina cina, y al final una inmensidad de paja brava y esteros donde los macizos toros negros se meten hasta el pecho en busca del canutillo y de los pastos naturales más envidiados de la región.

Desde la distancia, el casco luce esplendoroso, y detrás y a lo alto, en el centro, se divisa la rueda del molino que gira, con las puntas de las aspas pintadas de rojo. Una fachada color crema, altos postigos verdes, techo de tejas. Las veredas laterales de ladrillo lucen una banquinita de conchillas de la zona que dieron el nombre a La Conchera.

Paisanos de bombacha, cinto de rastra, botas de cuero o alpargatas y sombrero de ala ancha, muy jóvenes casi todos, ultiman los detalles del almuerzo y se preparan para las fiestas de destreza criolla.

Junto a los cercos de madera y los esquineros, el aserrín delata la reparación reciente, y los herrajes nuevos. "En ese break recorríamos todos los potreros con mi marido", recuerda Sara con nostalgia.

La Conchera de Flores es una de las estancias verdaderamente antiguas del Litoral, con orígenes en 1757, y se estima que esta casona que perteneció fugazmente al general Justo José de Urquiza fue construida por un inglés, posiblemente en 1824 o antes, cuando faltaban casi 3 décadas para que el (luego) vencedor de Caseros mandara construir el Palacio San José, que fue su residencia cerca de Concepción del Uruguay y aún hoy provoca admiración.

Juan Carlos Berisso estudió los pasos de su familia aquí. Dice que La Conchera formó parte de una gigantesca estancia que abarcaba gran parte del sur de Entre Ríos y que según el viajero Williams Mac Cann a mediados del siglo XIX se trataba de "la mayor extensión de tierras perteneciente a un súbdito británico en esta parte del mundo", cuando era propiedad de Diego Winter Brittain. Después la compró Justo José de Urquiza, y en 1875 la parcela con el casco fue adquirida por Juan Bautista Berisso.

Para la historia

Después de una larga misa al aire libre, con el altar bajo una rosa de los vientos, la anfitriona buscó un lugar ante la gran cantidad de familiares y amigos llegados de Francia, Perú, Ushuaia y varias provincias argentinas que querían saludarla, hasta que se sentó muy solícita en un sillón placero junto a la fachada del edificio de dos plantas.

Bien se dice que el ojo del amo engorda el ganado. Será por eso que esta mujer tan orgullosa de los suyos rige desde hace tres décadas y media, con marca personal, los destinos de tres estancias clásicas del sur entrerriano: La Conchera de Flores, La Libertad y La Primavera, y viaja a cada una de las exposiciones en que presenta los frutos de sus cabañas, de fama en el ambiente. Sabe de razas, de pasturas, de precios; intuye el estado de salud de un ternero por el pelaje, y está actualizada. "Cuando empezaron a llegar las máquinas importadas era divino, la gente compraba y sembraba. Y este año fue una locura con la soja. Pero resulta que ahora hay que olvidarse de eso. ¿Y la pobre gente que compró las máquinas y las debe?", dice.

Criolla y religiosa

"Deseo que esto quede para museo, que se respete el casco. No sé para quién quedarán estos campos; si alguna vez venden, que vendan, pero no el casco. El casco que quede para museo, que vengan tanto de Entre Ríos como de Buenos Aires, de cualquier lado de la República Argentina y que vean lo que es, cómo se hizo esto con sacrificio", comentó.

Héctor Berisso, casado con Sara, era nieto de Juan Bautista Berisso, un genovés nacido en 1834 que arribó a Buenos Aires a los 15 años y prosperó con sus hermanos en el negocio de las carnes hasta convertirse en uno de los pilares de la industria en la región. Sus actividades dieron origen a la actual ciudad de Berisso, cerca de La Plata, en la provincia de Buenos Aires. Al morir Héctor, hace casi 36 años, la propiedad quedó bajo el mando de Sara y desde entonces esta mujer nacida en Buenos Aires dejó la impronta de su personalidad en la campiña entrerriana.

