Camillitas de Gualeguay
![]() |
| Fotografía obtenida en el año 2010, aproximadamente. |
La
fecha del 7 de noviembre fue elegida para conmemorar el Día del Canillita en
honor a la muerte de Florencio Sánchez, como una forma de rendir tributo a su
legado y a los trabajadores que, día tras día, mantienen viva la tradición de
la prensa callejera.
Nuestra ciudad cuanta con la edición de diarios desde, al menos, el último cuarto del siglo XIX, y hasta la actualidad se han puesto en marcha unos 50 periódicos, semanarios, quincenarios, y algunas revistas. De esa cantidad aproximada se deduce que se requirió la mano de obra de cientos de canillitas a través del tiempo.
En este sentido, recordamos a algunos de los numerosos canillitas de Gualeguay, en especial los que se desempeñaron en los últimos 40 años, aproximadamente, que marcaron época, entre ellos: José “Pepe” Otero, Carlos “Pata” Gómez Vuoto, Daniel Vuoto, Hugo Ibarra, Gustavo Ibarra, "Peruca" Benítez, Jorge Altamirano, Nilda Wendler, Miguel Sobradelo, “Negro” Ibarra, Andrea Cejas, Oscar Fumaneri, Rita Cafré Bur, Sergio Ibarra, Lisandro Velázquez, María José Otero, Raúl “Gringo” Martínez, Guillermo Saavedra, Leonardo Franco, Edgardo Denoni, Roberto Piaggio, Ángel Taborda “Tabordita”, Daniel Zubillaga, Silvio Valdez, Antonio Daniel Correa, Marcelo Curutchet, Luján Velázquez, Leonardo Etchevert, Daniel Chapinal, Daniel Telma, Marcelo Valdez, Oscar Godoy, Darío Báez, Virgilio Reynoso, Dante Pedrozza (Larroque), Alfieri, Abel Cejas, Mario Aguirre, entre otros.
Fallecidos: Marcelo Reynoso, Fabio Duarte, Fernando Gálligo, Eva Sosa, Raúl “Borrachera” Vuoto, Luis “Manya” Aguilar, Cándido Farías “el canillita cantor”, Alberto Arnaudín, Julio Moreira, Emilio Piaggio, Carlos “El Loco” Carbone, Don Rubino, Don Colazo, hermanos Martínez, Ubaldo Arnaudín, entre otros.
Daniel Darío Vuoto: “Soy canillita desde
que nací”
El término se originó en el latín canella, que significa caña, por la forma de las piernas de los niños que andaban en bicicleta repartiendo. La figura del canillita se convirtió en un símbolo de la vida urbana en el Río de la Plata. En nuestra ciudad no fue una excepción, y en nuestro diario mucho menos. Una de las figuras emblemáticas del Debate Pregón es la fotografía del primer canillita, que Antonio Castro inmortalizó en un cuadro que embellece nuestra redacción. Una de las instituciones dentro de los canillitas, y alguien que empezó desde muy pequeño haciendo honor al apodo, es Daniel Darío Vuoto, quien conversó con nosotros para evocar aquellos tiempos.
“Había que buscarlos en Carbó”
“Soy
canillita desde que nací porque mi padre ya tenía reparto, y yo empecé a
trabajar acá a los 7 años. Hace setenta años seguro. Los diarios en esa época
venían por tren a veces y por ahí se demoraban. Llegaban a las diez de la
noche, a veces a las ocho o a las nueve. Había que buscarlos en Carbó porque
venían por ferrocarril. En aquel tiempo no había micro, todavía. Iba uno a
Carbó y nos traía todo. El responsable en ese tiempo era Colazo, el
distribuidor. Él los iba a buscar, los traía y los entregaba acá en Gualeguay.
Frente al correo, así era en la época que yo empecé”, recuerda.
“Por ahí se atrasaba”
Eso
medios de comunicación tenían sus complicaciones: “Traía todos los diarios:
Nación, Clarín, La Prensa, que ahora sale pero muy poco. Todos los diarios que
están saliendo. Las revistas venían semanales y era más fácil, pero los diarios
eran más difíciles porque por ahí el tren se atrasaba, venía el otro día a la
mañana y lo entregaban. No existía la comunicación que hay ahora entre
celulares, radio y televisión. Nosotros íbamos en bicicleta a buscarlo acá a
Gualeguay. Cuando empecé a ir a lo de Colazo, frente a donde ahora está el
correo. Después se dio vuelta y hasta que ahora se maneja en dos partes: Clarín
por un lado y La Nación por otro”, comenta y sigue: “En aquel tiempo seríamos
seis o siete canillitas nomás. No había tantos quioscos de diarios y revistas.
