Pedro Curutchet, la historia desconocida del cirujano que operaba sentado
Conocido
por la casa que Le Corbusier le realizó en La Plata, el médico argentino
revolucionó la intervención quirúrgica desde Lobería, sin pertenecer a la
academia.
Ya antes
de iniciar la investigación entre ámbitos y disciplinas para una biografía
social de la Casa
Curutchet, el comitente me resultaba mucho
más interesante que la estrella internacional.
Tiempo
después, ver las primeras fotos de Pedro Domingo Curutchet
operando sentado a una mujer que está acostada, elevada y apenas anestesiada
localmente, pienso que la razón de esa atracción por su figura estaba más en la
intuición que en la sonoridad de su apellido o en el interés por el diálogo
cultural entre el centro y la periferia.
Comitente
es alguien que encarga algo, una palabra de poco uso salvo entre los
arquitectos, que identifican así a quienes les solicitan proyectos. Cuando esta
solicitud es de viviendas unifamiliares, los arquitectos las nombran (y anotan
en sus planos) con el apellido del o de la comitente.
Así,
ubicada en un borde de la ciudad de La Plata y a bordo del apellido del hijo de
un inmigrante vasco francés, la Casa Curutchet trascendió internacionalmente
por su diseñador: el maestro suizo Charles-Édouard Jeanneret-Gris
(1887 -1965) más conocido como Le Corbusier, autor y
divulgador del movimiento moderno en la arquitectura, cuya obra fuera declarada
Patrimonio de la Humanidad en 2016.
| Fachada de la Casa Curutchet en La Plata. |
Entre las
17 obras de Le Corbusier que la UNESCO distinguió en 2016 con su comité
patrimonial reunido en Estambul están, desde los edificios oficiales para la
ciudad que el suizo planificó en la India (Chandigarh, llamada a suplantar a la
Lahore y celebrar la independencia del país con el nuevo concepto de
ciudad-jardín), hasta una vivienda unifamiliar en el lejano sur.
La
mentada Casa Curutchet le fue encargada a Le Corbusier en 1948 por un médico
oriundo de Las Flores que había estudiado medicina en La Plata en la segunda
mitad de los años 20. Hacia el fin de la década Pedro Domingo Curutchet
se terminó doctorando en la UBA, porque la escuela de medicina de la
Universidad Nacional de La Plata no tenía aún el rango de facultad. El pedido
de una casa consultorio al maestro internacional, Curutchet lo hizo de puño y
letra a través de una carta que escribió en Lobería y que su hermana llevó a
París y le entregó en mano a Le Corbusier, en su estudio del 35 de la rue de
Sèvres.
Pedro
Domingo Curutchet se había destacado en la universidad con notas altas y una
atracción hacia la práctica quirúrgica que sus maestros celebraban con el clisé
de la contradicción: entre el festejo y el temor a la competencia.
De
estudiante, Curutchet ya era un melómano declarado, buen dibujante y amante de
las artes plásticas, un costado que pocos años más tarde lo hizo trabar una
amistad franca con Emilio
Petorutti, recién regresado de Europa
junto a Xul
Solar y muy comprometido en la
divulgación de las vanguardias plásticas del siglo XX. Tanto como para ser
nombrado primer director del Museo Provincial de Bellas Artes en la flamante y
moderna capital provincial; el museo hoy lleva su nombre.
| Pedro Curutchet. |
Pero a
poco de graduarse en Medicina, al salir desfavorecido en un concurso académico
cuyo resultado entendió fraudulento, Curutchet decidió marcharse al medio en el
que había nacido: un pueblo bonaerense. No fue Las Flores sino Lobería donde se
radicó en 1929 para ocuparse de la típica enfermedad rural de la pampa: la
hidatidosis o equinococosis, provocada por el contacto con heces de animales
contaminadas con huevos de tenias, que se transmite a través del agua, los
alimentos sucios o la piel de los bichos. Hagan cuentas de los estragos que
habrá causado en el campo.
Es que
los quistes con las larvas de tenias se alojan en los órganos y pueden crecer
en el cuerpo durante años sin que aparezcan los síntomas. Avisan con nauseas,
dolores de cuerpo y abdomen. El tratamiento puede incluir cirugía, eliminación
de líquidos de los quistes y medicamentos. A ese combate le entregó su vida
Pedro Curutchet. Para eso, además de sus conocimientos de medicina se valió de
su habilidad manual y su interés por el diseño, sin duda un homo faber con
marcada vocación de proyectista, que lo llevó a diseñar y fabricar él mismo,
con asistencia de herreros y relojeros de Lobería, su instrumental quirúrgico.
