412 faroles a kerosén en 1888: el reclamo de una mejor iluminación pública
Corría julio de 1888 cuando las páginas del diario local La Discusión encendían las alarmas sobre una problemática urbana que, a día de hoy, resuena con una familiaridad sorprendente: la expansión del alumbrado público frente al vertiginoso crecimiento demográfico de la ciudad. En aquel invierno de finales del siglo XIX, un Gualeguay que apenas contaba con 1.527 edificaciones —entre las que se contabilizaban de manera oficial los ranchos y casas de techo de paja— dependía de un precario sistema de 412 faroles a keroseno para alumbrar sus cuatro cuarteles principales. El reclamo editorial de la época era tajante: las afueras del centro se convertían en "tinieblas perpetuas" al caer el sol, transformando las calles en laberintos peligrosos para la seguridad de los vecinos. El artículo: La crónica, literalmente, señalaba lo siguiente: “Cada día siéntese más la necesidad de ensanchar en nuestro municipio el rádio del alumbrado público. A medida que la poblacion aumenta y la...