Éramos pocos. Y en el recuerdo de aquellos años tengo al Loco Carbone, Carlos
Carbone, que le decíamos El loco. Don Rubino ahí en la calle San Antonio.
Después Don Colazo. Unos muchachos Martínez que vivían por el Barrio 25. Éramos
seis o siete los que distribuíamos al diario”, precisa.
Los cambios tecnológicos
Quisimos
saber de qué manera influyeron las nuevas tecnologías: “Algo se ha perdido,
pero no tanto. Ahora se venden muchos más diarios que antes ya que la población
se ha agregado, ha aumentado. Pero en proporción no. Teníamos una proporción de
diarios mucho mayor. En especial el de los domingos. Al principio, mejoró, pero
ahora, en este momento está difícil por lo que ha subido el costo. Es caro. Acá
los diarios de Buenos Aires no vienen el lunes, el miércoles y el jueves porque
tenemos que ir a buscarlo a Buenos Aires y no nos da el costo. Entonces
aumentaron mucho. En su momento, tenía 190 fijos del diario Clarín, por
ejemplo, los domingos; y ahora vendo 50. Un desastre cómo ha bajado. Pero
también va en el precio, en la situación económica de la gente”, se lamenta.
“La gente grande lo sigue pidiendo, el club, el bar. Un día o dos días por
semana. Ahora los precios de los diarios de Buenos Aires están muy elevados,
pero ¿qué vas a hacer?”.
La esquina frente a El Aguila
Sus
comienzos fueron en un lugar emblemático que todavía sigue en pie, frente a lo
que hoy es la heladería siete colinas: “Cuando empezamos estaba mi padre, y le
dieron el kiosco de la esquina. El primer kiosco que hubo en la Plaza
Constitución. Era el kiosco de enfrente a la vieja Confitería El Águila. Y ahí
está todavía, pero lo que pasa es que cuando llegó un problema no comercial,
sino un problema político, por ahí nos quedamos sin el kiosco. Era un clásico.
Estaba el bar, el boliche, la vieja confitería. Te cruzabas, te comprabas el diario,
ibas a tomar un café. Y el Jockey Club que estaba siempre presente también. Y
yo empecé a repartir solo ya a los diez, doce años. A los siete venía acá a la
esquina, donde teníamos dos tablitas. Después mi padre pidió un espacio pero
había un problema político. Hasta que un día nos dieron. Pero después nos
sacaron. Era el clásico ese lugar. Al principio, estábamos ahí y no teníamos
nada. Si se largaba a llover, nos íbamos en frente al Águila, a la confitería”,
evoca. El mal tiempo podía complicar todo: “Siempre estaba el que se levantaba
a la madrugada y ya tenía el diario abajo de la puerta. Por ahí venía el
cliente, y si no tenía el diario abajo de la puerta. El problema era cuando
llovía, que no se podía echar por ningún lado. Tuvimos muchas cosas buenas y
muchas cosas malas también en los repartos. Cuando llovía era un desastre,
terminabas mojado entero. Acá trabajábamos mi padre y repartía yo. También
estaba mi hermano Raúl Oscar, que falleció. Osvaldo era muy chiquito, el otro
más chico. A veces me ayudaba también Pata más que nada cuando viajaba”,
explica.
“Una clientela magistrada”
Vuoto
recuerda los tiempos de antes, y también se encarga de agradecer a las personas
que lo han acompañado siempre: “El día del canillita ha sido un día de festejo
permanente. Antes lo festejábamos mucho más, me parece. Ahora hay menos gente.
Por supuesto quiero agradecer a toda la clientela que me ha mantenido y siempre
hemos tratado de serles fiel. Llevarles lo más temprano posible el diario. Y
así es que hemos tenido, hemos hecho una clientela magistrada. Muchísimo
tiempo”, cierra.
(Fuente: El Debate - Pregón).


Comments
Post a Comment