Pero no sólo eso: creó un nuevo sistema instrumental anatómico y además, como
tituló uno de sus ocho libros, un nuevo arte de operar.
El
sistema aximanual, que termina con el sistema que aprisiona los dedos en las
tijeras (el usado en la peluquería o corte y confección), permite una costura
lateral y el uso ambidiestro. ¡Bingo para los cirujanos zurdos! “Técnica axial,
axiryhtmia: simplicidad, sinergia, simetría, funcionalidad rítmica y relajada,
que permite una periodicidad natural e ininterrumpida, donde las dos manos
pueden trabajar al mismo nivel tecnológico”, promocionaba Curutchet su técnica
en el libro Cirugía
aximanual / tecnología e historia, que por
supuesto tradujo al inglés como la mayoría de su libros.
| Diferentes libros publicados por Curutchet. |
Sin duda,
1929 había sido un año desgraciado para Curutchet. La sospecha de fraude en
aquel episodio académico, le plantó un golpe cuyos ecos regurgitaría con
amargura toda su vida. El concurso para Jefe de Trabajos Prácticos en
Operatoria de la UBA que desmoralizó a Curutchet, lo ganó un cirujano que había
sido profesor suyo en La Plata y con quien, años más tarde, terminaría trabando
una amistad cultural: el muy reputado Federico E.B Christmann,
a la sazón abuelo del prestigioso cirujano platense Federico Deschamps
quien, muchas décadas después, ya a fin de los años 80, le alquiló a Curutchet
su fabulosa casa desocupada para albergar la Fundación Christmann.
Sin
saberlo, con este proyecto Deschamps daría lugar al germen de dos películas
simbólicas de la cinematografía argentina contemporánea: El hombre de al lado
(2009), dirigida por Mariano
Kohn y Gastón Duprat,
y La obra secreta
(2018), dirigida por Graciela
Taquini, ambas guionadas por el
arquitecto Andrés
Duprat, director del Museo Nacional de
Bellas Artes. Es que, mientras se preparaban las obras de reparación,
Christmann le prestó esta nave insignia del movimiento moderno a su cuñado
menor, Eduardo
Bretal, para que pudiera reunirse con
sus compañeros de estudios de toda la carrera para terminar la entrega final.
Entre esos compañeros, estaba Andrés Duprat.
Pero
volvamos a 1929. Jamás hubiera podido saber Curutchet que mientras él decidía
emprender su trayecto higienista en un pueblo de la pampa atlántica, Le Corbusier
estaba arribando a la Argentina por barco y quedaba tan impactado por el llano
continuo entre río y horizonte, que acuñó una imagen famosa “la horizontal
insignie”. Por una tarde de aquella visita, Le Corbusier se tomó el tren a La
Plata: estaba en el país promocionando los CIAM (Congreso Internacional de
Arquitectura Moderna) y no podía dejar de conocer esa innovadora capital, el
primer experimento urbano en el mundo de una ciudad prediseñada. Según los
dibujos del breve paseo que hizo el Corbu, entre otras cosas le impactaron las
calles desembocando en plazas y “un delicioso cilindro: un tanque de agua sobre
la terraza de una casa”, detalla el Corbu en su libro Precisiones respecto de un estado actual de la
arquitectura y el urbanismo.
| Cirugía Santiago Lahore, 24 noviembre 1976 (2) |
Así aquel
año, 1929, el médico de Las Flores se casó con Alcira García Romero,
del mismo pueblo. Tuvieron dos hijas: Leonor Amalia y Alcira del Carmen, ambas
nacidas en La Plata, en 1932 y 1934, aunque la familia ya estaba instalada en
Lobería, según consigna la biografía de Eliana Segovia,
museóloga de esa localidad. “Fue la vida en el pueblo la que le permitió
cultivar pasatiempos. Como la música clásica y del cuidado de sus hijas, de la
naturaleza y de la equitación. De igual modo, profundizar el estudio sobre
quistes hidatídicos pulmonares y pensar la forma de mejorar sus instrumentos de
cirugía”, señala el texto que integró la muestra virtual el día 4, por los 120
años de Curutchet.
