Efecto Pigmalión

Durante los años 60, del siglo pasado, se llevó a cabo en un pequeño instituto de California, uno de los estudios psicológicos más importantes del siglo. Es lo que al final acabaría conociéndose como el efecto Pigmalión o el efecto Rosenthal. Robert Rosenthal era un psicólogo americano muy importante que dedicaba gran parte de su actividad a investigar cómo las expectativas que tenemos las personas acaban influyendo en lo que nosotros vemos a nuestro alrededor.

Leonard Jacobson, por su lado, era la directora de un instituto de California que un día se encontró con las investigaciones de Rosenthal en la prensa y le escribió una carta. Le escribió una carta para tratar de que colaboraran juntos y poder tratar de aplicar esos estudios que él estaba haciendo a sus alumnos. A partir de ese momento comenzaron a colaborar juntos y empezaron a diseñar un experimento que daría su inicio al principio del curso siguiente. Cuando comenzó el curso, cogieron a más de 300 alumnos del instituto de Jacobson y les pasaron pruebas de inteligencia.

Querían ver cómo inteligentes eran estos alumnos. Al repasar los resultados de las pruebas de inteligencia, pudieron comprobar que todos los alumnos tenían más o menos la misma inteligencia. No había ninguno que despuntara especialmente con respecto a los demás. Una vez hubieron comprobado que todos los alumnos tenían más o menos la misma capacidad, la misma inteligencia, cogieron al azar a un pequeño grupo de estos alumnos y escribieron unos informes falsos.

Esos informes falsos se los hicieron llegar a sus profesores y en ellos se podía leer que esos alumnos habían obtenido unos resultados extraordinarios en las pruebas de inteligencia. Que eran unos alumnos inteligentísimos de los cuales sus profesores podían esperar mucho durante ese curso. Con ese informe falso acabó la primera fase del experimento. Pasó todo el curso y tanto Jacobson como Rosenthal no hicieron nada más que sentarse, observar y esperar.

Una vez hubo acabado el curso académico, volvieron a coger a esos 300 y pico alumnos y les repitieron la misma prueba de inteligencia. Y se quedaron a cuadros con lo que encontraron. Ese pequeño grupo de alumnos a los que falsamente les habían atribuido una gran inteligencia, de los que habían escrito informes falsos diciendo que eran muy inteligentes cuando eran exactamente igual que el resto de sus compañeros, habían sacado unos resultados en inteligencia muy superiores al resto. ¿Qué es lo que había pasado ahí?

Lo que había sucedido es que mediante aquellos informes falsos que escribieron al principio del curso, Rosenthal y Jacobson habían manipulado las expectativas que tienen los profesores acerca de sus alumnos. Unos alumnos que inicialmente eran iguales al resto, comenzaron a recibir de un modo inconsciente por parte de sus profesores un trato diferenciado. Mantenían más tiempo el contacto ocular con ellos. Cuando se equivocaban no lo atribuían a que no tuvieran capacidades, sino que quizás no habían comprendido bien el mensaje que les estaba dando su profesor.

Por lo tanto, les repetían más veces que al resto las explicaciones. Les animaban más que a sus compañeros. Les daban una serie de oportunidades que el resto de compañeros no tenían. ¿Por qué? Porque sabían que podían esperar mucho de ellos. Al final, estas falsas expectativas que tenían los profesores acerca de ese pequeño grupo de alumnos se acabaron cumpliendo y sacar unos resultados académicos muy superiores a sus compañeros, lo cual, además, se vio luego en las pruebas de inteligencia.

Lo que nos demuestra el experimento de Rosenthal y Jacobson es que las expectativas que nosotros tenemos, tanto acerca de nosotros mismos como acerca de la gente que nos rodea, pueden influir de una manera tremenda en el resultado final que se acaba produciendo. Creer en algo puede hacer que ese algo acabe sucediendo, pero no de una manera mágica, no de una manera misteriosa, sino mediante las acciones que nosotros llevamos a cabo. Porque nosotros, inconscientemente, modificamos nuestra conducta, modificamos cómo nos comportamos y hacemos que eso sea más o menos probable.

Por Alberto Soler, psicólogo.

 

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