Criolla bonaerense, de padres y abuelos tucumanos, Sara muestra una especial debilidad por la religión. Desde los seis hasta los 14 años estuvo pupila en un colegio de monjas. "Para mí, lo mejor de hoy ha sido la misa", destacó, al término de la celebración.

(1) Por Daniel Tirso Fiorotto para LA NACION - Publicado en la página web del periódico el 26 de febrero de 2005.

*La historia agropecuaria de la familia que dio nombre a una localidad

Mariano Berisso (foto) es un descendiente directo de aquellos migrantes genoveses que le dieron nombre a la localidad ubicada entre La Plata y el río. Allí, en la que ahora muchos conocen como la capital del inmigrante por la heterogeneidad cultural de su población, esta familia dio sus primeros pasos en la producción agropecuaria, levantando los primeros saladeros. Todavía no había llegado a la Argentina el barco Le Frigorifique, equipado con dos cámaras, que arribó en diciembre de 1876 y cambió la historia ganadera del país.

Convencidos de” que estaba todo por hacer en la Argentina” de aquella época, los Berisso decidieron invertir parte de sus ahorros en campos y fue así que llegaron a la zona de Gualeguay, en la provincia de Entre Ríos, para invertir en una zona con larga tradición ganadera. El lugar escogido para levantar la cabaña la Libertad, un establecimiento con más de medio siglo de existencia, fue nuevamente la vera del rio.

“Provengo de una familia de inmigrantes que vinieron con una mano atrás, otra adelante, como gran parte de la gente hizo el país. Se asentaron en la zona de Barracas y empezaron como troperos, carniceros y después se dedicaron a la industria de la carne con los primeros saladeros, ahí en la zona de Berisso y Ensenada. Después invirtieron acá al sur de la provincia, cerca de Gualeguay,  en unos campos entre medio del Paraná y del Gualeguay. Esta es una zona de mucha tradición ganadera. Hay campos semi bajos, de pasturas naturales muy buenas, donde se puede hacer cría, recría y engorde. La verdad que son campos muy nobles”, contó Mariano a Bichos de Campo.

La historia agropecuaria de esta familia, no puede ser contada sin que salga a relucir el nombre de Sarita, una mujer que se hizo cargo de la cabaña la Libertad imprimiéndole su sello. “Sarita era mi tía abuela, una mujer bastante conocida en el ambiente del campo. Ella se hizo cargo de estos establecimientos familiares y tuvo la impronta de fundar una cabaña de Percherón, aquello caballos grandotes que eran los tractores del agro. Se puso al hombro, la empresa  y la dirigió prácticamente hasta su fallecimiento”, dijo el productor. Sarita murió a los 104 años (el 16 de marzo de 2020. En tanto que Héctor Berisso -su esposo- falleció en 1969).

Recientemente el establecimiento que se especializa en el entrecruzamiento genético de estos caballos, ha sido rebautizado con el nombre de Sarita, en homenaje a esta mujer, cinco años después de su muerte.

“La cabaña se llamaba La Libertad, como esta estancia, después a la de Percherón se le puso el nombre La Sarita en honor a ella, que tuvo la gran idea de formar la cabaña, ir a Palermo y competir en las diferentes exposiciones locales. Lo mismo en las de Entre Ríos y Corrientes. Acá siempre va a estar su legado presente entre todo el equipo”, señaló el joven Berisso, heredero de esa tradición.

Además de la cabaña de percherones de Sarita, en el establecimiento de la familia funcionan otras dos cabañas ganaderas donde se reproducen especies genéticamente fuertes y resistentes a ambientes hostiles. Esas sí mantienen el nombre de la Libertad, aunque la razón social de la empresa es La Conchera SA. “Acá funciona una cabaña de Aberdeen Angus y otra de ovejas Romney Marsh”.

*(Fragmento del artículo publicado en bichosdecampo.com)

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