Sobre la
cirugía “aximanual”, tecnología y técnica del arte operatorio. Según él, tuvo
que crear la palabra para significar que los instrumentos quirúrgicos debían
alinearse en el eje longitudinal de la mano a fin de que apuntaran hacia
adelante, como el cuchillo y el tenedor. La dirección contraria, es decir,
cruzada al eje longitudinal de la mano, corresponde llamarla crucimanual; así
se cruzan el martillo y los instrumentos de anillos que apuntan hacia el
costado. Consideraba que la cirugía era un arte aximanual para instrumentos que
apuntan hacia adelante, pero se operaba con instrumentos crucimanuales, de
puntas al costado.
| Instrumentos de Curutchet, en el Museo de Lobería. |
“Ésta
falla esencial de la cirugía de todos los tiempos, que pasó inadvertida a los
más ilustres cirujanos, tuvo la gloria, modesta pero legítima, de haber sido
descubierta y corregida por alguien que está aquí, a solo
Desde su
pueblo adoptivo, el Museo Histórico de la Lobería Grande lo homenajea con una
producción impulsada por su museóloga Eliana Noelia Segovia quien, además de
promover una historiografía muy dinámica, se compromete con la estela
biográfica de las personas que han hecho en el pueblo para ir tejiendo con los
mismos habitantes la trama de la historia local.
“Daba
gusto verlo trabajar, muy hábil. Me contó el Dr. Jorge Rossi,
yo no llegué a verlo. Para operar con anestesia local una vesícula… además de
muy hábil, tiene que ser alguien muy tranquilo y que le transmita esa paciencia
al paciente: hoy en día no hay nadie que pueda hacer eso”, detalló el cirujano Horacio Cherencio,
propietario en Lobería de una suerte de museo galpón impecable donde se cruzan
sus dos pasiones quirúrgicas: los autos y la medicina. Allí, por encima de
cupés Fiat perfectamente actualizadas, Cherencio mantiene un entrepiso con la
historia quirúrgica de Lobería donde, por supuesto, Curutchet tiene el espacio
mayoritario. Están su instrumental, sus cajas de vendas, los químicos que
usaba, sus lentes de aumento y estetoscopio.
| Apuntes de Curutchet. |
Los
testimonios sobre el Dr. Curutchet abundan en el pueblo: no hay quien no tenga
para contar la operación de algún familiar con anestesia local -sea de
apendicitis o alguna otra dolencia menor-, a quienes Curutchet mandaba a la
casa caminando. Las aguas se dividen entre “era un genio” y “era un loco”. El
abono para esta última versión era que, a veces, Curutchet deambulaba en
pijama.
Cuentan
también en Lobería que el 24 de noviembre de 1976 el Dr. Joel Marck Noé
(1943 -1991), profesor de Harvard, llegó al pueblo para ver ejecutar en el
quirófano del Hospital Municipal Gaspar Martín Campos la técnica de Curutchet
con su instrumental aximanual en una cirugía de próstata con anestesia local.
El norteamericano expresó entonces “lo que vi es suficiente para afirmar que se
acaba de inaugurar para la cirugía una nueva era, la tecnología”.
Era la
primera vez que Curutchet pisaba el nosocomio municipal pues, convencido de que
la técnica era más importante que la asepsia, las prácticas quirúrgicas las
realizaba en su consultorio, en el domicilio de sus pacientes o en la pieza de
un hotel. Recuerda el Dr. Matías Martín,
director del Centro de Salud en aquel entonces que mucho antes de obtener el
título colaboró con él y que, efectivamente, cualquier sitio se convertía en
quirófano. “Cubría el cielo raso de la habitación con una sábana, colocaba una
camilla portátil que trasladaba en un Chevrolet 42 y realizaba la cirugía. A mi
hermano lo operó en su consultorio, lo puso de costado, le aplicó anestesia
local, le extirpó el apéndice y lo mandó a su casa”.
Cuenta Eliana Segovia
en la biografía de Curutchet que “durante la visita de Noé el traductor entre los
eminentes cirujanos fue el médico Jorge Rossi, quien evoca con admiración la
delicadeza técnica, el brillante conocimiento de la anatomía que poseía
Curutchet y hace hincapié en el carácter de su colega con un guiño a la célebre
cita ‘Yo soy yo y mi circunstancia; si no la salvo a ella, no me salvo yo’ que
lo pinta. Solitario, arrogante y vanidoso. Es de presumir que su temperamento
fue motivo más que sobrado para que su técnica e instrumental aximanual no se
difundiera”.
Desde el
enclave al que se retiró en 1929, iba y venía a La Plata, sobre todo a
funciones del Teatro Argentino y muestras del Museo Provincial. Y en 1948 pensó
en encargarle esa casa a Le Corbusier. La aventura cultural tuvo tantas
direcciones de obra como idas y vueltas y decepciones.
