Vacas sueltas, galopes temerarios y las multas más insólitas del Gualeguay de antaño

Un repaso por el desopilante registro de infractores de la Comisaría Municipal publicado por el diario La Discusión. De las "picadas" a caballo a la leche adulterada y las aguas servidas, la convivencia urbana hace 137 años.

Si usted cree que los inspectores de tránsito modernos son implacables o que las normas de convivencia actuales son difíciles de digerir, le proponemos un viaje en el tiempo hasta el primer cuatrimestre de 1889. Por aquellos días, el diario local La Discusión publicaba con lujo de detalles la lista de los vecinos sancionados por la Comisaría Municipal.

El resultado es un documento social invaluable y, mirado con los ojos de hoy, absolutamente desopilante. En un pueblo que intentaba ordenarse, la delgada línea entre la vida rural y la urbanidad se dirimía a fuerza de multas de un peso nacional.

El "exceso de velocidad" era a caballo

En el Gualeguay de fines del siglo XIX, el equivalente a pasar un semáforo en rojo o correr una picada por la avenida principal era, llanamente, "galopar". La ordenanza municipal buscaba proteger a los peatones del polvo y de las embestidas de jinetes apurados, cobrando la tarifa estándar de 1 peso moneda nacional por "frenar tarde".

El 4 de enero de 1889 inauguró la lista un vecino con un nombre digno de una tragedia romana: Heliogábato Roldán, multado con 1 peso por galopar. No fue el único. El "radar" municipal de la época atrapó ese mismo mes a Silvestre Tomera, Antonio Repetto, Solano Leiva y Antonio Etchevest.

La reincidencia ya se pagaba caro por entonces: el 19 de febrero, un tal Alfredo Biré fue multado con 2 pesos por "galopar, con reincidencia". El apuro ecuestre era cosa seria.

Las calles: un zoológico sin control

El gran dolor de cabeza de la Comisaría Municipal no eran los carruajes, sino la cantidad de ganado que los vecinos "olvidaban" en la vía pública. Las multas por "tener animales sueltos en las calles de la ciudad" eran moneda corriente.

El infractor serial del verano de 1889 fue, sin dudas, Juan Goyheneche. El 25 de enero tuvo que pagar 1 peso por dejar sus animales sueltos. Lejos de aprender la lección, el 18 de febrero la policía le volvió a secuestrar "capital" en la calle, cobrándole esta vez una multa doble de 2 pesos.

La lista de "ganaderos urbanos" incluye nombres ilustres y pintorescos de la comunidad como Clorindo Escobar (multado con 3 pesos por tres animales el 20 de marzo), Nicandra Pintos, Nemesia Segovia, y un reincidente absoluto, José Luna, quien fue multado tanto a principios como a finales de abril por dejar sus vacas o caballos a merced del pasto de las veredas.

                       RESUMEN DE CAJA (Ene-Abr 1889)
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Infracción más común:         Galopar (Picadas ecuestres) - $1.00 m/n
La más barata:                Falta de boleto de peaje/arena - $0.50 m/n
La más costosa del área:      Cercar solares sin permiso - $12.00 m/n
La estafa del año:            Vender leche adulterada - $4.00 m/n
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RECAUDACIÓN TOTAL DEL CUATRIMESTRE:                     $128.50 m/n
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Atentados a la salud pública: aguas servidas y "leche estirada"

En una época donde las nociones de higiene urbana comenzaban a ganar terreno, algunas multas revelan las batallas cotidianas de la intendencia por mantener limpia la ciudad.

El 2 de abril, la firma Juan Gallino y Cía. fue sancionada con 2 pesos por "arrojar á la calle aguas servidas". El 26 de abril, el vecino Esteban Olivera repitió la misma incómoda maniobra higiénica, recibiendo idéntica sanción.

Pero el premio a la "avivada" del año se lo llevó Juan Viñola. El 27 de abril, la policía municipal constató que don Juan andaba haciendo negocios fraudulentos y lo multó con la astronómica suma de 4 pesos por "vender leche adulterada" (probablemente rebajada con agua de algún aljibe local). Su socio o colega en el rubro, Pedro Navarro, recibió el mismo castigo el mismo día.

Contratistas rebeldes y "obras en construcción"

El registro de La Discusión también deja al descubierto que los problemas con las obras públicas y las habilitaciones no son un invento moderno.

Vicente Vila, encargado del alumbrado público de la ciudad, fue multado el 17 de abril con 8 pesos por "faltas al contrato de alumbrado público", dejando seguramente a oscuras a más de un vecino enojado.

Santiago Pedezert y Domingo Germano sufrieron en sus bolsillos el peso de las ordenanzas de edificación: el primero pagó 8 pesos por "cercar un solar sin permiso", mientras que Germano fue castigado con unos dolorosos 12 pesos por "cercar un solar sin cumplir con la Ordenanza".

Un tesoro de nombres para el recuerdo

Más allá de lo pintoresco de las infracciones, leer esta lista de 1889 es una delicia antroponímica. Entre los sancionados figuran nombres que hoy sonarían exóticos en cualquier aula o registro civil: Trifonia Gonzalez, Senobio Broche, Capistrano Taborda, Ceberino Trilhe, Olindo Chiama y la señora Amara C. de Gonzalez.

Al final del período, tras sumar caballos desbocados, vacas callejeras, charcos de agua sucia y litros de leche aguada, la Comisaría Municipal logró recaudar la respetable suma de $128,50 pesos moneda nacional. Todo un capital para la época, obtenido gracias a la indomable costumbre de nuestros pioneros de vivir bajo sus propias e indisciplinadas reglas.

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