A una
construcción compleja en la que fue fundamental la figura de Amancio Williams
como intérprete de Le Corbusier -así titula su obra monumental el especialista Daniel Merro Johnston: El autor y el
intérprete. Le Corbusier y Amancio Williams en la Casa Curutchet-,
se sumaron problemas económicos y tensiones que hicieron cambiar tres veces la
dirección de la obra. Todo este proceso demoró la terminación de la casa hasta
pasado el 1953. La familia se mudó entre 1954 y 1955 (aquí el desacuerdo entre
las fechas que aporta otro libro fundamental y maravilloso como es La red austral / obras y proyectos de Le
Corbusier y sus discípulos en la Argentina,
de Pancho Liernur
con Pablo
Pschepiurca).
Entre las
decepciones, la casa-consultorio que ¿desafiaba? desde un borde del bosque al
Instituto Médico Platense que había fundado Christmann con otros colegas, era
más luminosa que lo previsto: Los Curutchet se vieron obligados a plantar un
álamo que trajera sombra. Eligieron la variedad “Mussolini” a pesar del sentir anti
nacionalista de Curutchet, que también lo mantenía lejos del peronismo.
| Casa Curutchet (Mario Chierico). |
La casa
de la Avenida 53 Nº 320, entre 1 y 2, es reflejo directo de la materialización
de cada uno de los cinco puntos de la nueva arquitectura que promovió Le
Corbusier. Además, se considera como la evidencia construida del vínculo que
estableció el maestro suizo con Argentina, manifestado en toda la
correspondencia que mantuvo con Amancio Williams pero también con Victoria Ocampo y
luego, con sus discípulos del Grupo Austral: Antonio Bonet, Juan Kurchan y
Jorge Ferrari.
En el
homenaje de su pueblo adoptivo puede leerse que en 1978 Curutchet escribió:
“Soy un investigador que en su larga vida jamás tuvo ayuda económica para la
onerosa tarea vocacional de toda una vida; y no pidió nunca esa ayuda, ni la
pedirá, ni la aceptará”. A sus 84 años, en un epitafio a su frustrada carrera
en el país, se describió como un cirujano de un modesto pueblo rural como
resultado de los fraudes en los concursos, determinantes para su ostracismo
definitivo en Lobería y reconoció que, su tecnología quirúrgica y la invención
de formas instrumentales revolucionarias se salvaban al ser reivindicadas por
ilustres científicos fuera del país.
Al final
de su vida fue atendido por el Dr. Herminio Torres.
Falleció en Lobería el 5 de julio de
“Es éste
nuestro homenaje al hombre que defendió la libertad y la dignidad profesional,
al que se exilió tierra adentro y alternó la cirugía con la investigación
instrumental, a su ingenio y creatividad puesta al servicio de la ciencia y la
tecnología a solo
Lo cierto
es que, aventura arquitectónica estelar mediante, Curutchet volvió a ese pueblo
marítimo que lo había cobijado. La casa gesta frente al bosque de La Plata
podrá no haber sanado la herida que le provocó no integrar la academia. Pero se
convirtió en un tesoro para la humanidad, que no deja de susurrar su nombre.
Por Carolina Muzi – infobae.
*Casa Curutchet - Le Corbusier
La Casa
Curutchet, diseñada por el famoso arquitecto suizo-francés Le Corbusier, es una
obra maestra de la arquitectura moderna ubicada en La Plata, Argentina.
Construida entre 1949 y 1953, la casa es un ejemplo destacado de los principios
arquitectónicos de Le Corbusier, que incluyen la integración de la naturaleza,
el uso de pilotes para elevar la estructura, y un diseño que promueve la
circulación y la funcionalidad.
La casa
fue comisionada por el Dr. Pedro Domingo Curutchet, un médico que deseaba tener
una residencia y consultorio combinados. La estructura se caracteriza por su
fachada de brise-soleil, una rampa que conecta los diferentes niveles, y una
terraza jardín que proporciona un espacio verde en medio del entorno urbano.
En 2016,
la Casa Curutchet fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO,
reconociéndola como una de las diecisiete obras arquitectónicas más
representativas de Le Corbusier. Este edificio no solo es un ejemplo destacado
del estilo internacional, sino que también refleja la capacidad del arquitecto
para adaptar sus ideas a un contexto específico.
Acompáñanos
en este recorrido por la Casa Curutchet y descubre los detalles y la innovación
que hacen de este lugar un ícono de la arquitectura moderna.
*DZero Arquitectura 360.
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